lunes, 17 de abril de 2017

Hago otro intento de dejar de fumar. A la una del mediodía no he fumado ni un cigarrillo. Me sudan las manos. Estoy un pelín ansioso pero por ahora aguanto sin fumar. Esta mañana, a las ocho, en la cama, me ha dado un dolor de garganta muy fuerte. Dura ese recuerdo del dolor en mi mente para ayudarme a no fumar.
Espero que este intento me lleve a no fumar en todo el día, cosa  que no consigo en mucho tiempo.
Por otro lado ya se ha acabado la semana santa. Una escritora se queja de que un dirigente haya querido poner las banderas a media asta. Bueno. Dice esta escritora que ella, como republicana que es, ha celebrado su 14 de abril; o sea la proclamación de la II república española. Cada uno tiene sus mitos en esta vida, eso es incontrovertible.
Bueno, la vida va pasando y deseamos hacer mejoras en ella y quizás lo que hacemos es ir tropezando y tropezando hasta la caída final. Bueno, quizás haya personas con muchos altos ideales pero que de nada sirven para vivir la vida diaria.
Yo voy a ver si no fumo en una semana y me olvido de este miedo a que me dé algo, a esta obstrucción respiratoria y a este sinvivir que es estar todo el raro pensando que el tabaco me va a matar.
Me voy a beber una cerveza sin alcohol para moderar esa ansia que me agota y luego voy a comer. Ya he leído la prensa. Por ahora, Trump no ha respondido a Corea.

lunes, 10 de abril de 2017

La economía es una cadena, dice mi hermano. Si nosotros, los del primer mundo, comemos y disfrutamos de un techo es porque en el tercer mundo hay gente pasando hambre. Dice la canción: piénsalo dos veces: es otro día para ti y para mí en el paraíso.
A veces vivir en el paraíso es muy aburrido, tienes de todo menos una diversión que te saque del marasmo en el que te encuentras. Pero otros ni siquiera tienen qué llevarse a la boca.
Una persona que tiene todos los medios materiales para ser feliz puede no ser feliz y otra que no tiene casi nada puede ser feliz. He ahí la paradoja.
Estos días de vacaciones, muchos se han ido a la playa dando envidia a los que se quedan en sus sitios habituales. Va a haber 15 millones de desplazamientos. Parece que la población se despereza de una situación de crisis. Ya todos podemos darnos el lujo de dejar Madrid vacío en Semana Santa.
Yo me iré al pueblo, donde la situación es bastante triste. Como se suele decir, no hay ambiente allí. Me llevaré lectura para acabarla antes de que se me acabe la fecha de entrega. Son dos libros: "La máscara de Africa" de Naipaul y "La historia del llanto" de Alan Pauls.
El hombre que vive en un pequeño retiro espiritual vive feliz. El hombre que va con la masa a todas partes, es feliz solo a ratos, solo cuando está con esa masa que vive momentos felices. En la soledad, esa persona se siente triste.
Disfrutemos de nuestro paraíso imperfecto mientras los que están en la calle puedan salir de ella alguna vez y recuperarse.





domingo, 9 de abril de 2017

En las noticias que leo en la prensa, todo se va configurando de algún modo para que la situación sea estable. Es como una partida de ajedrez en la que un jugador ha hecho un par de movimientos raros que no se entendían pero que, en el transcurso de la partida, el jugador lo arregla de algún modo para que la misma partida parezca ortodoxa y fiable. Así, ya se van a tomar en cuenta las medidas del "Brexit" que parece que no era tan grave como parecía y, además, cuando pasen unos meses, ya la gente estará en otras cosas.
Trump parece que ya es presidente y se ha definido por medio de unos misiles contra un ataque químico. Ya ha reaccionado, ya se ha posicionado, ya es un presidente que se encamina a algún lado.
Estas dos protuberancias políticas (elección de Trump y Brexit) han dado mucho que hablar y que escribir por un tiempo por su novedad e indecisión pero en un sistema, cuando un elemento es extraño, cuando pasa algún tiempo, ese mismo elemento recompone la estructura de nuevo y crea un nuevo sistema en que la cotidianidad pueda volver a darse sin ningún problema.
Y así vamos. Que nada nuevo es inmensamente tan nuevo que no pueda entrar en las coordenadas de lo normal y que nada nuevo dura mil años sino muy poco en las entendederas de la gente.

