lunes, 17 de abril de 2017

Hago otro intento de dejar de fumar. A la una del mediodía no he fumado ni un cigarrillo. Me sudan las manos. Estoy un pelín ansioso pero por ahora aguanto sin fumar. Esta mañana, a las ocho, en la cama, me ha dado un dolor de garganta muy fuerte. Dura ese recuerdo del dolor en mi mente para ayudarme a no fumar.
Espero que este intento me lleve a no fumar en todo el día, cosa  que no consigo en mucho tiempo.
Por otro lado ya se ha acabado la semana santa. Una escritora se queja de que un dirigente haya querido poner las banderas a media asta. Bueno. Dice esta escritora que ella, como republicana que es, ha celebrado su 14 de abril; o sea la proclamación de la II república española. Cada uno tiene sus mitos en esta vida, eso es incontrovertible.
Bueno, la vida va pasando y deseamos hacer mejoras en ella y quizás lo que hacemos es ir tropezando y tropezando hasta la caída final. Bueno, quizás haya personas con muchos altos ideales pero que de nada sirven para vivir la vida diaria.
Yo voy a ver si no fumo en una semana y me olvido de este miedo a que me dé algo, a esta obstrucción respiratoria y a este sinvivir que es estar todo el raro pensando que el tabaco me va a matar.
Me voy a beber una cerveza sin alcohol para moderar esa ansia que me agota y luego voy a comer. Ya he leído la prensa. Por ahora, Trump no ha respondido a Corea.

lunes, 10 de abril de 2017

La economía es una cadena, dice mi hermano. Si nosotros, los del primer mundo, comemos y disfrutamos de un techo es porque en el tercer mundo hay gente pasando hambre. Dice la canción: piénsalo dos veces: es otro día para ti y para mí en el paraíso.
A veces vivir en el paraíso es muy aburrido, tienes de todo menos una diversión que te saque del marasmo en el que te encuentras. Pero otros ni siquiera tienen qué llevarse a la boca.
Una persona que tiene todos los medios materiales para ser feliz puede no ser feliz y otra que no tiene casi nada puede ser feliz. He ahí la paradoja.
Estos días de vacaciones, muchos se han ido a la playa dando envidia a los que se quedan en sus sitios habituales. Va a haber 15 millones de desplazamientos. Parece que la población se despereza de una situación de crisis. Ya todos podemos darnos el lujo de dejar Madrid vacío en Semana Santa.
Yo me iré al pueblo, donde la situación es bastante triste. Como se suele decir, no hay ambiente allí. Me llevaré lectura para acabarla antes de que se me acabe la fecha de entrega. Son dos libros: "La máscara de Africa" de Naipaul y "La historia del llanto" de Alan Pauls.
El hombre que vive en un pequeño retiro espiritual vive feliz. El hombre que va con la masa a todas partes, es feliz solo a ratos, solo cuando está con esa masa que vive momentos felices. En la soledad, esa persona se siente triste.
Disfrutemos de nuestro paraíso imperfecto mientras los que están en la calle puedan salir de ella alguna vez y recuperarse.





domingo, 9 de abril de 2017

En las noticias que leo en la prensa, todo se va configurando de algún modo para que la situación sea estable. Es como una partida de ajedrez en la que un jugador ha hecho un par de movimientos raros que no se entendían pero que, en el transcurso de la partida, el jugador lo arregla de algún modo para que la misma partida parezca ortodoxa y fiable. Así, ya se van a tomar en cuenta las medidas del "Brexit" que parece que no era tan grave como parecía y, además, cuando pasen unos meses, ya la gente estará en otras cosas.
Trump parece que ya es presidente y se ha definido por medio de unos misiles contra un ataque químico. Ya ha reaccionado, ya se ha posicionado, ya es un presidente que se encamina a algún lado.
Estas dos protuberancias políticas (elección de Trump y Brexit) han dado mucho que hablar y que escribir por un tiempo por su novedad e indecisión pero en un sistema, cuando un elemento es extraño, cuando pasa algún tiempo, ese mismo elemento recompone la estructura de nuevo y crea un nuevo sistema en que la cotidianidad pueda volver a darse sin ningún problema.
Y así vamos. Que nada nuevo es inmensamente tan nuevo que no pueda entrar en las coordenadas de lo normal y que nada nuevo dura mil años sino muy poco en las entendederas de la gente.

jueves, 6 de abril de 2017

Mis escritos me producen pereza. Cuando empecé a escribirlos, un entusiasmo por la historia que estaba contando me llevaba a rellenar páginas y páginas con la euforia de lo que está por acontecer y la novedad de lo que ocurría ante mis narices. Pero los buenos toreros (y los buenos escritores) son los que saben rematar la faena; o sea, acabar lo empezado. Hay historias que se me han quedado cojas porque se me acababa el material narrativo: el personaje no tenía ya adónde ir o qué hacer. ¿Lo mataba? Una salida fácil. ¿Seguía escribiendo ocurrencias de él? Un medio de complicarme la vida y no acabar nunca.
Cuentos tengo que han quedado archivados sin un fin. Novela tengo que no he desarrollado felizmente y ha quedado desestructurada: partes largas y partes cortas que no tienen un sentido único.
Quizás este verano venza la pereza y me dedique a rematar historias de algún modo convincente. No en vano, llegaremos a los cuarenta grados así que me compraré un ventilador y empezaré a rastrear historias inconclusas para que no se queden cojas en el archivo de mi penuria literaria.
Julio y agosto van a ser testigos de finales de historias que yo quiero sorprendentes y no lo van a ser: simplemente, la historia concluirá y dejará de chirriar en los archivos.


Algo hay que hacer para que no nos ocurran cosas.


miércoles, 5 de abril de 2017

Estos días estoy como volado; es decir, que mi mente está dispersa, la disciplina de las horas ocupadas no me conducen la vida. Vagabundeo por la ciudad sin ningún sentido. Me concentro en los kioskos de la lotería dejando pasar el tiempo. Las calles parecen que vuelan porque no sujetan mi vida que antes tenía un orden. No sé cuánto durará este estado de mi conciencia pero si dura mucho perderé cualquier anclaje con la realidad de las horas.
No es preocupante pero si no me ajusto a mis escritos y mis lecturas perderé cuanto tengo de certidumbre en el tiempo que pasa.
Cada uno busca la manera de pasar el día pero si yo paso el día fumando, dando paseos vanos y charlando con el lotero me veo inmerso en un mundo que no tiene fin, que no tiene límites precisos a mi pensamiento ni a mi actuar en las veinticuatro horas que tiene el día.
Tengo una novela por acabar, tengo otra en mente y tengo un manuscrito para pasar a ordenador. Además, tengo otra historia frustrada que puede ser un relato corto pero no tengo ganas de hacer nada.
Las musas no me asisten, las horas pasan como al que pasea por el mar que se obnubila con las olas. La tristeza, en forma de desesperanza, acude a mi alma y la hace vulnerable y fea.

Espero que haya algo que me haga activar mi mente de algún modo porque si no, me voy a desesperar del todo.

El abandono propio de las personas distraídas no consigue más que desorden y desesperación en la vida.


Cuando me levanto, leo las noticias y me doy cuenta de lo mal que va el mundo. A todo el orden posible que hay precisamente en el mundo se lo suele llamar sistema. Sistema es parecido a otra palabra: estructura. Las dos implican un orden de unas partes que coinciden en un total armónico. Pero, en la sociedad actual, ¿hay tal sistema o tal estructura de partes que den un total armónico? Yo creo que no. Todo el conjunto de cosas que pasan en el mundo obedecen a unos intereses arbitrarios, a unas pasiones primarias y abyectas, a una falta de solidaridad terrible y en suma, a un desorden moral que hace que cada paso que da la historia sea en un sentido equivocado. Y cada vez vamos a peor. Los jóvenes ya ni trabajan ni estudian, no tienen plan de futuro más que para ir a comprar una cocacola. La vida se vuelve incómoda, sin amigos, sin apoyos familiares. Cada uno va a su bola (esta expresión se repite tan a menudo que parece la consigna a seguir). El mundo parece hecho de locos para locos, sin ninguna doctrina ni ley ni moral que seguir.
Pero hay datos para la esperanza pues parece que hemos cobrado conciencia del ecosistema que representa la tierra entera y que hemos de cuidar, hemos sabido dar una respuesta a los refugiados de las guerras como hemos podido (ya no se habla tanto de los refugiados), hemos hecho algunos avances. Si la vida del ser humano se rigiera por el bien hacer y el bien obrar, se le podría llamar sistema a este mundo loco en el que estamos envueltos como con una manta llena de mierda.

lunes, 3 de abril de 2017

Me estoy leyendo "Una pareja de escritores" de Raimond Chandler. Es una cruda realidad. Los escritores nos empeñamos en ser escritores pero no sabemos dónde vamos o no confiamos en lo que escribimos. Somos una ingente legión los escritores y a todos se nos ocurren cosas que no tienen mucho valor. Como dice el protagonista del libro ese: " todo lo que he escrito lo tiraría a la basura un escritor de verdad". Pero bueno, no vamos a tirar la toalla y seguiremos intentándolo. Hasta que nos salga la obra definitiva, valorada en un concurso o por una editorial. Es triste la vida del escritor, es muy solitaria, es muy frustrante. Últimamente, yo no he escrito ni una línea en una semana y mi mente se ha quedado atorada para imaginar nada. Siento que un día, nada se me ocurrirá, no habrá motivo alguno para escribir. O quizás no. Quizás escribir sea como montar en bicicleta y seguiré empeñado en trazar historias en un papel.
Por lo demás, al leer las noticias, filósofos agoreros dicen que el futuro es una pesadilla y padres dicen que sus hijos serán más pobres que ellos en ese futuro. Pero la alegría de vivir siempre existirá, habrá gente siempre ávida de acumular experiencias de todo tipo.
La mañana está fresca y la gente anda preocupada por sus hijos, por la compra, por hacer la comida, por echar un polvo después de comer.
Yo estoy preocupado por muy pocas cosas. Mi futuro de hoy tiene muy poco relieve, es como una bola que va rodando, rodando y no  sabe dónde parará.

