jueves, 21 de septiembre de 2017

La gente no se entera de la gravedad del intento de independencia por parte de unos facinerosos que gobiernan Cataluña. Todo lo inició Mas a modo de filibusterismo político cuando vio a las masas de la Diada. Mas vio un filón político en esas gentes y empezó el rodillo que no se ha sabido parar. Incluso se realizó una intentona de referéndum a la que no se dio importancia. Pero la idiotez política en España cunde como la espuma y así se han ido juntando elementos a este intento de independencia como un partido de psiquiátrico como es la CUP. Mas debería estar hoy día en la cárcel, de la que se va a librar por la flojedad del gobierno de la nación. ¿No impulsó Mas un referéndum ilegal ya en su día? Pues por ello debe pagar. Lo que pasa es que este otro referéndum querían los facinerosos que tuviera cobertura legal. Y se cargaron la Constitución como facinerosos que son. Lo más sensato que he oído decir en estos días ha sido al actor Arturo Fernández: " que el gobierno dialogue con gente seria, no con estos que quieren arruinar Cataluña". Desde luego, la independencia sería una ruina para la región de Cataluña y para España y por eso hay que parar el intento como sea.
Me he dado cuenta de que "El país", periódico nacional, no informa convenientemente de lo que pasa y encima, a veces confunde a la gente que lo lee. Sus titulares son engañosos y no me gustan las fotos que pone. Además, hay una especie de buenismo en ese periódico que hace que parezca que todo el mundo es mejor. Pues vaya mierda. En estos momentos de incertidumbre política, incertidumbre informativa. Deberían plantearse en ese periódico de qué lado están y ser más rigurosos en lo que dicen a sus lectores. Lo digo porque leo los tres periódicos de tirada nacional y en los que una cosa es clara como el agua, en "El país" se trata como con miedo a decir la verdad. Me parece que este periódico apoya a los socialistas. Pues vaya futuro le espera, con dirigentes que dicen una cosa en Bilbao y otra en Madrid, que no saben defender España y que en concepto de economía no saben más que regalar dinero a mansalva como hizo ya el malhadado ZP. Si "El país" anda con medias tintas en lo que cuenta, habrá lectores que no se darán cuenta de la dura realidad y vivirán el cuento de hadas de que todo va a ir bien y que los de derechas son todos muy malos y los de izquierdas son como hermanitas de la caridad. Pues vaya plan.

martes, 19 de septiembre de 2017

Son las ocho y diez del día 20 de septiembre de 2017. Ya va clareando. Acabo de desayunar y de leer la prensa. La mañana que me espera ya la conozco y no creo que me depare sorpresas. Ansío ir a algún sitio desconocido o especial, donde haya música o la música me acompañe pero mientras me voy a ir a Las Rozas a eso de las nueve, después de escribir un poco. Tengo que acabar la novela de mi vida que ocupa unas cien páginas. Ojalá pudiera yo escribir la historia d e mi vida con mi propia vida, firmando una vuelta al globo o tirándome en paracaídas.
La vida va dando vueltas, como hace el mundo todos los días sobre sí mismo; la vida es una noria puede que un poco absurda, puede que un poco tiránica, puede que un poco insistente.
La novia que no tengo se desnuda para entrar a la ducha y mojarse el cuerpo con deleite antes de coger el metro y llenarse de la suciedad del ambiente. Luego trabaja hasta las tres.
Los perros son esos animales que viven tristemente con el hombre en las ciudades exhalando melancolía, sudando la pobre hiel que sudan los humanos.
Yo me retiro al camino, camino que me espera hoy. De su mano, llegaré al pueblo de al lado y luego volveré a casa. Haré un camino incesante y terco como la lluvia que no cae.
Yo debo ser un alma inquieta pues sueño con sitios lejanos, imagino historias con palabras, deseo conocer gente nueva. Deseo también la mezcla de estas tres cosas: escribir sobre sitios lejanos, conocerlos y charlar con gente nueva de esos sitios y esas historias que he creado o crearé con palabras. Todo bulle en mi interior y no he conocido a nadie con el que hablar de semejantes cosas. Me siento solo con mis inquietudes. Internet no me ofrece la oportunidad de conocer gente nueva pues esa gente solo desea el amor o el sexo y yo lo que deseo es el compartir historias o ideas del mundo frente a una taza de café. Yo soy quizás un intelectual sin intelectuales al lado. Por lo tanto mis ideas se diluyen en mi propia cabeza una vez pensadas. Yo me monto un mundo de ideas, palabras, historias creadas, deseos que no tienen fin pues la imaginación es fértil en la soledad pero no tengo con quién contrastar tales deseos o ideas o historias. La gente solo piensa en compartir la vida pero no los pensamientos. La gente quiere estar al lado de otra persona pero solo por el hecho de estar al lado de otra persona. La soledad es muy mala pero hay que gestionarla. Me daré un paseo hoy para ahuyentar la soledad porque el camino en el que se pierden los pasos reblandece la soledad y la transporta a algún lado.
Me está pasando lo que creo que pasa a los que llegan a la cuarentena y no se han casado o se han divorciado: su horizonte vital se ve reducido porque no tienen amigos, añoran una realidad del pasado en la que podían contar sus inquietudes y sus logros ante una audiencia que los hacía caso. Ya no hay nada de eso. Hemos perdido todos los amigos porque estos sí se han casado y tienen un proyecto futuro alejado de nosotros y además, es muy difícil hacer amigos llegada una edad. Entonces, hay que lidiar con la soledad impuesta, con la soledad que se ha ido almacenando con los años de perder amigos que forman parte de un pasado o un presente en el que no se puede contar con ellos. Hay que vivir solo porque quizás ya hemos perdido a nuestros padres, nuestros hermanos ya no están en nuestra órbita vital y los posibles amigos están en un limbo llamado internet al que no acudimos por desconfianza o por miedo. Repito: toca ser robinsones de la ciudad o el pueblo donde vivamos. Algunas conversaciones casuales nos hacen aterrizar en el mundo por unos momentos. Conversaciones con vecinos, con familiares etc. pero no nos ofrecen esas conversaciones la alegría que nos ofrecían aquellas del instituto, la universidad, el trabajo aquel que desempeñamos hace tiempo.
¿Qué hacer? Creo que debemos adueñarnos de nuestra soledad, hacerla nuestra y exprimir lo que tenga de bueno. El buey suelto, bien se lame, dice el refrán. Hagamos lo que nos dé la gana pues nadie va a pedirnos explicaciones de nuestra conducta. Pasémoslo bien aunque no tengamos un público que nos halague y nos diga que buenos somos. Practiquemos cosas sencillas como dar un paseo, hacer fotos, escribir, ir a Madrid... Sorprendámonos a nosotros mismos haciendo cosas valiosas como una novela. Organicemos nuestro tiempo como queramos y saquemos provecho de él. La soledad favorece el pensamiento y cuanto más pienses, más ideas vas a sacar para hacer y divertirte. Y, que no se me olvide, si no puedes reír, al menos sonríe.
Yo, a lo largo de mi vida como profesor, me he tenido que adaptar a, al menos, 17 institutos diferentes en veinte años. Yo era interino y seguí siéndolo hasta casi el final. Leo en un periódico que en la educación, uno de cada cuatro profesores son interinos. ¿Cómo va a funcionar bien la educación con esta variable tan mala en la que muchos están de paso en los institutos? Así no puede funcionar bien la educación. Porque el interino no está centrado, no tiene historia, solo sustituye. Ya es hora de que la administración educativa haga un esfuerzo para que no haya tanta interinidad. La interinidad crea injusticia en los institutos en los que el interino carga con lo peor y el profesor antiguo se deshace de carga lectiva. ¿Cuándo va a llegar el interino a la situación de un profesor antiguo? Cuando esté a punto de jubilarse, a los sesenta pues se ha tirado hasta los cuarenta y pico de interino y opositando. Una injusticia. Mientras, el profesor antiguo se va quitando tarea que endosa al nuevo, al interino, el interino sufre por sacarse una plaza que obtiene a los cuarenta, cuando ya se ha recorrido toda la comunidad de Madrid sustituyendo. Qué pena. Y luego echan la culpa a los chavales, a los padres, a los profesores. La administración debería mirar qué está haciendo.
"El sí de las niñas" es una obra de Moratín hijo que tuvo mucho éxito en las tablas. Es una obra sencilla que trata de una sobrina que van a casar con su tío viejo. Es horrendo pensar en tal casamiento, como le pareció a Moratín. Pero lo bueno de esta obra es el equilibrio que hay en ella. Transcurre en un día, en un solo escenario y también tiene unidad de acción. La acción es muy clara. Es una joya de la literatura neoclásica que quiso romper con el teatro fantástico y absurdo que había en aquel entonces. Sería un trabajo ingente cultivar el gusto de la gente actual con obras que llevaran mesura, enjundia y realismo al cine, a la televisión y a la literatura. No hay más que zombis, enajenados que ponen bombas, crímenes horrendos y sofisticados en la escena actual. No hay quien vea una película como Dios manda en la televisión, que tenga la medida del hombre: todos son exageraciones a cada cual más brutal. El buen gusto se perdió hace ya mucho tiempo y los monstruos abundan en todos los lados. El hombre no quiere al hombre en el arte: quiere violencia sofisticada y mucha acción que sonroja la inteligencia. Hemos llegado a la estupidez por la estupidez en la creación de historias. Es hora de contar la realidad del modo más claro, sin asesinatos, sin zombis, sin estúpidas persecuciones de coches. Nadie hay que escriba el guion de una película que llegue al corazón del ser humano. Yo, si pudiera, acabaría con estas películas pero no estamos en 1806, año del estreno de "El sí de las niñas".
El Escorial es muy bonito porque parece que te habla la piedra. En Toledo, cuando vas por las callejuelas, también te hablan los siglos. En Alcalá de Henares y en la Salamanca del Tormes te hablan las leyendas, las universidades, el Lazarillo, Cervantes que estudió en la ciudad madrileña y tantos otros escritores renacentistas que blandieron su pluma para quejarse o para crear otro mundo porque este no les gustaba. Me gusta el Renacimiento: se dieron en esa época el descubrimiento de los clásicos y su renovación y también un modo optimista de ver el mundo, un modo culto de ver las cosas. La primera parte del Quijote obedece a ese ideal de que las cosas tienen arreglo, de que la vida es bonita. Luego llegaría el barroco y la vida se sumió en un caos que Dios creaba para su desentrañamiento, su sutil análisis inteligente. Así son "Los sueños" de Quevedo y otras obras en prosa del autor, en las que todo está enmarañado, todo el mundo engaña. Me parece que vivimos un barroco en el que todo está mezclado y nada es lo que parece. La sinceridad y la verdad se han aparcado en un parking subterráneo y no salen a la luz nunca. Qué falta nos hacía un renacimiento de las ideas, de los cargos, de los que gobiernan, de la literatura, del amor y del hombre y la mujer que hoy en día están sumidos en un caos de confusión, de engaño, de divorcio continuo, de las pocas ganas de mostrarse tal cual uno es.





