lunes, 7 de agosto de 2017

En la España de los cuarenta y pico grados, procuro escribir de recuerdos de novelas para matar el tiempo de calor que va de las tres a las siete de la tarde. Aúlla el viento y dicen que mañana martes van a bajar las temperaturas. Recientemente, me leí "La voluntad" de Azorín. Son una serie de diálogos en los que Azorín y su mentor en Yecla, Yuste, repasan la vida cultural, religiosa, espiritual de España. España estaba atrasada en los pueblos que vivían pendientes de los oficios religiosos. Azorín, luego, va a Madrid a intentar triunfar como periodista y escribe y escribe un montón de artículos. Me gustó cuando Azorín va a Getafe a visitar a un jesuita que llevaba un colegio en Yecla y cómo este hombre está de los nervios allí en Getafe. Y cómo transita la vida en Madrid, tan rápido para un hombre de pueblo y cómo pasa necesidad el autor en Madrid y la amistad que tiene con Pío Baroja y cómo se casa con Iluminada. Y la vida de la monja que al fin muere. Qué tiempos, qué modo de vida. Puedo comparar esta novela con "El árbol de la ciencia" de Baroja. Qué falta de creencia en la vida hay en las dos novelas. Qué via crucis la del médico que quiere seguir una vocación en aquel tiempo de crisis. Pero es que los del 98 fueron muy pesimistas. Yo creo que no reflejaron la vida tal como fue sino su visión del mundo pesimista. La que no me he leído es "Paz en la guerra" de Unamuno y no sé si es también de corte pesimista.

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