El futuro, eso que nadie ha visto.


domingo, 2 de abril de 2017

Nos vamos refugiando en lo que queda. El otro día oí decir en una cadena de radio religiosa que vivimos el poscristianismo. O sea, que el ser cristiano ha pasado de moda. A la gente le incomoda que todo vaya pasando de moda porque se queda sin nada a lo que agarrarse. Si de joven vivió una familia más o menos extensa y ahora vive sola, la persona nota un cambio brusco que le angustia. Si antes había un fervor religioso y ahora no lo hay pues le pasa lo mismo. Y si ahora se oyen noticias de crímenes y de políticos abyectos, la persona en cuestión no sabe ya que hacer o a quién votar. A lo mejor se compra un perrito para tener algo de certidumbre en la vida. Un poco de fidelidad a la que agarrarse, aunque sea animal.
Y así esa persona se va haciendo vieja y le pasa como al protagonista de "El extranjero" de Camus, que no sabiendo qué hacer en este mundo, mata a un argelino que está en la playa y luego dice que no sabe qué es un crucifijo.
Y es que el mundo ha dado tantas vueltas que quizás solo espere la robotización o la llegada de un Mesías que aunque no anuncie el fin del mundo, anuncie otra desgracia parecida y la gente vea las orejas al lobo y vuelva a creer en los valores de la antigua Grecia o en los valores que expresó Jesucristo o Confucio que ahora se están muriendo por dejadez u olvido o porque las personas nos estamos convirtiendo en unas bestias.

No olvides lo que dijeron los que murieron por ti.


jueves, 30 de marzo de 2017

Con esto del cambio de hora, me ha venido un cierto descontrol. La novela la tengo aparcada, que es un modo de decir que no se me ocurren cosas que escribir. A lo mejor, también este cambio de tiempo (calor impropio de la estación y luego nieve) también me ha afectado. El caso es que ando como desorientado.
Tengo que hacer un diálogo que dure siete páginas para explicar ciertas cosas de mi novela, como por ejemplo, cómo consigue un hombre mantener durante una hora atentos a un montón de indigentes por medio de sus palabras. En mi novela, hay un hombre que acude cada noche a una plaza y se pone a hablar a unos indigentes pero luego acuden más y más por la fama de "curandero" que tiene ese hombre. Pude haber motivos psicológicos en esos "sermones" que el hombre dirige a los mendigos o puede ser todo una falacia y en ese diálogo intento explicar por qué le siguen todas las noches.
He leído cosas de la psicología existencial o humanista para ver si me daban alguna pista. He leído sobre algunos autores desde Maslow a Perls para ver si lo que he inventado tiene algún encaje en esa invención que he hecho en mi novela. Pero creo que debe ser el argumento mismo de la novela el que explique los sucesos de la propia novela.
Después de este rollo, yo creo que cualquier grupo humano es susceptible de dejarse llevar por un discurso, como pasa en internet, en que cada gurú, como se llaman ahora, tira de miles de seguidores por muy absurdo que sea lo que diga ese gurú.
En fin, voy a ver si me decido a volver a mi novela pues es la manera de dar sentido al día: escribir una o dos páginas diarias de lo que sea para quedarme tranquilo y orgulloso de lo que hago.

El trabajo diario, si no es excesivamente costoso, es un aliciente.


sábado, 25 de marzo de 2017

Ayer viernes estuve a la asociación bipolar de Madrid con mi hermano. Salimos a las cuatro de Majadahonda y empezó a llover. Cuando llegamos a Madrid, llovía mucho. Nos metimos en el metro y llegamos a Prosperidad. Dimos unos paseos hasta que se hizo la hora y luego pasamos a una sala, allí, en el centro, donde un psicólogo nos habló de inteligencia emocional. Estuvo muy bien. Me hizo pensar y remover las ideas que tenía sobre ciertas cosas.
Luego echamos un cigarrillo y charlamos con otros enfermos y volvimos a la misma sala. Hicimos una terapia de grupo. Estuvo bien también pero a mí se me hizo un poco pesado. Luego fuimos a un bar a por un bocata de calamares y luego nos encaminamos a Moncloa andando, que es un recorrido largo. En Moncloa nos tomamos una cocacola y nos vinimos a casa en autobús. Ya no llovía. La cosa es que yo veo que esta asociación presta un servicio muy bueno con buenos profesionales. Está muy bien. Te quitan temores y te ayudan a entender ciertas cosas psicológicas y de la enfermedad.
El paseo hasta Moncloa estuvo muy bien. Ejercité las piernas. Lo malo fue que en la cama di unas cuantas vueltas antes de dormirme pero hoy me he despertado a las doce.
Ahora estoy en dos asociaciones de enfermos mentales: el tu decides y la asociación bipolar de Madrid. Junto con mi hermano.

No es el lugar lo que nos gusta, sino la sensación que deja el lugar.


lunes, 20 de marzo de 2017

La corrupción está instalada en España como una puta costumbre. Roban todos los políticos todo lo que pueden. Y luego dicen que es por el común del ciudadano que se lleva folios de la empresa. Menudos aprovechados hemos tenido en bancos, partidos políticos y cargos públicos de todo tipo. Como dice Rosendo: dale a la matraca y raca y luego yo no he sido. Qué mierda de país. Qué poca justicia, que de dineros han salido de España rumbo a Suiza. Qué rumbosos han estado todos para trincar de las arcas públicas y para untar a amigos, amiguetes y amigotes. Cómo es la política en España. El que no roba es un gil, deben de decir todos los que se apuntan  a concejales. Cuando no es el amiguismo vergonzoso, es el trincar el 3% o lo que salga. Qué ganas me dan de vomitar encima de ellos. Menos mal que todavía debe quedar para hacer un colegio o tapar los baches de alguna carretera. Y a mí lo que se me ocurre pensar es en la vida que llevan con tanta pasta que trincan. Vivirán en Ritz temporadas larguísimas, se irán de safari, se acostarán con putas de lujo, comerán en el Bulli y luego dirán que no tienen nada ya porque se lo han gastado. Normal. Si es que el dinero público es inmenso. Viene de todos los españoles que cotizan. Y somos muchos españoles. Lo peor es que la gente exige que devuelvan el dinero y no lo devuelven. Porque se le han gastado en cosas de lujo. Si es que los corruptos tienen unos gustos especiales, difíciles de saciar. A mí me gustaría ser corrupto por un día, a ver de qué va la cosa. A lo mejor hacen un concurso y todo: corrupto por un día porque España está que da verdadero asco. Ni la política funciona, ni la justicia, ni la monarquía. Los estancos funcionan: voy a por un paquete de tabaco y voy a echar un poco de humo.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Si uno consigue un orden en su vida, esa vida va a pasar más felizmente. Porque a la vida hay que domarla un poco como a una yegua informe y salvaje. Vale que la vida pase, en algunos momentos de la misma, como algo que nos sobrevuele, que nos mande el paso que hay que llevar pero pasado un tiempo, hay que procurar que seamos nosotros los que le digamos a la vida: de cuatro a cinco, voy a hacer esto y de once a doce, voy a estar de fiesta. Los que viven la vida loca sin horarios de ninguna clase acaban por verse vacíos al ver pasar las horas como huracanes con prisa. He estado leyendo un poco la vida de los cínicos, que fueron unos reformistas de los platónicos y que eran todos mendigos que se mofaban de las convenciones de la sociedad de aquel entonces. El más claro representante era Diógenes. Los cínicos se pasaron su vida haciendo una performance continua de sátira contra la sociedad en que vivían. También excitaban la piedad de los ciudadanos para conseguir limosna y haciendo esta serie de cosas construyeron una filosofía de crítica a lo que estaba instaurado y era indiscutible por todo Atenas. Hasta ellos siguieron un orden en el desenmascaramiento de esa sociedad contra la que iban. Eran unos pequeños revolucionarios pero que tenían bien clara su doctrina. Algo quedó de ellos: unas anécdotas y una teoría. Porque actuaron con el orden de saber qué querían. Y supongo que tendrían un horario según fueran las horas de calor o de la noche y el día. La vida sin orden es confusa, alarmante y nos pilla a contrapié siempre. Es mejor embridar las horas un poco hasta que llegue la hora de la fiesta que para mí ya es un café en una cafetería y unos cigarrillos a la puerta de la misma.