Me fastidia levantarme tarde. Pero así fumo menos y estoy descansado. Pero la mañana se me va. Este ritmo de sueño se debe a la relajación del verano. Pero dejémonos de particularidades sobre el sueño y analicemos un libro sobre Jung que ha caído en mis manos: es un libro de kiosco que pretende la divulgación clara del pensamiento del psiquiatra. Me ha gustado mucho porque habla del símbolo, de los tipos de personalidad que hay entre los seres humanos, sobre el análisis, no la interpretación, de los sueños y se compara a Jung con Freud. Freud era más ortodoxo, más frío que Jung en el análisis de la mente humana. Jung se interesó por un montón de disciplinas incluida la parapsicología. Todavía es verano. Mañana o pasado entrará el otoño y dicen que va a venir una racha buena para los escorpios. Yo no es que crea en el horóscopo pero es una forma de predicción del futuro como cualquier otra. En la predicción católica te dicen que te portes bien y así irás al cielo. ¿No es difícil creerse eso? O la bolsa, con sus acciones que suben y bajan. O la ciencia que crea hipótesis que no son nada fácil de demostrar. El horóscopo dice que tendrás buen día. Si no lo tienes, falla tanto como la religión, la ciencia o la bolsa.

viernes, 15 de septiembre de 2017

En las guerras hay reductos de paz y deseos enormes de que acaben. También hay en las guerras gente pacifista que trabaja para que acaben. En la guerra se desea la paz. Cuando hay desórdenes en un país, los dictadores afilan los dientes viendo una oportunidad de actuar. En las dictaduras, hay reductos de libertad y gente que lucha para que la dictadura caiga. En la paz parece que también hay un camino que se abre paso a la guerra por falta de entendimiento o deseos encontrados. Si el país es débil, ese camino de guerra llevará a ella. Si el país está consolidado, actuará el Estado y despejará esas ideas de ruptura o de deseos erróneos. En el género humano, si se está en un estado, se desea otro.
Quiero decir con esto que los países y los seres humanos estamos siempre en lucha contra nosotros mismos, deseando lo que no tenemos. Cataluña quiere ser una nación, aspiración sana si no perteneciera a España. ¿Habrá naciones que quieran ser provincias de otra nación? No sé si se habrá dado el caso. Argelia me parece que pudo ser provincia francesa. En fin, ya digo: soy esto pero pretendo ser aquello otro: el pan nuestro de cada día.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Estoy a punto de hacer una ensalada de dos lechugas que he adquirido hace poco en el pueblo de al lado. Comer siempre relaja, no solo el hambre sino también el ánimo y se recobra cierta alegría perdida después de saciar el apetito. Esto es lo que importa a un mortal como yo, no esas sandeces de repúblicas nuevas.
Los periódicos traen muchas noticias que agrían el carácter del que las lee por lo común. Las noticias que hacemos los mortales con cuatro cosas que nos valen cuatro duros valen más que todas las noticias del periódico. Mi ensalada es una buena noticia que voy a manufacturar yo mismo, sazonándola adecuadamente y trasegándola en mi interior. No es que haya que ser uno ignorante de las cosas pero sí saber dar a las cosas su importancia.
Y la importancia que tienen las cosas de mi alrededor es radical con respecto a tanto aparato que da vueltas por Cataluña o por Corea del Norte. Ojalá un día el mundo fuera perfecto pero eso nunca sucederá. Mi ensalada sí es perfecta a esta necesidad que siento ahora y como tal la voy a tratar.
En una democracia, hay que confiar en el ciudadano. Pero al ciudadano le da por montar repúblicas o por romper farolas o por poner bombas. En una democracia, el ciudadano debe ser instruido, así respetará mejor las leyes. Cicerón dijo que para ser libres, debemos ser esclavos de las leyes. Yo desconfío de los ciudadanos que no llegan al bachillerato y tienen una inmensa oferta de consumo que no llegarán a satisfacer porque tendrán bajos sueldos. Desconfío del presidente que diga que España es un hecho discutido y discutible. Es el mayor de los hijos de puta que puede encontrar una nación, el que la discute. Estos engendros políticos que nos hemos tragado, como los gobiernos imbéciles, han hecho posible, tiempo después, estos otros desvaríos de repúblicas.
Estos gobiernos de la ocurrencia han formado una excusa en la ciudadanía para hacer las cosas mal y decir que todo es válido. Una excusa ambiental para decir: todo el mundo es tonto y malo. ¿Por qué no puedo serlo yo?
Hijos de puta han gobernado pendientes de una fotografía y ahora tenemos esto y una posible repetición de otro gobierno imbécil.
Según está el mundo, uno no sabe qué pensar ya. Pero seguro que ya les sucedió a los romanos, que veían cómo su imperio decaía de día en día. Veían signos. A mí, lo que me molesta de la política y de la degradación que hay en la vida pública es que llega a la ciudadanía ese malestar de no saber quién tenemos al lado. Nadie se fía de nadie ya, o esa es mi impresión. Como nos han enseñado las llamadas élites a hacer toda clase de tropelías, las ensayamos también nosotros con el vecino y la convivencia se agría de modo irremisible.
Hace mucho que no amplío mi agenda de amistades y yo creo que también es por eso, por la cerrazón que tiene la gente ante los demás. Nadie quiere ofrecer una mínima confianza al otro porque ya ha oído demasiados casos de maldades que abriga el otro. El estar conectado continuamente a noticias malas pervierte sin duda la percepción que tenemos del mundo y ponemos una mueca de asco no solo ante las noticias sino ante aquel que nos brinda el saludo. Somos muy correctos con el otro, no sea que vaya a pasar algo pero no queremos saber nada del otro, no sea que vaya a pasar algo. De modo que el otro nunca sabrá nada de nosotros y nosotros no nos mezclaremos con el otro. Para eso se realizan seminarios y clubes donde conoceremos estrictamente al que tiene una afición como la nuestra o le guste la misma música que a nosotros. Pero jamás vamos a dar la mano a alguien que sienta o piense diferente que nosotros. No vaya a pasar algo como pasa todos los días en internet y otros medios de comunicación que lo ponen todo negro para que estemos asustados continuamente y no nos fiemos ni de nuestro cuñado.
Hay un intento de vivir mejor que no sé si pasa por conocer gente nueva que ayude a relativizar mi absoluto vital y mi rutina de días iguales. Hay un deseo de viajar aunque sea aquí al lado para ver cosas nuevas que relativicen el absoluto local. Hay un deseo de cambio. De todas formas, para agobiarme más y poner tasa a mi vida de alguna manera, he calculado que me quedan veintidós años de vida operativa. Lo demás, a partir de mis setenta años, casi sobra. La vida es breve, sí, y se hace más breve si no se vive.
Pero bueno. Es lo que hay. Podría yo estar peor de lo que estoy si evaluamos la variable de no haber podido tener independencia económica como tengo. En la vida hay muchos yugos que uno debe ajustarse al cuello como uno pueda y tirar para adelante.
El otro día estuve comiendo con un amigo que decía que para los cuatro días que está uno en el mundo más vale tener un montón de dinero para poder disfrutar. Yo no he tenido nunca ese pensamiento. No me han transmitido el deseo de dinero. Con lo que tengo, vivo. A mí, lo que me gustaría quizás, es conocer más gente para pasarlo bien. Y creo que ni eso, que la gente suele dar problemas. Los amigos, según dice la tradición, se cuentan con los dedos de una mano y sobran dedos. En fin, por muchos deseos que tenga yo de pasarlo bien, mi vida es mi vida y he de aceptarla como es, como hace el común de los mortales.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Una música lenta y tranquila se cuela insinuante por el corazón y hace olvidar los problemas del mundo. Estoy en una taberna de Segovia. Es pequeña. La sobriedad manda en ella. El dueño me ha puesto un café con leche y me he sentado en una mesa. El suelo es de losas del color de la sangre. Las botellas me miran desde su anaquel. La música es todo lo que reina en este recinto aparte del silencio de los hombres. Todo lo que pasa en la calle aquí no llega. Las noticias del mundo parecen haber muerto en cuanto crucé el umbral de la taberna. Todo en este recinto quieto es sosiego, reducida vivencia de pocas cosas, estoicismo repartido por cada rincón austero del lugar. Parece que los objetos hablan. Los vasos, la cucharilla, el suelo parece hablar un lenguaje silencioso como el silbido de una boca que prohíbe el rumor.
