miércoles, 5 de abril de 2017

Cuando me levanto, leo las noticias y me doy cuenta de lo mal que va el mundo. A todo el orden posible que hay precisamente en el mundo se lo suele llamar sistema. Sistema es parecido a otra palabra: estructura. Las dos implican un orden de unas partes que coinciden en un total armónico. Pero, en la sociedad actual, ¿hay tal sistema o tal estructura de partes que den un total armónico? Yo creo que no. Todo el conjunto de cosas que pasan en el mundo obedecen a unos intereses arbitrarios, a unas pasiones primarias y abyectas, a una falta de solidaridad terrible y en suma, a un desorden moral que hace que cada paso que da la historia sea en un sentido equivocado. Y cada vez vamos a peor. Los jóvenes ya ni trabajan ni estudian, no tienen plan de futuro más que para ir a comprar una cocacola. La vida se vuelve incómoda, sin amigos, sin apoyos familiares. Cada uno va a su bola (esta expresión se repite tan a menudo que parece la consigna a seguir). El mundo parece hecho de locos para locos, sin ninguna doctrina ni ley ni moral que seguir.
Pero hay datos para la esperanza pues parece que hemos cobrado conciencia del ecosistema que representa la tierra entera y que hemos de cuidar, hemos sabido dar una respuesta a los refugiados de las guerras como hemos podido (ya no se habla tanto de los refugiados), hemos hecho algunos avances. Si la vida del ser humano se rigiera por el bien hacer y el bien obrar, se le podría llamar sistema a este mundo loco en el que estamos envueltos como con una manta llena de mierda.

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