De día, las horas para hacer algo. De noche, el sueño.


martes, 14 de marzo de 2017

Hay mucha desigualdad en España y los sueldos son bajos y el empleo precario pero se está avanzando al 3%, más que en toda Europa. Se podría emplear esa subida de la economía en acabar con la desigualdad. En fin, yo veo menos mendigos que en 2013 y la gente parece que ha resucitado algo quizás debido a la economía sumergida, que es la que realmente hace que se nivelen las rentas. En España hay un mito que dice que uno de cada dos euros es negro. No ha habido gobierno capacitado para hacer fluir todo ese dinero negro que existe en la nación. No lo pueden hacer porque se cargarían la forma que tiene una familia de salir adelante. Cuando decían que existían cinco millones de parados, todo el mundo se daba cuenta que esos parados seguían perviviendo gracias a la economía sumergida, no a la benevolencia de sindicatos y gobiernos. Las chapuzas y el trabajo encubierto estaba ahí, no se ocultaba a la vista de nadie. Pintores, albañiles, fontaneros en paro se ofrecían para hacer arreglos. Y esto seguirá por mucho tiempo porque es una forma de vida que se asentado en la economía de muchos hogares.
Además, hay mucha gente que no tiene esa salida a la chapuza y lo está pasando mal, con contratos de pocos días. ¿No podía el gobierno hacer algo al respecto y crear un sistema sólido de trabajo en España?
La comunidad europea ya ha avisado de la inestabilidad de la economía española.
Pero los españoles, como siempre, vivimos un poco en precario, un poco viva la virgen, un poco como Dios nos da a entender.
Y no es malo del todo que sigamos así porque yo creo que si viene la izquierda, por tradición en este país, se revuelven las cosas para ir a peor: de ejemplo, ZP.

lunes, 13 de marzo de 2017

Los acontecimientos quedan detrás por otros que vendrán. El viernes fui al pueblo y vi las gentes que lo habitan. El pueblo está muy muerto, muy apagado. Siempre que voy allí, entablo las mismas conversaciones: cómo es vivir en Majadahonda, mi exnovia, mis padres, anécdotas de la mili del que me habla, etc. Pero he respirado una paz que no se respira donde vivo, siempre lleno de coches y ruidos. Luego fuimos a Villalba. Estuvimos en la biblioteca. Hay un montón de novelas. Al salir de ella, nos estuvimos un rato sentados mi hermano y yo en un banco contemplando una plaza. No hay plazas de esas en Majadahonda donde pueda descansar la vista a lo largo. Lo notamos enseguida, la diferencia entre una Gran Vía larga de nuestra ciudad y la existencia de esa plaza ancha donde tender los ojos. Luego, las aceras son anchas y sin obstáculos como aquí, donde vivo, donde se confunden los caminos de los coches y de los peatones. Nos sentamos en una terraza, de esas que están en aceras anchas y leímos los periódicos. Descansamos del ajetreo de gente y de coches por una tarde y nos sentimos dichosos. En Majadahonda, quitando la Gran Vía, todo son incomodidades y falta de descanso para el viandante.
Después de cenar, nos vinimos a casa. Nos acostamos pronto, pues la película no era de nuestro gusto. Yo ya la había visto.
Hay que buscar el descanso del alma después de haber trabajado. La novedad de un lugar ameno y descansado es ideal para el descanso de días de estar pendiente de vivir sin tregua.

En el viaje está la incomodidad pero también el descanso.

jueves, 9 de marzo de 2017

Me acuerdo de que el año pasado por estas fechas cayeron unos aguaceros muy buenos para los pantanos y el campo. Este año, está haciendo calor en desuso y no llueve ni gota. A mí me gustaría que cayeran unos chaparrones inmensos para que la gente no saliera a la calle a investigar al vecino ni a dejarse ver. Así, por un tiempo, la gente estaría en casa, en severa introspección. Me gusta imaginarme los campos que yo conozco recibiendo ese agua bendita. Y los pantanos llenándose para un verano de mucho calor, como cabe esperarse. La lluvia trae ese pensamiento tranquilo y amable a los corazones mientras que el calor exacerba las pasiones bajas y altas y hace sudar la gota gorda.
Los pájaros ya se persiguen buscando su unión amorosa. Los cielos son límpidos de azul transparente.
Yo quisiera verme en el pueblo donde nací y vivir allí durante un año a ver qué pasaba pero no voy porque no hay cine.
El ring ring del teléfono es como un grillo cosmopolita y lejano.
Los gorriones son los pedigüeños de las ciudades.
Me estoy hartando de escribir así que diré que hoy he estado leyendo "El extranjero" de Camus y me parece una novela de estilo muy reposado e inmanente. Capta Camus el sentimiento y lo que le rodea.
Luego he leído el Quijote: la quema de libros. La verdad es que los libros no nos vuelven locos a nadie. Solo pretenden enseñar deleitando.

la vida es bella a veces.

miércoles, 1 de marzo de 2017

A mí me da igual que lo que escriba aquí no sea atractivo. Lo único que quiero es desahogarme un poco. Yo sé que hoy viviré momentos de inutilidad vital, de no saber qué hago en el mundo, de no tener dónde emplear las horas pero lo tengo que vivir, no me queda otra en mi situación. Lo que me importa es que los momentos que tengo válidos, que merece la pena vivirlos, los aproveche y me siente bien.
Siempre pienso de mis novelas que son malas, que no tienen interés, que nunca triunfarán en el mercado literario pero mientras las voy escribiendo, las voy moldeando como un pastel que quiero que por lo menos a mí me gusten.
La vida te pone en determinada situación y has de vivir en esa determinada situación, mal que te pese. A lo mejor a mí me hubiera gustado levantarme hoy a las 7 de la mañana, haber cogido el autobús y luego el metro o el tren y haber ido a un instituto a dar clase pero eso ya pasó. Hoy vendrán horas inútiles, cansadas de no hacer nada, de pensar que mi tiempo lo estoy tirando.
Y solo si soy capaz de aprovechar los tiempos que vienen buenos en el día es como voy a ser capaz de decir: este día ha tenido algo de miga, algo de interés.
La vida es algo incomprensible a veces por múltiples factores pero no debo quejarme pues hay mucha gente, muchísima gente peor que yo así que voy a  ver si me salen unas líneas de mi novela y en paz.

La vida no es como uno querría.

martes, 28 de febrero de 2017

Mi carácter depresivo hace que piense mucho en el pasado como algo mejor, en la muerte y en posibles accidentes que hagan que lo pase mal. No me puedo librar de estos pensamientos que me acosan constantemente. No soy una persona de certidumbres, al revés, soy una persona que duda mucho cuando antes no dudaba y me dedicaba a vivir la vida. Escribir me sirve para espantar estos fantasmas pero siempre vuelven, siempre vuelven.
Cuando me eché novia tuve que soportar una crisis de celos de mi novia pero luego lo pasé bien con ella hasta que le volvió otra crisis de celos que ya afectaba a mi hermano y ya no pude más.
Mi vida no ha sido muy buena desde los treinta años, en que yo dejé de ser un inconsciente y me hice consciente de lo mala que es la vida.
Yo me divertía en la vida cuando tenía veinte y tantos y era muy dicharachero y me gustaban los placeres baratos como fumar, bailar, reírme de los demás, estudiar un poco y pasar el rato.
Pasar el rato ahora se ha convertido en un ejercicio de reflexión que lo impide todo, la risa, el baile, la comedia de la vida y la acción.
Qué pena es ver cómo se ha pasado el tiempo y no soy ni la sombra de lo que era, esa despreocupación que exhibía se ha ido al garete y esa forma de vivir, tan ligera y divertida, también.
Que asco. Ahora hay que ser serio, perder el tiempo tomando un café y decir las mismas cosas que dice toda la gente.
Siempre aspiré a ser un escritor pero un escritor divertido y salaz, que se riera de todo el mundo que presencio ahora amargado y triste.