Hay un rumor, sí, como de cosa acabada para siempre, como de cosa hecha hace mucho tiempo que no va a cambiar. Cuando entré, me dolía un poco la cabeza pero al entrar, viví como nunca el instante ascético en el que no hay nada más que nuestras almas oyéndose. Descansé del ruido, descansé del calor y el sol, me tomé mi café. La oscuridad de la taberna parecía alumbrarme por dentro. La música seguía sonando libre, acogedora. Mis oídos oyeron una luz. Mis ojos se acostumbraron a la cegadora penumbra de la taberna. Pasé unos momentos felices. Entró una mujer joven. Pidió de beber. El encanto se rompió por momentos. Salí a la calle y triste, el mundo me recibió de forma cruel.
No he sabido valorarme: valorar lo que he hecho en mi vida y estar orgulloso de mis hechos. Creía siempre que cualquiera era mejor que yo. Me humillaba demasiado.
La verdad es que tiene mérito hasta dónde he llegado y cómo me mantengo. Otros en mi lugar habrían tenido demasiadas dependencias malas.
Yo y mi hermano vivimos independientes de mis padres y eso es importante tratándose de dos enfermos crónicos como somos.
No me puedo ni imaginar lo que hubiera sido vivir con nuestros padres: eso sí que hubiera sido una locura. Conseguí todo al aprobar la oposición. Ese fue mi gran triunfo, mi gran hecho.
El otro día vi una película en la que el abuelo de la familia, en su lecho de muerte, habla de que en la vida no hay que decir muchas cosas sino que la vida se basa en hechos. Cuánta razón.
La vida te da o te quita pero en la vida tú puedes conseguir cosas si te lo propones, no solo la vida es algo para quedarte mirando a ver cómo pasa.
Yo no me he quedado mirando la vida. He intervenido en ella. He ejecutado hechos que me han valido para mi presente. Soy lo que he hecho de mí.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Mi insignificante biografía no me permite estar orgulloso de mí mismo. Tengo ciertas inquietudes que parece que me hacen cosquillas y otras veces me molestan. Voy tirando, sería el resumen de mi presente. Y el de tantos, claro.
La verdad que mis años de profesor no los valoro y los años de "novelista" tampoco. ¿Qué valoro pues?
Pues valoraría coger la carretera y largarme a recorrer kilómetros.
¿Y por qué no lo hago? Una pereza ancestral me lo impide.
La carretera está ahí, es una extensión de alquitrán que une pueblos y ciudades. Pero yo no la surco. Yo no la abarco.
La vida quizás es un misterio de difícil solución. Lo único que desvela el misterio de la vida es la acción. La acción determinante y loca.
Pero pasaron los días de la acción y vinieron los de estar en una silla frente al ordenador.
Tristeza de amor, Tristeza vital. Un beso que se perdió hace ya mucho tiempo en el interior de un coche antiguo.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Me cuesta escribir porque la vida me ofrece pocas experiencias sobre las que hacerlo pero la pura rutina es motivo también de escritura. Me levanto con el mismo horizonte que ayer en lontananza vital. Haré lo mismo hoy que ayer y que antes de ayer.
Pero bueno, no vamos a dramatizar sobre un hecho normal porque todo el mundo hace las mismas cosas todos los días y no pone el grito en el cielo. A mí me gustaría viajar aunque fuese solo un poquito y lo pudiera hacer solo pero no lo hago. Una pereza inmensa me tiene reducido como la cabeza jibarizada de un explorador, a un territorio conocido y áspero como la piel de una serpiente.
Insisto: si no me muevo es porque no quiero o porque hago pereza, no porque no quiera. Ahí está Madrid con sus encantos o la sierra, con sus aromas de plantas silvestres. Puedo hacerlo todo, puedo pasarlo bien y no lo hago. ¿Por qué? Solo porque soy un pusilánime sin perdón.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Ayer me dijo el horóscopo que tuviera una experiencia nueva, "sea la que sea". Una amiga me mandó un whassap diciéndome que lo importante es disfrutar del día a día, de lo que te ofrecen las horas sencillas. Ahora hay mucha movida sobre interpretar lo que es la vida y lo importante de la vida y se hacen frasecitas más o menos creativas sobre lo que es pasar la vida y tal, del tipo: aprovecha los momentos que no volverán y tal que crean una angustia en el que recibe esos mensajes no lo estará haciendo mal, no entendiendo la vida como Dios manda. Uno se levanta por la mañana y piensa quizás que debe aprovechar el instante, las cosas sencillas de la vida, debe disfrutar del presente, etc. Y eso precisamente es lo que está haciendo pero quizá no disfrute demasiado de su presente porque su presente es muy parecido a un insulso paso de las horas y ahí viene el problema: el paso de las horas, tan soso que no da ni para paladearlo. Pero es así tu presente o el de cualquier otro. Disfrútalo entonces, de tan sencillo que es tu presente, te da la sensación de que no merece la pena vivirlo y de ahí el problema, el eterno problema de un presente aburrido.

martes, 5 de septiembre de 2017

Otro día más. Aquí, frente al ordenador, leyendo las noticias del periódico. Ya quedan lejos los días de hotel, en vacaciones. La playa, me la imagino, estará ahora más vacía quizás que cuando yo estuve pero de todos modos, preciosa, con sus olas que vienen y van, vienen y van. Y esa carretera que nos trajo a la meseta desde el norte, qué maravilla, que corto se me hizo el viaje.
Las vacaciones es lo que tiene, que pronto pasan, que ni nos acordamos ya. Pero allí estuvimos, en la playa de San Lorenzo, yendo y viniendo por el paseo marítimo.
Estos días de septiembre son calcados unos a otros, no se añade nada nuevo a ellos. Ayer hice la compra con mi hermano y luego fui a dar el paseo con él también. Nos lo pasamos bien con cosas sencillas, como el paseo.
Hoy comeremos crema de calabacín y filetes de pavo.
La vida comienza un día y luego se pone a rodar por no sé qué sitios y ya no para. Rodando y rodando se va impregnando de cosas. Cosas asquerosas o maravillosas, depende. Y así es la vida. 

viernes, 1 de septiembre de 2017

El desánimo cunde pues la soledad cada vez es más sonora. Hoy viernes no hay ni un indicio de fiesta ni de pasarlo bien. Simplemente, lo de siempre. Hay perros que ladran a la luna con la ansiedad de los solitarios y siempre acuden a la plaza pública a hacer saber a los humanos su soledad. Hay fiestas en algún rincón de la ciudad, las oigo, veo cómo se forman desde por la mañana pero yo no estoy invitado, yo solo soy un espectador de uñas muy bien pintadas y labios sensuales que se agitan en una terraza de verano de grandes dimensiones.
Yo solo soy como un viejo al que se le mira con pena, un viejo al que ya no invitan  a las fiestas porque no va trajeado ni a la moda. Yo me siento infeliz de no pertenecer ya a un grupo, un gran grupo de amigos con el que todo fuera posible. Solo conozco a unos mendigos y a unas cincuentonas tristes que solo hablan de los bizcochos que compran en el súper y de su orina triste.
Es penoso haber llegado hasta aquí. Pero no me quejo. Voy viviendo, voy viviendo y espero solo un poco de vida, el suficiente, para seguir muriendo.