jueves, 6 de abril de 2017

Mis escritos me producen pereza. Cuando empecé a escribirlos, un entusiasmo por la historia que estaba contando me llevaba a rellenar páginas y páginas con la euforia de lo que está por acontecer y la novedad de lo que ocurría ante mis narices. Pero los buenos toreros (y los buenos escritores) son los que saben rematar la faena; o sea, acabar lo empezado. Hay historias que se me han quedado cojas porque se me acababa el material narrativo: el personaje no tenía ya adónde ir o qué hacer. ¿Lo mataba? Una salida fácil. ¿Seguía escribiendo ocurrencias de él? Un medio de complicarme la vida y no acabar nunca.
Cuentos tengo que han quedado archivados sin un fin. Novela tengo que no he desarrollado felizmente y ha quedado desestructurada: partes largas y partes cortas que no tienen un sentido único.
Quizás este verano venza la pereza y me dedique a rematar historias de algún modo convincente. No en vano, llegaremos a los cuarenta grados así que me compraré un ventilador y empezaré a rastrear historias inconclusas para que no se queden cojas en el archivo de mi penuria literaria.
Julio y agosto van a ser testigos de finales de historias que yo quiero sorprendentes y no lo van a ser: simplemente, la historia concluirá y dejará de chirriar en los archivos.


Algo hay que hacer para que no nos ocurran cosas.


miércoles, 5 de abril de 2017

Estos días estoy como volado; es decir, que mi mente está dispersa, la disciplina de las horas ocupadas no me conducen la vida. Vagabundeo por la ciudad sin ningún sentido. Me concentro en los kioskos de la lotería dejando pasar el tiempo. Las calles parecen que vuelan porque no sujetan mi vida que antes tenía un orden. No sé cuánto durará este estado de mi conciencia pero si dura mucho perderé cualquier anclaje con la realidad de las horas.
No es preocupante pero si no me ajusto a mis escritos y mis lecturas perderé cuanto tengo de certidumbre en el tiempo que pasa.
Cada uno busca la manera de pasar el día pero si yo paso el día fumando, dando paseos vanos y charlando con el lotero me veo inmerso en un mundo que no tiene fin, que no tiene límites precisos a mi pensamiento ni a mi actuar en las veinticuatro horas que tiene el día.
Tengo una novela por acabar, tengo otra en mente y tengo un manuscrito para pasar a ordenador. Además, tengo otra historia frustrada que puede ser un relato corto pero no tengo ganas de hacer nada.
Las musas no me asisten, las horas pasan como al que pasea por el mar que se obnubila con las olas. La tristeza, en forma de desesperanza, acude a mi alma y la hace vulnerable y fea.

Espero que haya algo que me haga activar mi mente de algún modo porque si no, me voy a desesperar del todo.

El abandono propio de las personas distraídas no consigue más que desorden y desesperación en la vida.