Pasan los años, pasas tú




lunes, 27 de febrero de 2017

Acabo de comer. Me he tumbado pero no duermo. Tengo que ir a la compra porque hoy es lunes. La cara de Francesc Homs me escupe a mi cara. Pobre hombre. Lo que le están haciendo. No hay justicia en este país. Él, que es hombre de paz, todo lo hace pacíficamente. En fin, Homs. Todo mi aprecio. He puesto jazz en internet a ver si me calmo porque estoy nervioso pero tanta trompeta y tanta percusión y teclado me recuerda a Homs y me pongo más nervioso así que voy a meterme con mi novela a ver si escribo unas cuantas páginas sin el temor de estropear lo ya escrito pero todo sea porque mi novela avance y un día esté en las librerías de Barcelona traducida al catalán, esa lengua de hombres íntegros y pacíficos que quieren ser un país al margen de España. Homs y Mas odian a España porque les roba y les mata en una esquina putera y deja que Cataluña se pudra al sol antes de que sea independiente. Cataluña debió ser un país antes de la guerra o antes de que Napoleón pisara estas tierras. Cataluña tiene vocación de gran país y la puta España no le deja ser un país y encima Homs tiene que ir a los tribunales, qué pena me dan Homs y Mas, los pobrecillos, que creen en una Cataluña libre y grande y no les dejan ser libres ni grandes.
Qué asco da España, en la que ya no hay justicia, ni pan ni tierras ni la libre disposición de la plurinacionalidad. Pobre Cataluña que no es libre y entera como una prima que tenía yo en Figueras.
Pobre Cataluña que no se independiza porque no se sabe si los catalanes la quieren así o de otra manera. Mas y Junqueras se encargarán de Cataluña, esa comunidad puñetera. La harán libre y grande como Franco quería a España, ese país de la patraña y la chapuza. Funcionarios de España: idos a la mierda pues no sabéis cuidar la ciudadano como corresponde.
Qué asco de país. Qué asco Cataluña. Qué asco da todo. Podíamos ser felices sino fuera por cuatro políticos de mierda y por cuatro ciudadanos que no están contentos nunca y piden derechos como el que pide café.
Bueno, después de escribir esto, no quiero ver a Homs ni a Mas ni a Junqueras nunca más. A ver si puede ser.
Yo vivo una situación inestable emocionalmente que por ahora puedo aguantar. Pero la sociedad no promueve la tranquilidad en la vida. Vivimos en la época del estrés continuo, en una lucha contra nosotros mismos por ser mejores o tener más cosas. He leído las noticias y todo son desastres: la justicia no funciona en España, ni hay trabajo suficiente y la desigualdad está triunfando. Las respuestas a estas cuestiones no son muy serias por los dirigentes que tenemos ni los que están en la oposición. El futuro político español es un misterio que no sabemos si traerá un colapso al sistema. Las próximas elecciones traen unos neófitos a la política que no se sabe cómo actuarán. Y el ejemplo de Zapatero está ahí colgando como un títere triste. Ojalá que la izquierda no empiece a desbarrar dentro de cuatro años y nos lleve ya a una ruina de la que no podamos ni levantarnos ya. Pero bueno, yo  lo que quería decir es que la sociedad en la que estamos no favorece mi armonía con el mundo porque el individualismo feroz que campa en este mundo hace que la gente no se conozca nada más que por medio de asociaciones raras o formas virtuales como internet.
Yo tengo los amigos que tengo, ni uno más. No son pocos ni malos pero a mí me gustaría que la sociedad impulsara el conocimiento de las personas de manera más natural, no por medio de un rollo virtual del tipo meetic u otra forma casamentera de conocerse la gente.
A mí se me ha pasado la universidad y todos los posibles medios de conocer gente. Aunque, dado lo que conozco, ya desconfío de los conocimientos que pudiera hacer por tóxicos. Y es que esta sociedad está enferma o lo que me ha sido dado conocer está enfermo. Empezando por mi exnovia.


Tú eres tu mejor amigo. Cuídate.


viernes, 24 de febrero de 2017

En el periódico, que acabo de leer, todos los periodistas hablan de jueces y de políticos. Es harto desagradable. Como si el mundo estuviera regido por los políticos exclusivamente. Y en la radio también se habla mucho de política y economía. Como si los ciudadanos estuviéramos más que nada preocupados por las estupideces que hacen y dicen los economistas y los putos políticos. Yo, hoy, estaré preocupado por cuestiones prácticas que en nada atañen a la política. Me importa una mierda la política para pasar el día. Me importan más mis seres queridos, las horas que paso escribiendo, las horas que paso con mi hermano y mis padres, la comida que preparo, etc. A mí, la política y los políticos me da igual que se mueran porque hay repuesto, infinito repuesto. Lo que no me da igual es que el día se me estropee por un cambio de humor en mis neuronas.
Pero parece que a los medios de comunicación les importa mucho lo que haga Trump y el último politicucho de mierda que anda por el Congreso. Y a mí no me importa ni Trump ni ningún politicastro que anda por ahí diciendo que todo está mal. Los que están mal son los putos políticos que solo piensan en el poder y mienten como bellacos para obtenerlo. El brexit y Trump, los temas estrellas de todo el mundo. Vaya matraca. Vaya aburrimiento. El populismo, otro rollo que nos meten a diario. Menuda pesadez.

La política, esa manera de captar la atención innecesariamente.


jueves, 23 de febrero de 2017

Ayer viví un día de desesperación porque las horas pasaban con disgusto. Hoy me he rehecho haciendo cosas. No hay cosa mejor para la depresión que hacer cosas, no quedarse parado lamentándose. Así que hoy quizás pueda dejar atrás el fantasma de los días torcidos. Voy a ir a una excursión con unos amigos el sábado, voy a Alcalá de Henares, patrimonio de la Humanidad. Me he estado documentando sobre la ciudad para hacer un poco de guía a mis amigos. El domingo no saldré con mi exnovia sino que iré con un amigo por la tarde. Las cosas cogen un devenir distinto en determinadas épocas pero no hay que tener miedo. Quizás ese devenir nos lleve a un sitio no esperado y bueno como uno que pasea y sin darse cuenta aparece ante la maravilla de una rosaleda.
La verdad es que el mundo no ofrece seguridad ninguna con la ola de dirigentes papanatas que se nos viene encima y sobre todo, con ese plantígrado gruñón que unas veces amanece con el pie torcido y otras, con las neuronas a contrapaso.
En fin, viene el tiempo bueno. Ojalá se tire lloviendo dos semanas seguidas en Marzo, cubriéndolo todo de agua, remojándolo todo con fuerza como si el agua se enseñoreara del mundo y corran los ríos y se llenen los mares de dulzura.
Si  llueve, me quedaré en casa escribe que te escribe y podré redactar por fin la novela deseada. Todo lo que favorezca nuestros deseos, si los deseos son buenos, debería de cumplirse.
Suena un violín como el viento. Son los vecinos que son músicos. Ojalá todo estuviera encaminada hacia el bien. Mientras tanto, habrá que esforzarse.

Ponte a hacer cosas, matarás el día.

Empieza el día y no sé como me conduciré en él. Llevo unos días tristón o melancólico porque no sé lo que me pasa, como si me faltara algo. Uno puede estar triste por muchos motivos. Yo creo que todo se debe a haber dejado a mi novia pues pienso mucho en ella, en cómo se ha portado conmigo y el mal que me ha hecho. Ahora estoy sin una referencia sentimental que antes tenía.
Pero creo que remontaré el día como si se tratara de un río turbio y llegaré al final del mismo habiendo hecho cosas útiles para mí y para mi cerebro, para que mi cerebro y mi corazón estén conformes con el estado de cosas que vivo.
He estado solo antes, incluso mi hermano gemelo me ha dejado en estado de soledad antes, en otras épocas. Creo que en esos casos me refugiaba en ver películas en casa, pues no tenía con quién salir.
Este fin de semana me propongo salir un rato por la ciudad a ver qué veo, si merece la pena la noche, si encontraré alguien con quién charlar, de esa gente que no veo habitualmente. O quizás me vaya a Madrid el sábado por la noche, a una discoteca de Arenal con alguien que reclute y se quiera venir conmigo.
Estoy como un barco al pairo, como un niño ladrón que está confundido, como al que le quitan su más querido entretenimiento.

No hay que desesperarse, hay que encontrar el camino.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Hoy está el día como descabalado y sin riendas, como horas abortadas que no se llenan ni de amor ni de trabajo. He hecho, eso sí, unos espaguetis a la boloñesa muy ricos, pero las horas siguen pasando sin rumbo ni sustancia. La vida, eso que nos va rellenando la existencia de horas que engordan la desesperación, no pasa a gusto por mis neuronas ni por mi corazón.
Habrá que hacer algo esta tarde, a partir de las cinco, que será escribir mi gran novela porque solo tengo una que es grande. Las demás están escritas o en el aire, pero no son mías.
En Chinchón, la plaza reluce para los visitantes y en Ocaña, la prisión, si es que todavía existe, cancela la vida de los delincuentes y de los que han matado su ilusión, que a lo mejor era su mujer y no lo sabían.
Es tarde para quejarse. Lo hecho, hecho está. A lo mejor me apunto a uno de esos programas online de búsqueda de parejas y me encuentro con alguna escritora como yo que quiere publicar sus obras. Me da igual que sea viuda. Lo que no quiero es una divorciada con hijos pues son una carga más de las cargas que llevo en la cabeza.
Deseo compartir la vida con alguien, aunque ya la comparto con mi hermano y con mi aburrimiento de las tardes y las mañanas primaverales de febrero. Y es que por San Valentín, el invierno toca a su fin.

Comparte tu vida, pues la vida es una carga para uno solo.



martes, 21 de febrero de 2017

En la vida del ser humano no solo vale tener la tripa llena y un techo donde cobijarse. No solo de pan vive el hombre, dijo Jesucristo. El hombre debe tener lleno el espíritu de cosas buenas y una vida inocua, sin sentido, arruina el goce de vivir. A lo mejor, lo que necesita el hombre es enamorarse y vivir una vida conjunta con su amor. O alimentar su orgullo trabajando en algo útil o ayudando a los demás. Lo malo es cuando no hay objetivos a la vista y la vida es un ir y venir sin mayor transcendencia.
El otro día me dijo un amigo que mi oficio es escribir, ahora que estoy jubilado y a eso me dedico. También a leer, que es un complemento de la escritura.
Como no sepamos cuál es la misión que tenemos en el mundo vamos mal en él, porque todo se nos vuelve mohíno y triste al no saber en qué ocupar el tiempo.
Hay que saber qué hacer en cada momento, ocupar el tiempo útilmente, ya sea para nosotros mismos o para aquellos a los que queremos.
La vida nos enseña que cuanto más útiles nos sintamos, mejor vamos a estar en ella.
Hay que saber vivir, no solo vivir como hacen los animales, hay que estar informado, hay que cultivar la curiosidad por las cosas y hay que ser un buen amigo de uno mismo.