jueves, 10 de agosto de 2017

A diez de agosto de 2017, las temperaturas han descendido 10 grados hasta parecer agosto una sorprendente primavera. Esto no hay Dios que lo entienda. El viernes pasado me recluía en casa hasta las siete para no sufrir el calor de los cuarenta y pico grados. Bueno, voy a escribir de libros leídos. Yo me he leído "Las aventuras de Huckleberry Finn" pero no me acuerdo de nada. Todos los libros que son aventuras no se me quedan en la memoria. Así me pasó con "Oliver Twist" y "Nuestra Señora de París". Disfruto mucho leyéndolos pero luego no me acuerdo ni del más débil hilo argumental ni de una anécdota graciosa y ni de nada.
Hace mucho tiempo, el primer año de estar yo jubilado fui a Madrid en busca de una edición de "Los miserables" que se leyera bien, que tuviera buena letra y me lo leí de corrido hasta el capítulo que pone "Cosette" y ahora me lo voy a llevar al pueblo a leer todo lo que sigue. También me estoy leyendo "Nadar desnudas" de Clara Guelfenbein, que me da una idea de la narrativa muy sencillita, de la que podría aprender yo algo. La vida la reflejan las novelas de manera esquiva algunas veces y otras en todo su esplendor. Yo, escribiendo, procuro entretenerme y crear situaciones extrañas que cautiven al lector. El final de "Las uvas de la ira" hizo que recordara todas las penalidades anteriores de esa familia, es un final como pocos. No he leído algo igual en mucho tiempo. Hay un chiste de uno que va a una librería y dice "¿qué tienen?" Y el librero dice "El viejo y el mar". "Pues deme el mar". No he visto un cuento más sencillo que me dejara más frío que este cuento o novelilla, aunque digan lo que quieran de él. Sin embargo, "Fiesta", del mismo autor, me conmovió mucho y me gustó. No pude acabarme nunca "Por quién doblan las campanas". Entre los libros que leí el año pasado por agosto, destaco "La vida en sordina" de un autor actual inglés. Es bueno, es curioso pero me gusto más "Alta fidelidad" aunque se hable en él demasiado de autores musicales. El último libro que saqué de la biblioteca es de Grossman, autor ruso que tiene mucha crítica buena. Lo leeré en septiembre. Tendré que volverlo a sacar. Y dicen que "Lolita" es muy transgresora y tal pero no me enteré bien de la historia, no la vi tan espectacular.

lunes, 7 de agosto de 2017

En la España de los cuarenta y pico grados, procuro escribir de recuerdos de novelas para matar el tiempo de calor que va de las tres a las siete de la tarde. Aúlla el viento y dicen que mañana martes van a bajar las temperaturas. Recientemente, me leí "La voluntad" de Azorín. Son una serie de diálogos en los que Azorín y su mentor en Yecla, Yuste, repasan la vida cultural, religiosa, espiritual de España. España estaba atrasada en los pueblos que vivían pendientes de los oficios religiosos. Azorín, luego, va a Madrid a intentar triunfar como periodista y escribe y escribe un montón de artículos. Me gustó cuando Azorín va a Getafe a visitar a un jesuita que llevaba un colegio en Yecla y cómo este hombre está de los nervios allí en Getafe. Y cómo transita la vida en Madrid, tan rápido para un hombre de pueblo y cómo pasa necesidad el autor en Madrid y la amistad que tiene con Pío Baroja y cómo se casa con Iluminada. Y la vida de la monja que al fin muere. Qué tiempos, qué modo de vida. Puedo comparar esta novela con "El árbol de la ciencia" de Baroja. Qué falta de creencia en la vida hay en las dos novelas. Qué via crucis la del médico que quiere seguir una vocación en aquel tiempo de crisis. Pero es que los del 98 fueron muy pesimistas. Yo creo que no reflejaron la vida tal como fue sino su visión del mundo pesimista. La que no me he leído es "Paz en la guerra" de Unamuno y no sé si es también de corte pesimista.
Lucho con mis palabras y mis sensaciones como lector al tratar de expresar lo que me sugirió "Luz de agosto" de Faulkner. Yo creo que es una obra tan extensa en el deseo de comunicar sensaciones que se pierde en las sensaciones mismas. Recuerdo que había una casa habitada por una señora mayor y un negro que la mata e incendia esa casa antes de huir. Hay una persecución. Pero yo me pierdo en lo de las sensaciones: la atmósfera, las palabras, los sentimientos que quiere reproducir el autor. Me gusta más una literatura más directa. Para entregar a tiempo esta novela tuve que saltarme bastantes párrafos para saber el final del que no me acuerdo. Me gustó el perfil del sacerdote que ayuda a una chica negra: está muy bien trazado. Esta obra se escribió en los años treinta. He mirado el argumento en Wikipedia pues yo ya no lo recordaba bien. Por compararlo con otra obra la compararé con "Manhattan Transfer" que me gustó mucho aunque su hilo argumental también se me diluye en el recuerdo. En esta otra obra, las cosas son más concretas y físicas, no tan subjetivas como en la del sureño. Tan denso es Faulkner que a mí me cansa. Procuraré leer otra obra de este escritor al que la crítica valora como a un Dostovieski aunque a mí no me atrae mucho.
Este blog o entrada de blog solo va a servir para justificar que me eche un cigarrillo tras haber consumado un pequeño esfuerzo como es escribirlo. Hoy hace tanta calor como debía hacer en la playa argelina donde el protagonista de "El Extranjero" mata a un árabe de unos disparos. Dice mi hermano que esa novela es absurda. Puede que tenga razón. En qué estaría pensando Camus cuando la escribió. En la novela "El coleccionista", el secuestrador se siente una vez como un gusano por efecto de la mirada de la secuestrada. Hay veces que el ser humano, a nuestro parecer, es peor que un gusano y se lo hacemos saber con nuestro pensamiento que se traduce en una mirada. En la novela "Orígenes" de Malouf, me lo pasé bien con el personaje que es profesor, negociante, poeta y unas cuantas cosas más. Es un hombre completo de la Siria prebélica y admirador de Atartuk, el gigante turco. En "El Lazarillo" todos engañan a todos y se burlan unos de otros, pero en la novela picaresca posterior ya no se cuenta de pobres pícaros sino de delincuentes hechos y derechos.
Yo "El gran Gatsby" no la entendí y me la leí entera, así como no entendí muy bien "Fiesta" de Ernest Hemingway. No se sabe qué hay entre los personajes pero los diálogos son muy buenos.

domingo, 6 de agosto de 2017

Al igual que Bob Dylan nos canta sobre solitarios vagabundos, la literatura está también llena de desdichados. No sé cómo acaba  Ana Karenina pues aun no la he leído pero supongo que mal, al igual que la Regenta o los personajes de Dostovieski. La vida pasa factura al igual que la literatura se la pasa a sus personajes.
Todos podemos convertirnos en una cucaracha. Todos podemos vivir una noche mala en Nueva York. Todos somos el capitán Ahab. De eso se trata. De que todos tengamos algo de esos personajes a los que dio vida la imaginación de un escritor.
He estado leyendo "El coleccionista". Me parece una buena novela. Cómo lleva el autor una relación de tan solo dos personajes me parece fantástico. Cómo va dosificando el conflicto y el drama que hay allí, entre ellos. Cómo, la solución nos la va a ofrecer después de registrar todos los matices de la relación cruel que se da entre ambos. Y he leído "El hombre de traje gris". Me parece una historia bastante convencional, no muy original en la idea pero no la he acabado. Esperaré a ver qué me ofrece. Y he leído "La vida negociable" de Luis Landero. Que es una mezcla de vida de pícaro y de descripción de un alma humana podrida, que empieza mal ya desde los inicios. Parece una novela construida a golpes de invención pero tiene partes muy buenas.
Y en fin, he leído "El calor de agosto" pero solo, dentro de casa, como si el calor que hacía en la calle fuera audible, físico, corpóreo. Es una novela asfixiante, futurista y amarga, como el destino de los hombres.