Cuando me levanto, leo las noticias y me doy cuenta de lo mal que va el mundo. A todo el orden posible que hay precisamente en el mundo se lo suele llamar sistema. Sistema es parecido a otra palabra: estructura. Las dos implican un orden de unas partes que coinciden en un total armónico. Pero, en la sociedad actual, ¿hay tal sistema o tal estructura de partes que den un total armónico? Yo creo que no. Todo el conjunto de cosas que pasan en el mundo obedecen a unos intereses arbitrarios, a unas pasiones primarias y abyectas, a una falta de solidaridad terrible y en suma, a un desorden moral que hace que cada paso que da la historia sea en un sentido equivocado. Y cada vez vamos a peor. Los jóvenes ya ni trabajan ni estudian, no tienen plan de futuro más que para ir a comprar una cocacola. La vida se vuelve incómoda, sin amigos, sin apoyos familiares. Cada uno va a su bola (esta expresión se repite tan a menudo que parece la consigna a seguir). El mundo parece hecho de locos para locos, sin ninguna doctrina ni ley ni moral que seguir.
Pero hay datos para la esperanza pues parece que hemos cobrado conciencia del ecosistema que representa la tierra entera y que hemos de cuidar, hemos sabido dar una respuesta a los refugiados de las guerras como hemos podido (ya no se habla tanto de los refugiados), hemos hecho algunos avances. Si la vida del ser humano se rigiera por el bien hacer y el bien obrar, se le podría llamar sistema a este mundo loco en el que estamos envueltos como con una manta llena de mierda.

lunes, 3 de abril de 2017

Me estoy leyendo "Una pareja de escritores" de Raimond Chandler. Es una cruda realidad. Los escritores nos empeñamos en ser escritores pero no sabemos dónde vamos o no confiamos en lo que escribimos. Somos una ingente legión los escritores y a todos se nos ocurren cosas que no tienen mucho valor. Como dice el protagonista del libro ese: " todo lo que he escrito lo tiraría a la basura un escritor de verdad". Pero bueno, no vamos a tirar la toalla y seguiremos intentándolo. Hasta que nos salga la obra definitiva, valorada en un concurso o por una editorial. Es triste la vida del escritor, es muy solitaria, es muy frustrante. Últimamente, yo no he escrito ni una línea en una semana y mi mente se ha quedado atorada para imaginar nada. Siento que un día, nada se me ocurrirá, no habrá motivo alguno para escribir. O quizás no. Quizás escribir sea como montar en bicicleta y seguiré empeñado en trazar historias en un papel.
Por lo demás, al leer las noticias, filósofos agoreros dicen que el futuro es una pesadilla y padres dicen que sus hijos serán más pobres que ellos en ese futuro. Pero la alegría de vivir siempre existirá, habrá gente siempre ávida de acumular experiencias de todo tipo.
La mañana está fresca y la gente anda preocupada por sus hijos, por la compra, por hacer la comida, por echar un polvo después de comer.
Yo estoy preocupado por muy pocas cosas. Mi futuro de hoy tiene muy poco relieve, es como una bola que va rodando, rodando y no  sabe dónde parará.

El futuro, eso que nadie ha visto.


domingo, 2 de abril de 2017

Nos vamos refugiando en lo que queda. El otro día oí decir en una cadena de radio religiosa que vivimos el poscristianismo. O sea, que el ser cristiano ha pasado de moda. A la gente le incomoda que todo vaya pasando de moda porque se queda sin nada a lo que agarrarse. Si de joven vivió una familia más o menos extensa y ahora vive sola, la persona nota un cambio brusco que le angustia. Si antes había un fervor religioso y ahora no lo hay pues le pasa lo mismo. Y si ahora se oyen noticias de crímenes y de políticos abyectos, la persona en cuestión no sabe ya que hacer o a quién votar. A lo mejor se compra un perrito para tener algo de certidumbre en la vida. Un poco de fidelidad a la que agarrarse, aunque sea animal.
Y así esa persona se va haciendo vieja y le pasa como al protagonista de "El extranjero" de Camus, que no sabiendo qué hacer en este mundo, mata a un argelino que está en la playa y luego dice que no sabe qué es un crucifijo.
Y es que el mundo ha dado tantas vueltas que quizás solo espere la robotización o la llegada de un Mesías que aunque no anuncie el fin del mundo, anuncie otra desgracia parecida y la gente vea las orejas al lobo y vuelva a creer en los valores de la antigua Grecia o en los valores que expresó Jesucristo o Confucio que ahora se están muriendo por dejadez u olvido o porque las personas nos estamos convirtiendo en unas bestias.

No olvides lo que dijeron los que murieron por ti.