Vive, pero vive bien.

jueves, 16 de febrero de 2017

Me he leído un libro llamado "Vacío perfecto" de Stanislaw Lem. Este hombre nació en Polonia y estuvo a punto de ser masacrado por los alemanes del III Reich. Luego se convirtió en un escritor de ciencia ficción pero a mí la ciencia ficción no me gusta. En este libro que he leído, Lem inventa temas de novelas muy raros como el sexo que lo gobierna todo, la novela que lo contiene todo, una corte antigua en pleno siglo XX, etc. Me ha gustado el estilo narrativo, pero no los temas. No es propiamente una historia lo que cuenta Lem.
La vida se agita suavemente al rito del segundero, al ritmo de la luna y del sol. La vida va despacio como el crecer del pino, como la mañana, como el aire. Tenemos que vivir los que estamos vivos, no nos queda otra. Poco a poco vamos sabiendo los misterios de la vida, cuando ya somos mayores pero nos sirven quizás para bien morir o no llevarnos la mano a la cabeza cuando hay un accidente.
La vida parece un gran reloj, con su engranaje caprichoso. La vida nos atrapa algunas a veces y nos muestra su belleza.
Nosotros solo vagamos día a día por un desierto de lucidez cuando nos damos cuenta del sentido de esta vida y entonces, nos arrodillamos a ese sentido que hemos encontrado y seguimos viviendo, seguimos viviendo.

Vive la vida, es obligatorio.


martes, 14 de febrero de 2017

Todos los medios de comunicación hablan de política. Como si la política contuviera los secretos mágicos de la recuperación de la nación, de la eliminación de la pobreza, de la eliminación del paro y de tantas cosas que nos afectan. La política solo vale cuando hay unos ciudadanos que saben para qué sirve en realidad la política. Pero solo nos dejan votar una vez cada cuatro años. En realidad yo creo que hay ciudadanos muy válidos que hacen todo lo posible por los demás. Hay organizaciones que se mueven y solucionan asuntos a los que no llega nunca la política. De hecho, la política podría llegar a más gente si no se preocupara solo por el poder como se preocupan los partidos políticos actuales. Si se preocuparan de servir a los ciudadanos en vez de sondear una y otra vez la voluntad de voto, si no estuvieran corruptos como están, si de verdad quisieran solucionar los problemas de la gente, ya lo habrían hecho.
Pero lo único que quieren los partidos políticos en vez de ponerse de acuerdo entre ellos para solucionar los problemas es discutir, Ponerse unos enfrente de los otros y ofrecer soluciones diferentes para el mismo problema. Lo llaman ideologías. La ideología de cada partido les impide ponerse de acuerdo. La ideología no vale para los ciudadanos que deben estar unidos frente a su problema común. Los ciudadanos no especulan sino que son prácticos a la hora de solucionar sus problemas. Los políticos deberían aprender de los ciudadanos a los que dicen gobernar.

Política sí, si resuelve problemas.


lunes, 13 de febrero de 2017

¿Qué es lo que hace que te levantes mal por la mañana? A lo mejor un acontecimiento externo como el mal tiempo, haber estado ridículo el día anterior con los amigos o más importante aún, la pérdida de un ser querido o más banal, la monotonía en que estás inmerso todos los días o una mezcla de todas esas circunstancias. El jueves pasado murió el padre de una prima, además de buena amiga. En el tanatorio, unos hombres hablaban de la causa de la muerte: la adicción al tabaco de ese hombre. El sábado fui a ver a una tía que está en sus últimos días en la tierra. Pero mi tío sabía darle un tierno amor a mi tía moribunda y me llenó de admiración esa relación amorosa. Que quede el amor que supimos darles a los que murieron. Que queden los buenos recuerdos de los que se van. Así podremos vivir en paz con ellos. La vida ya es demasiado triste para cargarnos con la tristeza de los muertos que nos abandonan. Ya está. Ya se fueron. Que los vivos los recuerden con una sonrisa en vez de con un agravio.
Puede que te levantes bien por la mañana. Y no sabemos a qué se debe. Quizás no tenga explicación. Quizás sea el deseo de vivir que hay en tu cuerpo el que te da esa alegría para todo el día. Quizás hayamos asimilado que hay que vivir con todas las consecuencias que se nos presenten, con todas las adversidades que se muestran tras la ventana. Y vivimos. Y quizás seamos hasta felices porque nuestra naturaleza pertenece a la vida. Y mientras sea así, mientras estemos vivos, nuestro cuerpo y nuestra alma nos dice que hay que vivir con una sonrisa antes que con la lágrima en el ojo.
Para todas las cosas que hay en el mundo aunque las cosas que hay en el mundo sean las mismas que ayer y que antes de ayer.
Y eso nos lo pide el cuerpo.

Si estás vivo, sé feliz.



En el libro "Inteligencia emocional", de Coleman se dice que hay momentos en que "todo fluye". Pone ejemplos de profesionales que hacen su trabajo en un "estado de flujo" que parece que no cuesta trabajo el mismo hecho de trabajar. Creo que pone el ejemplo de un cirujano. Hace mucho que no siento ese estado de flujo. Creo que lo viví hace tiempo en que me puse a escribir y todo fluía de manera rápida y sencilla. Yo no estoy relajado frente al ordenador para que aparezca ese estado de flujo pero cuando aparece es muy bonito ver cómo surgen las palabras casi sin parar y sin esfuerzo aparente. Supongo que ese estado debe ser muy vivificante y lleno de expansión vital.
Últimamente, no me sale nada que no sea fruto del esfuerzo y de darle muchas vueltas a la cabeza y nada surge porque sí. Tengo que concentrarme a ver qué voy a hacer y luego el resultado no es tan satisfactorio como yo quisiera.
Un amigo mío me ha dicho que escribir es mi oficio desde que me retiré de ser profesor. Efectivamente. Pero ese oficio no me reporta nada más que preocupaciones porque no me es fácil ponerme a escribir historias o las historias que yo escribo están sin acabar y no se acaban nunca.
No tengo casi tiempo para ponerme a escribir por las obligaciones de la casa y cuando me pongo no se me ocurren ideas válidas o fáciles sino complicaciones de la escritura y de los esquemas narrativos.

Todo lo difícil tiene más mérito


viernes, 10 de febrero de 2017

Nos tienen asustados. Los populismos llevarán a la desintegración de la Unión Europea, la crisis todavía azota a los más pobres. Hay desigualdad, hay delincuencia organizada, hay terrorismo, hay corrupción de los políticos que lo tendrían que hacer bien. Esas ideas que recorren los periódicos como un estremecimiento de terror hace que la gente esté tensa, crispada, asustada. No se puede fiar uno de nadie, en cualquier esquina nos pueden robar, nos pueden matar. Los corruptos se hacen ricos y no ingresan en la cárcel. La crispación aumenta. Los ocupas se cuelan en las casas y se hacen dueños de ellas. Las ancianitas que viven solas corren peligro de muerte. Los niños no están a salvo por el bulling o por la lujuria de pederastas. Los bancos ganan y ganan y hay gente que no tiene para pagar la luz. Los ricos son más ricos; los pobres, más pobres. Dan ganas de liarse a dentelladas con esos asquerosos que hacen la vida difícil. Dan ganas de salir a la calle y coger de los pelos a esos que nos joden la vida y llevarlos a la cárcel uno a uno. La gente ya no cuenta chistes, nos han arruinado el humor.
Hay muchos criminales que están doblegando la buena fe de los ciudadanos. Y nos dicen que se arreglará. Pero, ¿cuando? ¿Cuándo nos libraremos de toda la morralla humana que encenaga esta sociedad? Tenemos que sufrir que todo funcione mal y no hay nadie que arregle nada sino que va todo a peor. Qué asco.

Si todo va mal, tú irás mal.



miércoles, 8 de febrero de 2017

¿Dónde está el humor? ¿Y las personas divertidas? ¿Y el juego con el lenguaje? ¿Y las sonrisas o las carcajadas? Yo no me rio en todo el día. Con ver las noticias o mirar como está el prójimo, con una cara larga hasta el suelo, ya tienes anestesiado el humor para todo el día. No se llega a fin de mes, todos son miedos económicos, sociales y de pareja. Miedo a los ocupas, miedo a los delincuentes, miedo a un atentado. Todos esos miedos quitan las ganas de reír.
Entonces, ¿para qué vivir esta vida sin una sonrisa en la cara que nos dé ánimo y ganas de vivirla? Quedaron atrás los años en que todo era disparatado, en que señalábamos a la vecina, al albañil, al político y hacíamos chistes de ellos. Ahora nos quejamos amargamente de los corruptos, vemos que la vecina y nosotros mismos nos recatamos, atesoramos nuestra vergüenza para que nadie se ría de ella, el albañil no tolera ninguna broma y el político es una persona muy seria que quiere cambiar el mundo y nosotros le seguimos en el intento diciendo las mismas tonterías que él dice en el Parlamento. Todo está escondido, lleno de solemnidad, una solemnidad hueca en la que creemos, sin embargo y nada, nada de lo público ni de lo privado nos hace reír. Con lo sano que es una carcajada. Tendríamos que estar riendo todo el día para que el siguiente fuera más llevadero.