sábado, 5 de agosto de 2017

Son las cinco y 35 del sábado día 5 de agosto. Bajo una ola de calor me veo recluido en casa. Para entretenerme, he escrito un blog sobre el calor, el cambio climático, sobre "Los otros", una película de fantasmas y sobre mí mismo. No hay que perder las sanas costumbres. A las ocho, pienso pasear hasta las Rozas. Me he fumado un cigarro y he bebido dos vasos de agua. A las seis, cuando concluya de escribir esto, me iré a ver a mis padres. Hay que matar el tiempo. Hablaré de "El hombre del traje gris", novela que me estoy leyendo. Parece una novela muy normal sobre el progreso económico de una familia un poco desastrosa. El padre vive de los recuerdos de un pasado lujoso, de una intervención como paracaidista en la guerra y de cómo afrontar su presente problemático. Tenemos, pues, el personaje problemático de todas las novelas. Hay un toque de humor con los hijos de este personaje. Todos contraen la viruela. Contratan a una nanny muy graciosa. No sé más. Solo sé que me está gustando esta familia que tiene un interrogante en la pared de su casa. Se parece mucho a la vida esta novela, que queremos que salga bien y luego nos conformamos con que salga únicamente y con pasar el día.
Ahora voy a hablar de Fernando de Rojas, autor de "La Celestina". Tenía una gran biblioteca personal. Fue alcalde de Talavera de la Reina, una buena población española. Pero era converso en un clima de antijudaísmo grande en la época. Fue un hombre pesimista. Por eso se mueren todos en "La Celestina". El humor del escritor establece una línea de creación en lo que escribe: si el escritor es pesimista, su mundo creativo tenderá a una crisis. Si es optimista, tenderá a la luz. Lo más lógico es una tragicomedia: luces y sombras esparcidos en los personajes y en el argumento. Lo que a mí no me gusta es la fantasía gratuita: vampiros y gnomos a gogo. Me gusta "La Celestina": es muy real y muy creativa en el lenguaje y en la creación de personajes que serían inmortales.
Son la 5:50. Me quedan diez minutos para escribir. Mi casa está en silencio. Se adivina el reverbero de la tarde. Escribiré de "El Jarama". Es una novela escrita por Sánchez Ferlosio. Quizás sea un tipo pesimista. En una excursión de chicos de Madrid, una chica se ahoga en el río. El río Jarama es bastante importante en la provincia de Madrid. Pero no sé por dónde pasa. Nunca me lo han explicado. Cosas de la educación española: te sueltan un rollo de la novela del siglo XX y no te dicen nada del río ni de nada. Ni te llevan al río de excursión donde pasó todo. Dicen que Ferlosio fue con un magnetófono grabando las conversaciones de los habitantes de las orillas de ese río. Pero no fue así: el captó el lenguaje de esas gentes. De hecho, esta novela es una enorme conversación. Quizá Ferlosio era de los perdedores de la guerra o de los que no se sentía a gusto con el régimen de Franco: de ahí el pesimismo, de ahí el ahogamiento en el Jarama de la chica. Visto desde el sentido de la vida, el argumento de "El Jarama", no tiene sentido alguno. Todos los excursionistas viven para el instante siguiente. Nada tiene sentido en esta novela. Quizás solo las palabras, el lenguaje que se crea, que crea el escritor. En fin, España ha dado muchos pesimistas a la literatura y los seguirá dando al paso que llevamos. 






Son las cinco de la tarde del sábado día 5 de agosto. El paso del jueves al viernes día 4 ya avisó: una noche muy cálida y sin apenas brisa auguraba otra ola de calor. El viernes hizo un calor inmenso y hoy sábado sudamos todos sin quererlo. Seguro que hace una temperatura de cuarenta grados para arriba. Esta mañana hemos bajado todas las persianas y me he levantado sin ganas de hacer nada. No he ido a comprar nada de comer, solo una barra. En la calle, el agotamiento solamente por andar era la norma.
Ahora, a las cinco, después de haber comido gazpacho y una lata de calamares en su tinta, he intentado dormir pero no he podido. Mi casa está a oscuras. Fuera, se adivina un calor infernal. En Radio Nacional, en su programa "documentos", han hablado del cambio climático. Todos los años se rompen records de calor en el sur de Europa. La gente parece que se conciencia. Ojalá prefiriera no hacer nada, quedarse en casa, que coger el coche para hacer el gilipollas. Y no comprara cosas absurdas llenas de envoltorios de plástico. Ya te digo. Además, he estado viendo en la tele este mediodía un programa que se llama "héroes invisibles" que va de gente que vive en barrios pobres keniatas (slams) o gente que lleva a residencias a niñas embarazadas que mendigan en las calles de Nairobi. Después de ver ese programa, en el que salen niños esnifando plástico para no sentir hambre, llenar la botella de agua del grifo me parece una especie de milagro cotidiano al que no doy la necesaria importancia.
Pero lo que hay que relatar hoy es la ola de calor que nos asola. Ella es la verdadera protagonista de nuestros días de primeros de agosto porque no nos deja hacer una vida normal, sino recluirnos hasta las ocho de la tarde que es cuando ya se puede salir a la calle y con todo y con eso, se suda la mar de bien.
Ojalá se reconvierta el proceso y todo vaya bien porque no se sabe si la humanidad se adaptará a una atmósfera que ya estuvo así hace 2000 años, concentrada de gases en una proporción inusitada.
Son las 5 y 22. La casa está a oscuras. El calor, fuera, nos recuerda que somos mortales y torpes. Yo ayer vi una película de fantasmas, "Los otros" y no estuvo mal. Hoy, el fantasma es el calor, un fantasma grande, cruel y poderoso. Temámoslo.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Este verano nos está respetando el calor. No están haciendo unas temperaturas insufribles. Estos dos primeros días de agosto, además, aunque yo eche de menos un viaje, están siendo muy tranquilos, una pequeña delicia.
Charlamos con las amigas, paseo largo, escribo, hago algo de comer y me tumbo un buen rato la siesta. Solo echo de menos viajar un poco pero esta vez tiene que ser solo. Paco no viene.
Hoy tengo que hacer acelgas con bechamel. No es difícil.
El sol calienta pero no quema. Los días se hacen cortos por lo suaves que son. El verano va pasando tranquilamente. Ayer me senté en un pub y oí cómo unos chicos hablaban de negocios.
Me comí un helado.
La tristeza de vivir ha quedado atrás. Ahora la vida es como ir en una balsa por el medio del cauce del río. Nada más que surcar y surcar las aguas sin ningún problema. Lo único que añoro es coger la carretera y hacer kilómetros hasta llegar a alguna parte distinta.

martes, 1 de agosto de 2017

Al volver a Majadahonda, volví a dormir en mi colchón grande. En el pueblo dormíamos mi hermano y yo en una habitación muy pequeña en unas camas nefastas y los fines de semana teníamos que aguantar la fiesta de los inquilinos de la casa rural que colinda con la nuestra. Unas voces desaforadas de gente drogada y alcoholizada que se prolongaban hasta las cuatro de la madrugada las noches de viernes y de sábado. Paco los quería denunciar pero no lo ha hecho.
En el pueblo, por las mañanas, siempre éramos los mismos y muy pocos así que yo he procurado leer y escribir. Me ha salido una historia más o menos perfilada. Por la tarde, después de tomar café, me tumbaba en la cama mientras la tele daba las dos telenovelas que siguen mis padres. Luego me daba un paseo hasta una huerta lejana y luego me duchaba. Era un manera de matar el tiempo. Dos días hemos ido a Segovia y hemos roto el ritmo impuesto por el pueblo. Otro día he estado comiendo pipas en la plaza toda la tarde.
Otras veces he estado en el bar, aburrido mientras los viejos jugaban a las cartas. El tiempo se espesa en el pueblo y va muy lento, muy lento.
Al ver tanta gente desconocida en Gijón y en tanta abundancia a mí me entró una sensación extraña precisamente sobre la gente: me parecía una especie de epidemia. Tuve un sentimiento sobre la humanidad durante un tiempo en que asimilaba la población de seres humanos a las cucarachas, a una especie de bichos que se reproducen sin cesar. Ninguna persona me decía nada; quiero decir que las personas me parecían de carne solamente, como si no trajeran con ellas ningún tipo de afecto o alma. Luego que llegué al pueblo, este sentimiento menguó y me pareció todo más normal en cuanto al género humano porque ya tuve trato con él, trato concreto. En el pueblo he aprendido a pasar las horas sin hacer absolutamente nada que no sea mirar, descansar de nada, estar sentado o tumbado. A veces me ponía a escribir y la tarde parece que pasaba más rápido. Esto se debía a la despoblación que había en el pueblo. La plaza la habitaban los mismos viejecitos de la mañana a la tarde. He charlado con ellos pero su conversación se repite. He estado solo o con mi hermano y nos lamentábamos de que en el pueblo no había nada. Era verdad. No había ni una persona de nuestra edad con la que intercambiar una conversación. Uno del pueblo me dijo que de cada cinco casas, tres están vacías. Sin embargo, hay niños pero los padres no los he visto. Estarían trabajando. Los fines de semana había algo de movimiento pero a la tarde volvía la monotonía: la población anciana otra vez.

sábado, 15 de julio de 2017

Ya hemos venido de Gijón. Gijón es una especie de capital de todos los pueblos de alrededor, mineros pero ya sin industria ni minas. En Gijón me compré un libro que se titula "La vida negociable" de Luis Landero que es la historia de lo que se llamaba antes un randa; o sea, un elemento; o sea, un indeseable. La visita a Gijón y ver gente y gente y gente desconocida todo el rato me ha dejado una impresión en el cerebro y en el sentimiento de que los humanos somos como una epidemia así como bichos o cucarachas. Todos vestidos casi lo mismo, todos haciendo las mismas cosas a las mismas horas, todas ya casi pensando las mismas estupideces. Me daba miedo convertirme yo en una cucaracha como Gregorio Samsa. Menos mal a la compañía que me ha hecho mi hermano con el que he compartido conversaciones muy sabrosas sobre la vida y sus milagros y sus miserias.
Eva es ya algo que debo olvidar y pasar página. Lo tengo cada vez más claro.
No me he leído el libro de Grossman "La vida fluye". Lo tengo que entregar porque no voy a poder leérmelo ya que estaré en el pueblo. Estaba yo con la introducción.