Ríete aunque sea enfrente del espejo.

martes, 7 de febrero de 2017

Me he levantado con una especie de depresión al darme cuenta de todo lo que hay que hacer y las pocas ganas que tengo de hacerlo.
Tendría que leer y corregir una novela entera que se me ha quedado corta. Tendría que corregir también otro relato. No se me da bien corregir. No tengo sensibilidad para ver mis propios fallos.
Pero bueno, pasaré el día como pueda, aunque no haga nada de escribir ni nada literario. Seguramente, me iré de compras con mi hermano.
Cuando la tarea que tenemos por delante es ingente y no la entendemos muy bien, la pereza se adueña de nosotros y es difícil ponerse en marcha y ejecutar todo eso que tenemos como tarea.
Pero llega un momento en que nuestra vergüenza de lo que estamos dejando de hacer para nuestra gloria nos impulsa a empezar poco a poco el trabajo que nos lleva a acabar por lo menos algo de lo empezado.
Hoy me he levantado con la idea de que otro día va a pasar y no he hecho nada de valor.
Pero llegará un día en que la obra se irá puliendo y haciendo mejor para mayor fama mía y de mi ingenio.

Si algo es difícil es que merece la pena.

lunes, 6 de febrero de 2017

El escultor que tiene en mente la escultura ya hecha y acabada, la acabará antes y mejor que el que no sabe qué resultado final es el que persigue. Así pasa en el mundo, que hay dirigentes, escritores, arquitectos y demás que no saben cómo acabará lo que están haciendo. Todos deberíamos firmar un contrato con la idea que tenemos de lo que nos tenemos entre manos. La vida es muy incierta para dejar nada al azar.
Por otro lado, vivimos entre incertidumbres, entre zozobras que nos conducen a la no conclusión de nuestros proyectos personales.
Es mejor no dedicarnos enteramente a algo que nos resulta demasiado abarcador porque tendremos serias dificultades para llevarlo a cabo.
Es mejor ir paso a paso, midiendo el terreno, avanzando poco a poco pero con la idea fija de lo que queremos en la mente.
Aunque también dicen que no se sabe el resultado de las cosas hasta que nos ponemos a la tarea. Lo que era difícil antes de empezar, cuando se inicia, parece que toma forma y que va hacia adelante por la mera decisión de comenzar la obra.
Hagamos algo, pues, lo que sea, como sea y así estaremos ocupados en estas épocas en que el ocio y el dispendio de las horas hacen que la gente esté desorientada y triste, aunque llena de trastos.

Ponte a hacer algo, es lo mejor.


domingo, 5 de febrero de 2017

Tener fe en una acción que vas a ejecutar ya es media acción hecha. Yo, que quiero dejar de fumar, no tengo fe en que esto vaya a suceder y así, no dejo de fumar. Lo máximo que hago es fumar menos. Si yo me viera en un futuro cercano sin fumar y no pasando ansiedad, ya habría dejado de fumar. Y lo mismo vale para publicar una novela, saltar una valla de dos metros o ligarse a una belleza.
La fe, en algunos casos o en todos ellos, es fundamental. Hay gente que tiene una fe  no adquirida sino innata y todo lo que persiguen lo hacen con fe. Hay otros, como yo, que prescindimos de la fe, que creemos que todos los objetivos que perseguimos debemos conseguirlos a base de aplicar mucho ingenio, esfuerzo y tiempo para poder llegar a disfrutarlos. La fe es algo que no contemplo, que no está dentro de mí. Solo confío en mi trabajo. Lo que debo tener es fe en mi trabajo pero no fe en el objetivo conseguido, no me veo con el trofeo en las manos antes de tenerlo entre las manos.
No soy un creyente sino un agnóstico. Y actúo como tal. Creo que todas las cosas que hay en el mundo necesitan una explicación, yo no creo en ellas por que sí y el medio para conseguirlas también es una manera de romperme la cabeza antes de ponerme a pensar en que lo conseguiré por medio de una creencia. Como Santo Tomás, necesito tocar todo antes de creer en ello y tocar no es dado a todo el mundo, solo a los descreídos.

Ten fe, lo tendrás todo.


sábado, 4 de febrero de 2017

Hoy tengo más moral. No sé por qué. Estoy haciendo un intento por dejar de fumar. Ayer me lo pasé bien en un taller literario. Pero lo fundamental es que estoy viviendo mi periodo de euforia particular después de la fase depresiva. Creo que se trata de eso.
Mi enfermedad es así. Alterna esas fases de declive anímico con otras de tranquilidad alegre.
He estado oyendo un documento sonoro en la radio sobre el cambio climático. Dice ese documento que en 2003 hubo un verano tan caluroso que murieron por su causa 20.000 personas. En occidente. Desde ese momento la gente tomó conciencia de que el clima había cambiado por efecto del hombre.
A mí me disgusta que las estaciones no se sucedan como deberían. Y me disgusta la tala indiscriminada de árboles y la desaparición de los bosques y la contaminación producida por los coches y el consumo salvaje.
Todos deberíamos hacer algo por el medio ambiente. No consumir tanto, no dar tantas vueltas con el coche. No fastidiar al cielo que nos cubre.
En estos últimos años hemos asistido a migraciones de gente que se ha quedado sin su medio de vida por efecto del cambio climático. Se llaman los refugiados climáticos. Todo por una civilización hiperconsumista y no sensibilizada con el medio. Ojalá no acabe todo esto de modo apocalíptico.

Los recursos de la Tierra son limitados, el egoísmo no.

viernes, 3 de febrero de 2017

He ido a por unos boquerones al supermercado. El día está para permanecer en casa haciendo lo que sea. No dejo de fumar aunque lo intente. He leído la prensa y habla del error de las redes sociales, de la polución en las grandes ciudades y de los partidos populistas.
Casi todo, política.
Hay también noticias sorprendentes que quieren llamar la atención pero no pincho en ellas. Me da igual lo que pasa por el mundo.
Hace viento y frío pero no llueve. Preferiría que lloviese.
El tiempo pasa lentamente y nos hace más viejos. Eso es inapelable. Es un ley que se cumple continuamente y sin marcha atrás y sin remisión y sin culpa ni perdón.
Es la única noticia que sale siempre en los periódicos: hoy eres más viejo que ayer.
Decía que he intentado dejar de fumar pero me ha vencido el cigarrillo. Me ha dicho un amigo que ha dejado de fumar que cuanto más intentes dejarlo, más posibilidades hay de que en un intento lo dejes. Ojala sea así y alguna vez deje del todo.
Las habitaciones de los hoteles están llenas de turistas norteños que quieren ver Madrid.
Yo ya me he levantado y tengo muchos días para ver Madrid y no lo veo bien, como esos turistas. Qué rollo.

Vive la vida, es lo más espontáneo que puedas hacer.


jueves, 2 de febrero de 2017

Hoy voy a hacer unos espaguetis al ajo. No hay nada más descarnado que esa pasta blanca arropada solamente por el sabor de esa hortaliza. Pero nada tan aromático y sabroso. Es como la vida, que nos va dejando mondos de cariño así avanza la edad pero nos deja con un aroma fuerte a soledad profunda.
Me llama mi exnovia para decirme que se va a quedar sola, que solo le queda su madre que es muy mayor. Yo le digo que lo asuma, que hay cosas peores, que la vida te va despojando de todo hasta dejarte en los huesos pero que eso no es excusa para ponerse uno a hablar de sí mismo cada dos por tres. Tengo problemas yo también. A veces me hundo en una depresión que me dura semanas pero no le doy tanta importancia. Ya saldré de esas malaventuras que me acechan.
La vida reparte bienes o los tuerce o nos deja sin ellos. Es ley de vida. Es como los espaguetis que son objeto de rebozarse con un simple ajo. Solo saben a ajo. Pero son rápidos de preparar y resisten los gustos más exigentes. Son simples como simples nos tenemos que hacer con el tiempo.
Es duro hacerse mayor. Todo parece que viene en contra. La vejez es amarilla, triste. Pero te va curtiendo.

Pasan los años, pero sin ellos no vivirías.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Cuando no se tienen claras las cosas a la hora de ejecutar algo que podría redundar en nuestro bien; cuando la tarea es inmensa y no sabemos por donde tirar; cuando no se sabe bien cómo iniciar un trabajo pero sabemos que ese trabajo nos tendría felices y entretenidos por un tiempo. Cuando ocurre eso, da rabia e impotencia porque nos atenaza la inacción y nos quedamos mirando por el ventanal de la terraza a ver cómo barre el barrendero o a ver cómo pasan los coches y las furgonetas.
Pero en un acceso de cólera, empezamos algo, hacemos algo que no sabemos si va en la dirección adecuada pero intentamos usar el tiempo en dar un paso o dos, tímidos pasos en lo que parece que es la obligación que tenemos con nosotros mismos. Y parecemos escolares que hacemos una letra por primera vez y nos asustamos de todo lo que queda por hacer.
Y ya de paso, pensamos en lo viejos que somos porque hemos pedido el teléfono a una chica joven para salir con sus amigos y pensamos que ya no estamos para esos trotes de bailar pero este viernes vamos a llamar a esa chica joven a ver qué tal.
Y también pensamos en dejar de fumar de una puta vez pues vemos que la salud se resiente por muchos lados ya y ya está bien de envenenarnos voluntariamente como un tonto. La puta adicción.

Intentar hacer algo ya es algo.


martes, 31 de enero de 2017

La vida es tan corta que da mucho miedo pensar que es tan corta. Yo tengo 47 años, no estoy casado, no tengo hijos. A lo  mejor, todo lo mejor de mi vida ya me ha pasado y lo que me queda es una larga decadencia hasta el final. Por eso tengo ganas de comerme una mariscada o de ir a algún sitio paradisiaco para probar el paraíso en la Tierra.
Mis hijos que no tengo no me hacen viejo, no los veo crecer. La mujer que yo quiero no está en mi mapa vital, está por aparecer o no aparecerá ya nunca. No sé si me compensaría otra mujer después de haber estado con una que me ha complicado la vida.
Aspiraciones literarias sí que tengo pero las historias que yo escribo no están a la altura de las grandes composiciones aunque yo he visto películas y he leído libros con menos fuste que los que escribo.
Quizás la vida se trate de ir pasando páginas a ver si en alguna aparece algo que nos cambie la misma vida. Pero no. La vida es un ir frente a no sé qué que se parece al tiempo que pasa y que si no lo atrapas, no eres feliz.
La pena es que en la vida se nos escapan muchas cosas irrecuperables y ahí está lo verdaderamente doloroso.

Si has dicho que no, sigue tu camino.

sábado, 28 de enero de 2017

Después de leídas las noticias de los dos diarios principales, con Trump como protagonista, voy a pensar qué es mi vida actual. Mi vida actual es levantarme a las diez, pasar un tiempo con el ordenador, luego ir a la compra y hacer la comida. Eso ya lo he dicho antes.
Mi vida ideal sería coger un autobús e irme a un sitio con mar, pasear por la playa descalzo y comer pescaíto frito en un bar. Pero eso tampoco es posible porque estoy atado a una rutina y la rutina es tan pegadiza que me tiene sujeto aquí, en la meseta fría sin mar.
Febrero ya no es tan frío como el primer mes del año.
Ayer vi una película muy interesante de dos monjes que se escapan del convento. Quizás mi vida se parezca a un convento aburrido lleno de oraciones sin fe.
Ayer también leí en un taller literario una historia escrita por mí y ninguno de mis compañeros me dijo que era buena. Antes al contrario, me dijo que "no era interesante, que no pasaba nada especial en esa historia". Debe ser el signo de mi vida, en la que no pasa nada especial ni nada de nada.
Me gustaría crear un personaje que sobresaliera pero mi mente piensa más en personajes simples, sencillos, a los que la vid ales pasa por encima.

 Lo relevante de la vida es hacerla bonita.

jueves, 26 de enero de 2017

Me levanto a las diez y me ducho cada dos días. Paso dos horas frente al ordenador cada mañana. Suelo ver a mis amigos cada martes y miércoles. Hago la comida religiosamente. Hoy toca garbanzos con bacalao. Sigo todas estas normas para que la rutina tenga un cauce que seguir pero sigue siendo rutina. No creo que las demás personas vivan una vida más intensa. La vida en la meseta es ardua como la arena. No espero de la vida nada más que esta melancolía de las horas que pasan. Yo, como soy bipolar, espero la brisa de la euforia pues el hálito maloliente de la tristeza ya lo llevo sintiendo durante mucho tiempo.
Las aceras no dan más que ganas de estar en casa y en casa, las horas se hacen de chicle. Leo libros de la biblioteca que me sumen en un mundo alejado del mío por una semana o dos.
La playa está fría durante el invierno y hay que esperar al verano para desear y cumplir una escapada. Mientras, lo mismo atenaza a la persona que debe no volverse loca de aburrimiento. Todos los días camino seis kilómetros.
Lo mismo es despertarte y ver las noticias en internet, comer y pasar otras dos horas frente al ordenador para ver si tu cabeza pare algún ingenio de palabras.

Si la rutina manda, haz un esfuerzo.

miércoles, 25 de enero de 2017

Estoy asqueado de la vida que llevo. Mi vida se resume en hacer todos los días las mismas cosas y a la misma hora. La gente con la que me relaciono no va mucho más allá. Leer algún libro, si este es bueno, logra que me ausente de esta austeridad vital. A veces, hacer la comida es todo un entretenimiento que me saca de la vulgaridad de ir a un sitio a otro sin ningún sentido. Unas vacaciones me vendrían bien pero hace frío todavía en la playa. Aguanto como puedo toda esta mierda vital y fumo mucho. Fumar me hace olvidar la vida que llevo. La vida que llevan los demás a mí me da igual. No me gusta compararme con nadie ni siento envidia por nadie y me importa un huevo los demás.
Paso de la gente que dice que se lo pasa muy bien y disfruta de sus nietos o de sus hijos o de las cosas sencillas de la vida. Suelen ser unos fatuos que obran de cara a la galería. En el fondo o son tontos o son tan miserables como yo, lo que pasa es que quieren dar una imagen idílica de sí mismos pero son la misma mierda que yo y que todo el mundo.
La mierda de vida que llevo no tiene nada que ver con que yo no tenga trabajo. Si tuviera trabajo seguramente estaría mucho mejor. El que tenga envidia de mí es que es idiota. Hay gente a la que veo que me revuelve las tripas, encima eso. Tengo que aguantar la mierda de vida que llevo y a gentuza que no me merezco.

Si te deprimes, mira las cosas sencillas de la vida.

He intentado hacer una novela larga que me tuviera entretenido por las tardes pero ha sido mayor la preocupación de escribirla que lo que escribía. Me he quedado en la página 50. Luego, he leído esas 50 páginas y todo son impedimentos de la acción, o sea, que aprovecharé para hacer un relato de unas 40 páginas con lo que pueda salvar de esa novela que solo ha sido un intento. Todas las páginas web que hablan de las novelas y cómo hacerlas dicen que lo mejor es escribir de lo que sepas para no liarte y yo he empezado a liarme con escribir cosas de las que no sabía. Tenía que documentarme para hacer esta novela demasiado y por lo tanto, estaba perdido. De modo que no volveré a hacer una novela sobre algo que no conozca porque a mí eso de documentarme me pone malo.
Estoy pensando en otra novela que tenga que ver con un joven de barrio que no triunfa en la vida pero que se manifiesta satisfecho con lo que ha obtenido. Pondré alguna reflexión de este chico de barrio para manifestar yo, como narrador, lo que pienso de la vida y cómo me ha tratado.
"El tedio" de Moravia me sirve de inspiración en el lenguaje y en el avance de la acción. No sé por qué esa novela de Moravia se llama el tedio porque es bastante entretenido lo que cuenta.

Si no te sale una cosa, te saldrá otra.

Cuando se está bajo de tono vital o deprimido es bueno adoptar una disciplina horaria en tu vida que no haga necesario pensar qué vas a hacer en los momentos siguientes. Ir al trabajo se convierte entonces en una forma de orientar tu vida de forma efectiva.
Y pasar unas horas haciendo lo que sea, te distrae de tu depresión hasta que llegas a casa y ya debes tener resuelto qué vas a hacer en esos momentos: dar un paseo, escribir, leer o simplemente, ver la televisión. Así es más fácil pasar el día hasta que se te vaya la depresión y puedas entonces improvisar cosas como los buenos actores hacen cuando tienen un papel fácil por delante.
De todas maneras, cuando estás deprimido, no estás en la onda de los demás, estás como ausente y por eso hace falta premeditar qué vas a hacer y no dejarlo al albur porque si no, tu vida es más desordenada de lo normal y acaba en un desastre.
Así pasan unos días que pareces un robot con unas rutinas impuestas por ti mismo pero que son necesarias para que la depresión no haga que se desboque el desorden de tu vida.
Y es bueno también en estos casos, llevar un diario aunque los días sean igual de planos y aburridos. A lo mejor, en ese diario descubres algo que no se te pasaba por la cabeza y es básico para remediar la depre. Además, escribir lo que nos pasa es terapéutico.

Si estás deprimido, sigue un orden.


martes, 24 de enero de 2017

Hace un rato que me he levantado. He leído la prensa digital y no he visto noticia que me atañera. Hoy es un día para poder escribir mis historias. Mis historias no cuentan nada extraordinario. Son reflejo de la vida diaria. Ya quisiera yo que la vida diaria fuera extraordinaria y poderla contar. La vida, sin embargo sigue unos cauces muy normalitos y sencillos. Lo único que altera la vida diaria es el estrés, esa tensión que existe cuando lo que tú quieres y a lo que te obliga la vida es muy diferente. Lo que tú quieres es estar tumbado la mayor parte del tiempo para no sufrir y a lo que la vida te obliga es a trabajar.
Pero yo soy un caso excepcional. Excepcional, no privilegiado. Yo no trabajo. Yo no me levanto a las 7 de la mañana ya con el estrés pegado al cuerpo sino que me levanto a las diez, después de haber descansado ampliamente.
Me gustaría coger el tren e ir a algún sitio donde cantaran las aves y se oyera el rumor de las hojas de los árboles. Ese sitio sería primavera. Aún no ha llegado.
Me gustaría levantarme por las mañanas y escribir durante todas las horas epopeyas del obrero y amores del electricista pero no me levanto para eso sino para intentar saber de qué debo escribir y nunca me sale nada.