jueves, 6 de julio de 2017

Me levanto tarde por la mañana y está el cielo gris como la ceniza. No me gusta este cielo. Yo pensaba marcharme de la ciudad por el calor, por el sol, para buscar el norte fresco. Me he dado cuenta de que mi exnovia me ha estado minando la moral durante mucho tiempo. Ahora, como consecuencia, no me gustan las mujeres, la ligazón que hay en las mujeres que hace que los hombres se unan a ellas, nos unamos a ellas. Muchas mujeres esperan la ocasión de unirse a un hombre para urdir la tela, para convertir al que está a su lado, para volverse egoísta como nadie, para no dejar ya de mandar en el otro, para volverle del revés como a un calcetín: no hagas esto, no hagas lo otro, no vayas con esos, vamos a tal sitio, no fumes... etc. etc. etc. Qué asco. qué opresión. Qué dictadura.
Pasará el tiempo y yo seguiré teniendo el ejemplo de mi exnovia en la oreja para recordarme cómo son algunas mujeres a las que mejor ni hablar, no vayan a engatusarte. Mandonas, enredosas, liantes.Las hay a miles.
Líbranos, señor, de mujer mala. Es la peste más grande que se puede contraer.

miércoles, 5 de julio de 2017

La luna ha estado fosforesciendo toda la noche y he tenido que bajar la persiana. Mis padres ancianos se levantan con la fresca y van a dar un paseo. No hay nada para comer. Tengo que ir al supermercado a comprar pescado. Antes iré a casa de mis padres, que es una casa sobria como un pan. He leído "La voluntad" de Azorín. Azorín dice muchas veces que avanzamos hacia la nada, que hay un eterno retorno inútil en este mundo. El sol ya calienta los huesos de manera insistente. La gente está nerviosa por el calor, se le enciende la lengua, dice cosas que quizás no quiere decir y luego se lamenta. Hay un viaje en el futuro, hay muchos viajes que no van a ningún lado. Hay una ciudad en el Norte. Hay oscuridades de la gente que nadie sabe escudriñar. La vida se reparte como un viejo pan. La gente pasa necesidades. Hay 8000 desahuciados en Madrid. El día pasará por las calles como el hálito de un moribundo y morirá también este día. Pasan coches, siempre pasan coches. No tengo muchas ganas de vivir y estoy nervioso.

martes, 4 de julio de 2017

Hoy ha sido un día de locos. Quizás el calor y el internamiento obligado en casa han hecho de las suyas. Resulta que mi hermano y yo vamos a leer la prensa. Quiere el destino que el periódico vuele por una ráfaga de aire y se deshoje por entero. Mi hermano me acusa de haberlo hecho yo. Yo le llamo payaso mientras estoy agachado cogiendo las hojas: Mi hermano dice: Te piso el cuello Yo le digo que no vamos a Gijón. Me voy a pasear. Luego todo vuelve a su cauce.
Paco está nervioso y callado. Lo noto. La idea de los kilómetros para él no es agradable porque conduce. En fin.
Por otro lado, el siglo XXI no llega a muchos sitios. Los futurólogos y futuristas dijeron que pasado el año 2000, el bienestar iba a llegar a todo confín y todo se solucionaría apretando un botón. Sin embargo, en todo este siglo XXI que llevamos, que no es poco, me pasa como al que fue al oculista y dijo que algo debía tener en la vista que no veía más que hijos de puta. Terroristas, políticos corruptos y mucha gente fea he visto en este siglo. Ojalá se reconvierta tanta mierda humana.
Estoy leyendo las noticias digitales y me pongo nervioso, estoy en tensión. Las noticias suelen ser malas, negativas, tensionan la actualidad. Los independentistas catalanes hacen lo posible porque se produzca el referéndum de independencia. Quieren la independencia. Lo bueno sería saber si los catalanes, los ciudadanos catalanes quieren de verdad la independencia. Los políticos han logrado introducir ese virus en la sociedad catalana y es ahora difícil combatirlo. Los políticos catalanes independentistas manejan como pueden a la masa, la adoctrinan, intentan convencerla de que una Cataluña independiente será mejor. El nacionalismo se nutre de mitos sobre la propia nación para hacer que esa nación sea más importante de lo que fue. Sigo estando nervioso, a lo mejor es porque el viernes me voy de vacaciones o tengo que limpiar el baño o hay algo en mi interior que bulle como un hormiguero.
España es un país incomprensible, no se reconoce a sí misma, lucha por existir contra los propios españoles. La economía parece que va bien pero la política siempre estará revuelta con ensoñaciones de políticos y de masas cerriles o de ideas visionarias. España no descansa de los propios españoles, España lleva cuarenta años de paz y concordia, exceptuando la ETA, y vuelve a la carga con deseos de separatismo, de odios, de incomprensión. España son los vascos y catalanes por un lado y luego, todos los demás. España se desmiembra sin remedio, se hace un huracán de adversarios políticos que tiran de la cuerda. Los vascos y catalanes son más que nadie en España, quieren ser algo más que españoles, quieren su pequeño territorio separado por una frontera que les aleje del maketo, del charnego. Son ellos: los nacionalistas.

lunes, 3 de julio de 2017

He estado este fin de semana en el pueblo. Fuimos a ver a Segovia a una amiga de mi madre en el barrio del Carmen, al lado del tanatorio. Paco y yo anduvimos por el barrio, un barrio muy tranquilo, de calle largas. Vimos un cartel muy pequeño que debería ser más grande que decía: "la droga no te hace libre; la lucha, sí", de un partido de izquierdas castellano. En Castilla no hay movimiento político, la gente es muy reaccionaria o simplemente apática. Cuando he venido a Majadahonda, he oído a un vecino la expresión "caciquear" en el sentido de meterse en todas partes por el interés. No hay más que caciques en los ayuntamientos, copiamos de los selváticos andinos la forma de gobierno. Ayer, en el pueblo, oí a un hombre que viene de Mondragón decir que no se crean puestos productivos, nada más que funcionarios. No hay industria en España, en los dos sentidos de la palabra. No hay más que ladronicio, cargos interesados, corrupción, paro y reformas. Vivimos en el país de las reformas, como se vivió en el de la regeneración. No hubo nada. No va a haber nada. España está abocada a tener enemigos dentro de sus propias fronteras. Es una lástima, pero creo que decía Voltaire que es el país más fuerte pues resiste a los propios españoles.
Ojalá haya un día que España parezca un país de verdad.

viernes, 30 de junio de 2017

Resulta que esta noche he estado parte del sueño en duermevela. Espero que se solucione porque dormir así es muy desagradable y no se descansa bien. La sensación es que duermes pero a la vez, estás como despierto. Lo que ha pasado es que me he levantado muy tarde de la cama y encima se me ha metido en la cabeza como una especie de obsesión la limpieza de la casa que he postergado demasiado. La semana que viene tengo que barrer el suelo y limpiar el baño y  un poco la cocina. Como no lo haga, me darán arrepentimientos y malas ideas. El viernes que viene me voy a Gijón y quiero dejar la casa limpia.
Hoy se celebra algo de Víctor Hugo. Yo leí "Nuestra señora de Notredam" y "Los miserables". Son muy buenas las dos. Los sentimientos que logra retratar Hugo en sus novelas son casi únicos y propios de él, sentimientos desgarrados, muy fuertes. Los débiles siempre muy bien descritos, Hugo hace que nos dejemos llevar por las lágrimas del que sufre siempre.
Bueno, la vida es ese oscuro manto de desgracias que nos rodea y que deseamos que no nos cubra a nosotros algún día. La vida también es esa esperanza de llegar a viejos fumando y disfrutando del pan y el vino. La vida es una moneda de dos caras. La que caiga para arriba es la que te marca para siempre. La vida no es sorpresa, la vida es un destino acuciante y cruel.

jueves, 29 de junio de 2017

Estos días he estado preocupado por la inyección que me pusieron hace un mes y ahora, el día 27 pasado, me la tenían que volver a poner. Resulta que una enfermera mayor y quizás por eso, torpe, me hizo un daño de modo que anduve medio cojo pues del glúteo se me pasó a la pierna el dolor. Estuve así dos semanas. Como mi enfermero está de vacaciones, me tocó la misma enfermera pero se lo advertí: me pusiste mal la inyección. Ella decía no sé qué del precipitado. Me la ha vuelto a poner bastante mal y siento dolor al andar. Encima, llevo desde el domingo pasado con unos ardores grandes en el estómago y para rematar, he estado con dolor en la lengua no sé si por una llaga o es que me he mordido al dormir. Hoy, me he levantado mal porque me han dado muchos ardores mientras dormía y no se me han pasado del todo. Encima, hace un tiempo ventoso que me pone mal y el verano está tomando un cariz un poco oscuro, arbitrario, desasosegante. Si me voy a Gijón, ya no huiré del calor mesetario ni sé si me podré bañar en el mar. No sé en qué cagarme.
La vida está hecha de muchos despropósitos, entre ellos, nosotros mismos; por eso, San Agustín debió de decir: yo soy mi mayor problema.