Apura el día, larga es la noche.


lunes, 23 de enero de 2017

Me pregunto estos días qué sentido tiene escribir historias. No estoy por la labor de inventar. El que escribe para que le den un reconocimiento se equivoca pero el que escribe para sí mismo puede que también se equivoque.
Si algo vale lo que yo escribo, debería valer para los demás, que los demás también disfrutasen de algo con valor.
Por eso, todo lo que yo escribo cae en saco roto pues no lo lee nadie. Mis invenciones no cruzan la frontera de mí mismo.
Psicológicamente, eso me afecta y por eso ya no tengo ganas de escribir, ya no me gusta que todo caiga en el vacío.
Pero no me queda otra que seguir escribiendo pues no veo otra alternativa a mis horas libres.
Si alguna vez lograra ganar un premio literario a mí tampoco me afectaría demasiado, no lo vería como un logro.
A mí lo que me gustaría es tener la idea de que soy escritor y me gano la vida de ello.
Pero como me gano la vida de otro modo (soy pensionista) lo de escribir lo tomo como un hobby que a veces me agobia porque me satura, me cansa, me aburre y no  me sale ni una línea.
Me ha dicho un amigo que espere a tener inspiración. Eso haré. Mientras, escribiré en este blog reflexiones como esta.

Ponte a escribir y verás un misterio.

Hay veces que nos preguntamos por el sentido de nuestras vidas. Yo creo que también lo hacemos cuando nos va bien en la vida. La vida de un triunfador parece que está llena de sentido pero tampoco es así. ¿Por qué pasa eso? Yo creo que es porque el ser humano es contingente desde que nace. Si existiera Dios (lo pongo en condicional porque no tenemos ninguna prueba de su existencia) sería el único ser que no ha necesitado de nadie para existir y cuya existencia no depende de nada ni de nadie. El ser humano es un continuo hacerse, es un continuo juguete del azar.
El ser humano se relaciona con otros seres inevitablemente y eso le lleva a dependencias, agitaciones y preocupaciones de todo tipo. Además, el ser humano sabe que sufrirá enfermedades, sabe que es débil y en última instancia, el ser humano sabe que morirá. No somos libres de elegir nuestro destino pues el destino nos sobrevuela, diciendo qué seremos o qué no seremos en el futuro.
No somos libres, pues, no nos hemos creado a nosotros mismos sino que hemos llegado al mundo en el seno de una familia que nos moldeará y luego vamos conociendo gente que nos creará dependencias. Otras dependencias son los hábitos que tomemos en esta vida (alcohol, tabaco), queridas sustancias que también nos harán más débiles pues toda dependencia nos hace más tristes.



Échate al mundo y el mundo te dirá quién eres.
 

sábado, 21 de enero de 2017

Las ocurrencias que aquí escribo me sirven para entrar en calor al iniciar las dos horas que van hasta las seis de la tarde que las empleo en escribir algún relato, alguna historia que merezca la pena.
Ayer estuve en un Taller literario de una academia. No estuvo mal del todo pero los compañeros que tengo no son de mi cuerda. Son jovencitos excepto una persona mayor. No tengo ninguna afinidad con ellos. Escriben de monos gigantes y de túneles de horror. No creo que dure yo mucho en ese taller.
El profesor es bueno. Nos mostró el test de Proust que yo no sabía nada de él. Nos aconsejó que hiciéramos fichas de los personajes y nos regaló una libreta para apuntar ocurrencias.
Leyeron escritos de algunos de los alumnos. A mí no me gustaron mucho las historias que contaron.
En fin, ya visto el percal, estaré un mes y me borraré. Nos ha mandado tarea el profesor: definir un personaje.

Últimamente, estoy un poco descentrado. No me creo mi propia vida
La vida que me está tocando vivir estos días no me mola. Si pudiera cambiarla por otra, lo haría de grado. En fin, a ver si vienen mejores épocas para celebrarlas viviendo un poco más feliz.

No te gusta lo que vives, pero lo vives.



viernes, 20 de enero de 2017

La vida es eso que nos va ocurriendo mientras hacemos planes. Hay gente que no hace planes, entonces, disfrutan doblemente de la vida. Con ello quiero decir que es mejor vivir la vida de un modo inconsciente, como lo hacen los niños.
Lo peor de mi infancia es que es pasado y que no ha dejado huella en mí. Yo ya no he vuelto a ser el niño que fui ni en uno de sus rasgos.
La pena de hacer planes es que siempre suelen fallar, nunca son como habíamos planeado totalmente. Así, aquel al que le gusta siempre estar proyectando en el futuro, se queda sin presente y su futuro no le acaba de gustar cuando se hace presente.
Yo, cuando trabajé de profesor, le debo a la inconsciencia de lo que hacía en el aula el 100 por 100 de mi éxito porque si me hubiera dado cuenta de la transcendencia o importancia que tenía aquello o de la importancia que le hubiera dado yo al hecho de explicar cosas a unos alumnos me habría agobiado de tal modo que dar una sola clase hubiera sido un infierno.
Por eso, hagámonos los ciegos al ir andando y así no nos asustarán los obstáculos o la fealdad de las calles y de las gentes que veríamos al andar.

Haz las cosas con sencilla candidez o no las hagas.

jueves, 19 de enero de 2017

Entre lo que escribo y lo que he escrito y lo que podría ser revisado para una posible publicación que siempre descarto, tengo el cajón lleno de historias. No sé si son historias atrayentes o le regatean a lo literario su condición. Pero las he escrito yo y he perdido un tiempo haciéndolo. Yo no soy buen escritor pero escribir me distrae y me llena de un contento más o menos satisfactorio. Nadie lee lo que yo escribo excepto mi hermano y siempre dice que es mala toda mi ficción.
Yo no escribo de guerras ni de aventuras. Pero creo que soy demasiado ramplón en el estilo. Mi estilo no llega, no transmite, no es especial. Da igual, con mi estilo llego adonde quiero llegar que es a un limbo de tardes en que me siento delante del ordenador sin aspirar a más que emborronar un documento Word.

Yo me pregunto mucho qué es escribir así como el herrero se preguntaría más de una vez sobre al invento de las herraduras y así, en una correlación existencial, todos nos preguntamos por el sentido de lo que hacemos más de una vez. Escribir, para mí, es pasar un rato agradable contando cosas.

Si sabes quién eres, eres como Dios.

Como llevo una vida laxa en que todas son horas no obligatorias, pues he conseguido hacerme un horario. Por la mañana voy a comprar el pan y a ver a mis padres. Luego cocino lo poco que sé cocinar. Como. Me echo la siesta que no es siesta sino estar tumbado un rato. Luego, de 4 a 6, escribo todo lo que puedo y procuro no agobiarme por si es poco o mucho. Solo deseo que lo que escribo fluya como un río tranquilo.

A las 6 me tomo una cerveza en la calle, sin amigos, sin gente, yo solo, a modo de termómetro humano que toma la temperatura a la tarde y a partir de las 7 me pongo a leer el libro que haya sacado de la biblioteca, sea este malo o bueno, todo alimenta.

Yo le digo a mi hermano que con esta vida que llevamos algo nos va a pasar y ni yo sé qué será lo que nos pase pero la envidia es muy mala y el vivir regalado trae factura.

En fin, la vida que llevo la desearía mucha gente pero nadie quiere ser enfermo crónico y nadie se ha tirado 20 años dando clase ni estudiando para sacarse una oposición y a nadie le gusta estar abstemio y no probar ni gota de alcohol ni drogas.

La suerte es muy relativa. Y muy puta.


A lo mejor, en la selva, rodeado de ruidos de la naturaleza, que no son artificiales ni humanos, comiendo el alimento que da la propia naturaleza, que no es ni cocinado ni sujeto a experimentación, totalmente desnudo porque la temperatura es cálida y única, uno se sienta como si fuera el primer humano de la creación. Y estando así no se le ocurrirían poesías ni cosas demasiado alambicadas sino que uno pasaría el tiempo observando, dando más trabajo a la vista y al oído que a la lengua, tratando de conservar las energías tumbado o cogiendo frutos para luego comerlos.
Y no como aquí, en este mundo urbanita y lleno de aparatos a los que hay que contestar, amigos y conocidos a los que hay que tratar, edificios en los que hay que entrar, puertas y escaleras que hay que abrir y cerrar y subir y bajar.
Es agotador pensarlo, las fuerzas que derrochamos en algo tan banal como atender relaciones sociales que según esta sociedad no debemos sobrevalorar ya que la gente es tóxica y mala, las necesidades que nos crean las marcas comerciales a cada minuto, casi a cada segundo: compre, compre, compre.
Tampoco hace falta vivir en la selva. De mi pueblo sale un camino que conduce a un encinar. Allí, debajo de una encina, echando un cigarrillo, no hay famosos, no hay cosas que comprar, no hay gente a la que decir hola. Solo hay el ruido del encinar.

Beatus ille.