miércoles, 28 de junio de 2017

Hoy ha amanecido con frío, según mi madre que conoce todos los amaneceres. Luego ha estado ventoso toda la mañana. Ha llovido un poco. Parece como si estuviéramos en otoño. Voy a ver si después de quedar con mis amigas, me voy a Las Rozas andando, así me despejo de esta noche que pasé en duermevela.
La vida atrae al futuro y lo convierte en recuerdo rápidamente. Lo que hoy no es, mañana será y luego unas fotos o una memoria dirá de lo que ha pasado. Todo es así en la vida, todo se sucede como en un carrusel que no tenga fin. Luego, habrá inventos, otra gente que haga las cosas mejor o peor pero la vida seguirá siendo el eterno carrusel de las cosas buenas y las cosas malas.
En cuanto escriba la novela de mi vida escribiré una próxima novela de mi invención. Yo busco en la novela que leo y que escribo personajes excepcionales, al límite de situaciones que les sobrecogen o les hacen estar al margen de la sociedad normal. Yo no creo en la magia de la vida sino en su dureza, en su crueldad. Yo no sería capaz de escribir para niños porque no veo bien la bondad de la vida, la ilusión que hay en ella, aunque las debe haber.

lunes, 26 de junio de 2017

Estoy nervioso porque el día 7 de julio me voy a Gijón de vacaciones. Me gustaría estar en el coche y romper la carretera de camino al norte. Pienso pasármelo bien, como hace tiempo que no me lo paso pues no me muevo de la ciudad para nada. Ni siquiera voy a Madrid a comerme un bocadillo de calamares.
Tengo una impresión entre el miedo y la impaciencia por partir. Quiero ver Oviedo, donde transcurre la acción de la novela "La Regenta" que me he leído dos veces.
Iba a limpiar el baño que está hecho un asco pero después de escribir la novela, voy a cambiar el libro a la biblioteca. Ya me he leído "Los hijos del mar" que me ha decepcionado un poco porque va de aventuras. A mí, en una novela no me gustan las aventuras, me parecen de lectura juvenil. Me gustan los sentimientos, los grandes sentimientos o la denuncia de una situación. El lunes que viene, si Dios quiere, veré a mi amigo Antonio a ver qué le ha parecido mi novela ya conclusa. En otoño pienso presentarla a un concurso o a editoriales. El futuro está lleno de cosas. Espero que sean felices.

domingo, 25 de junio de 2017

He leído a Javier Marías hablar del cine español, demasiado laureado para lo poco que vale y hablar también de las escritoras españolas. Marías aboga porque no se las sobrevalore solo por el hecho de ser mujeres. Tiene razón. Luego he leído sobre el calor y la sequía que hay en España. Hay que tomar medidas drásticas yo creo. Hay que prohibir el uso del coche a muchísima gente. Que la gente use el transporte público exclusivamente.
Que se prohíba la venta de coches contaminantes, que solo se vendan coches eléctricos de un vez. Es mejor velar por el cielo que nos acoge que dar caprichos tontos a la gente.
Los desplazamientos que se hacen con los coches deben ser reducidos en un 50% en cuestión de dos años. El que quiera ir al trabajo en coche, se le prohibirá. Por el hecho de que la Tierra está exhausta y loca.
Hoy es domingo. Como con mis padres. La vida es como un tío vivo cada vez más extravagante.

viernes, 23 de junio de 2017

Llevo dos días en que paseo con mi hermano a Las Rozas. Solemos ir hablando aunque mi hermano es reacio al análisis de nuestras vidas. Me preocupó la idea de volver con mi exnovia y lo hablamos. Yo creo que no volveré porque mi exnovia tiene la cabeza demasiado enredosa y me enreda a mí en situaciones que yo no quiero. Además, insulta y molesta con ideas del mundo y sus habitantes reduciéndolo todo a ideas negativas que se me quedan pegadas al alma. Mi exnovia es tóxica, es una mala influencia y lo ha demostrado con creces. Punto y final. No se vuelve a hablar de mi exnovia y yo procuraré no pensar demasiado en ella. Es mi amiga y gracias. No pasará de ahí.
Me estoy acostumbrando a la vida que llevo. Esas mañanas faltas de casi toda actividad, esas tardes charlando con unas amigas en el bar, donde ya nos conocen y nos tratan bien. Ese paseo a Las Rozas a media tarde. Ese escribir y leer libros. Ese pasar el día.
Pero creo que tengo la predisposición a conocer gente. No sé cómo lo haré pero creo que voy a conocer gente y mi círculo social se ampliará. Es una intuición, leve, pero la siento. Ojalá alguien al que le guste los libros coincida conmigo y logremos comunicarnos.
Hablamos ayer mi hermano Paco y yo de mi exnovia. Fui yo  quien la dejó por sobrepasar un comportamiento totalmente incomprensible y de desprecio a mi persona. Mi exnovia tiene la mente muy enrevesada y no creo que vaya a cambiar. Cuando uno se junta con una persona a la que ama, debe conocerla bien. La persona con la que estás debe ser un dechado de virtudes y alguien en quien poder confiar. Eso no ha sucedido con mi exnovia en el último punto en que ya me insultaba por norma. Mi exnovia, por circunstancias vitales que ha sufrido antes de conocerme, está dañada sentimentalmente, no puede pensar y sentir con claridad o con propiedad. Yo le digo que vaya a un psicólogo para que esa maraña que tiene en la cabeza quede libre y suelta de rollos mentales.
Mi novia es muy inteligente socialmente pero a la vez es muy sibilina. Te convence de cualquier cosa. Yo solo sé que, después de dejarla, mi mente se liberó de un montón de ideas equivocadas que me metió ella. No voy a volver con ella porque ella ya no cambia. No volveré con ella porque me dé pena. Así, soltero, estoy muy bien. Y ya digo: la mujer con la que uno se junte debe ser un dechado de virtudes.

jueves, 22 de junio de 2017

Ayer fue un día feliz. No porque contuviera ese día aventuras excepcionales a mi mísera vida rutinaria, no, sino que me levanté de buen humor. Cuando uno se levanta de buen humor no sabe ni a qué se debe, solo nota una especie de cosquilleo que es el resultado de la efervescencia de la felicidad que hace que el día pase disfrutándolo, o de una manera fácil de vivir, sin preocupaciones ni con reproches, ni con pensamientos negativos sobre tu propia persona (qué inútil soy, para qué poco valgo, me paso el tiempo sin hacer nada, etc). Cuando se está feliz, como ayer, la vida discurre como una rueda sobre una superficie plana, como el aire que no encuentra muros con los que pararse, como las nubes que recorren el cielo alto sin ningún obstáculo que las detenga.
Hoy no sé cómo será pero parece que dura esa felicidad de horas o de días que se extiende como un mantel en una mesa generosa. Nada me importa hoy, nada me turba. Solo que tengo que hacer de comer, tengo que comprar el pan y es una responsabilidad.
Ojalá todos los días fueran así de tranquilos. Otro gallo me cantaría.

miércoles, 21 de junio de 2017

Si un día grande se hace de cosas pequeñas pues yo puedo hacer un día grande ya que pequeñas cosas son las que vivo todos los días. Como escribir en este blog, pasear o tener una conversación por las tardes con unas amigas. La mañana se ha alzado como un pájaro ágil, como el aire que sube a los cielos, como las ganas de comer.
Hoy me siento bien y espero que me lo pase bien este día en que entra el verano pues la vida no concede muchas oportunidades de sentirse bien.
Parece que la ola de calor ha remitido y se puede estar en casa a gusto, más o menos fresco, sin preocuparse por el calor.
Ayer oí en la radio, antes de acostarme, un programa esperanzador en el que se preveía que los problemas de España tienen solución si nos armamos de razón contra los borregos del fanatismo y las ideas equivocadas. Me fui contento a dormir.
Hoy me he despertado bien, a gusto conmigo mismo y voy a aprovechar para hacer cosas útiles como escribir mi novela e ir de compras.

lunes, 19 de junio de 2017

He estado en el pueblo. Los ratos de no hacer nada han sido los más. Hemos hablado la familia, que nunca está mal. El pueblo está de capa caída. A unos nos afecta más que a otros ese estado de decaimiento. Las nuevas generaciones salen a la calle a disfrutar de un refresco y a reír casi sin ganas. Yo ya no "pego" con estas nuevas generaciones y he de irme pronto a acostar. El calor ha sido protagonista del fin de semana. Todas las conversaciones comenzaban haciendo alusión al astro rey. Por lo demás, la gente está a sus quehaceres o pasándoselo bien. Me cuentan los agricultores que este año la cosecha es muy pobre porque no ha llovido y tienen que segar hierba en vez de grano. No ha granado el cereal.
Una vez en Majadahonda, me he puesto a coger otra vez la rutina de todos los días y voy a ver si escribo la historia de mi vida otra vez. Cuando la tenga acabada, empezaré otra novela.
En este verano espero acabar la historia de mi vida.
La vida es un pozo en el que van cayendo nuestras ilusiones o del que extraemos nuestro éxito. Nuestro éxito personal no tiene que coincidir con el éxito que nos venden los medios de comunicación. El triunfo es de todos, no solo de los que copan las cámaras de televisión a todas horas. Echemos el cubo al pozo.

jueves, 15 de junio de 2017

Con una mezcla de abulia y hartazgo, me levanto esta mañana. He visto a Rosendo en las noticias que decía que a lo mejor ya no podamos contar con él porque está mayor pero ha sacado nuevo disco.
La vida es ese agujero alrededor del cual damos vueltas y más vueltas con tendencia a caer en él. Cuando caemos del todo, se acabó el retortero, se acabó la aventura de levantarse por la mañana y hacer lo mismo de ayer, hasta eso se acaba. Y si nos quejamos por la falta de acción, un sexto sentido nos dice que es peor estar enfermo o sin dinero y que nos debemos conformar. Y luego vemos a esas amigas que tenemos a eso de las siete, por el calor, y comentamos ciertas cosas que nos ponen bien, de acuerdo con el mundo. Y luego, si hay ganas, quizás vayamos andando a Las Rozas y estiremos las piernas, lo único que estiramos en todo el día.
Y ya no hay más en el horizonte, todo bañado de un sol fuerte como el vinagre. Y no hay más que este cloroformo tórrido que consiste en no hacer nada que se vea, no hacer nada que se vea.

miércoles, 14 de junio de 2017

Estoy escribiendo la historia de mi vida. Quizá sea pretencioso escribir la historia de tu vida pero, ¿ si no tienes algo mejor que hacer? Estoy repasando mis días en la universidad. Para mí, casi toda la carrera es un batiburrillo de datos, de conocimientos, de compañeros, de profesores que no hacen más que constatar que el tiempo ha pasado de manera inexorable y que en aquellos tiempos todo tenía la ligereza de una nube.
Fue muy importante para mí sacarme la carrera y luego sacarme la plaza de profesor. Son las dos cosas más importantes que he hecho en mi vida.
Me estoy leyendo "Los hijos del mar" pero se está convirtiendo en un inmenso aburrimiento. Empezaba bien pero se ha torcido en una serie de aventuras bastante rollazo.
El viernes me voy al pueblo. Veré allí a los de siempre, contando lo de siempre o quizá algo que se saquen de la manga.
El domingo es san Antonio, santo de los novios y de los que no tienen donde meterse del calor que hace.

No haré más amigos. Es muy improbable que mi vida se llene de gente nueva. Me tengo que conformar con los que tengo. Ha habido temporadas en este año en que ansiaba conocer gente quizás porque a eso me espoleaba la psicóloga diciéndome cosas como que yo soy joven todavía. Por internet se hacen amigos pero yo no sé usar internet, internet es ajeno a mí, ha llegado a mí demasiado tarde.
Recuerdo un alumno especialmente capullo que tenía cuatrocientos contactos en internet. Menuda mierda. Le preguntaron si conocía en realidad a esa gente y él, como era un gallito, dijo que sí. Recuerdo también que ese alumno fue el que nos dejó tirados a mí y a sus compañeros el día de la representación de teatro. Amigos así no quiero ni uno. Encima quería ser profesor. Qué asco de persona. Lo recuerdo todo como un maremágnum en el que yo me tambaleaba en mi puesto de profesor por mi enfermedad. Este alumno es de lo peor que he conocido en la enseñanza. Si por internet se hacen amigos de este tipo, por mí que cierren todo el internet para siempre. Prefiero hacer un amigo en el bar o en el mercado, mientras me están mirando a la cara.

martes, 13 de junio de 2017

Este calor que obliga a estar de tres a seis en casa me está volviendo loco. Me levanto con una idea vaga de depresión nerviosa pero a lo largo del día el aburrimiento hace que esa idea se imponga y se recrudezca. Lo paso mal tantas horas metido en casa, la pereza me puede, el calor me tiene atenazado, perdido, acogotado. Hoy he visto lo de la moción de censura pero otro día, ¿qué veré? Me cuenta un amigo que se entretiene viendo cómo cazan nutrias en Alaska pero es que yo no puedo ver la tele, no la soporto la tele, me parece asquerosa. No puedo leer, el calor no me deja, no me concentro. Escribo blogs y la novela pero también me canso. Voy a acabar echo polvo o con un cuadro de neurosis o  de depresión por el maldito calor y este enclaustramiento que sufro. Ojalá aguante. Parece que se trata de aguantar como se pueda sin caer en el delirio depresivo o alucinatorio. Creo que aguantaré hasta el viernes que me voy al pueblo. Luego viene el final de junio y el día siete me voy a Gijón, Dios mediante. Ojalá no haya ningún problema y podamos ir y huir de este infierno de calor asqueroso.
He estado oyendo al líder de Podemos hablar de lo malo que es el PP. Según él, parece que el PP es un entramado creado exclusivamente para tapar la corrupción y favorecer a los empresarios. No todo es mentira en esta aserción pero como el líder de Podemos ya ha hablado y escrito que el gobierno de Venezuela es un ejemplo democrático y al enemigo hay que hostigarlo hasta acabar con él y ha fomentado escraches y depuraciones de periodistas que le criticaban, muestra muy poco afecto por la democracia y por los derechos individuales. A Podemos le gusta la calle, armar el pollo, joder la parva. Iglesias ha presentado ideas buenas como la subida salarial y normas para el mercado de trabajo pero podría esperar a que le votaran para llevarlas a cabo y es que no le van a votar porque todo el mundo, o por lo menos yo, que es lo que vale, sabe de la índole autoritaria de ese partido. A Podemos no le gusta la democracia, le gustaría tomar el poder y hacer de España un sistema nuevo. Pero digo que yo que no le saldría tan nuevo porque dictadores ya ha habido en España a manta. Montaría otra casta de color bolivariano y punto. Nada de reformas. Otra dictadura de las muchas que hay por el mundo. Yo no me engaño. Detrás de ese que quiere poder para cambiar las cosas, no hay más que "quítate tú que me pongo yo". Ya son la casta.
Leo la prensa y escribo este blog con desgana. La monotonía que suponen los días iguales me nubla la vista y el entendimiento. Menos mal que el viernes me voy al pueblo. Hoy he dormido bien. Todo lo que voy escribiendo no son más que vulgaridades absurdas, no dignas de ser escritas pero en fin, eso es lo que tengo que escribir. He leído en el periódico que un mendigo se cruzó con un ministro de casualidad y este le pidió que escribiera su historia, que él encontraría un editor. La ha escrito y ha vendido 40.000 ejemplares. No es que yo quiera que se vendan mis escritos porque tengo para vivir. A mí lo que me interesaría es conocer gente, viajar, pasarlo bien, no esta ruina de vida que llevo. Si eso me lo pudiera ofrecer un libro que escribiera yo...
Mi vida no ha sido muy aventurera, no he hecho grandes cosas, supongo que como la vida de todos los demás. Lo que pasa es que a mí la monotonía me puede, me hunde en la depresión.
Yo debería romper esa rutina como fuera pero tampoco sé ni me atrevo a hacerlo.
La vida es una repetición insomne de días y días.

lunes, 12 de junio de 2017

Por el puto calor, de tres a seis de la tarde, la casa está cerrada, las calles intransitables. Parece que estamos en el Sáhara. Menuda mierda. No le entran ganas a uno ni de leer ni de escribir esto que estoy escribiendo. Luego habrá algún listo que diga que no hay cambio climático. Estas temperaturas son insufribles en esta primavera anodina y terrible. El verano se va a hacer muy largo, muy largo por el maldito calor. Ojalá, a esos que niegan el cambio climático les cayera encima el poder de los rayos del sol, en pleno cogote y les hiciera ver que sí, que sí hay cambio climático y de los grandes. Ahora se estaría bien en un sitio como el Puerto de Navacerrada pero no tengo quién me lleve hasta allí. Menos aún hay dispuesto a atravesar toda la península y llevarme al fresquito del Atlántico en Cádiz o al fresco de Asturias. Habrá que conformarse de calquier manera con este turbión de calor inmenso en esta ladera de la meseta, a este paisaje de antenas y de cables absurdo, a este misterio climático que da pena.
Me lo pasé bien en El Escorial porque hacía mucho tiempo que no iba. Lo mejor fue el paseo y las risas y el recuerdo de tiempos quizá mejores. Aunque ya llevo años en que la felicidad no termina de asentarse en mi vida. Vivo en el planeta de los serios, en un mundo en el que no hay ni una alegría, ningún acontecimiento festivo, ningún motivo para reír.
Leer, escribir son mis grandes ocupaciones y estas actividades no dan para llevarte un alegrón sino ir poco a poco, adustamente, acercándose a un objetivo lejano que no se sabe ni siquiera si es bueno.
El viernes me voy al pueblo y la verdad, tengo ganas porque así cambiaré de aires, veré otra realidad, la de la gente que también se pasa el tiempo duramente en una localidad rural.
Visto así, no sé qué tiene de atractivo el pueblo pero la gente me comunica otra realidad, otro modo de ver las cosas.
La vida se va amontonando año tras año y no sabemos bien que nos aguarda en un año de esos: quizá la felicidad nos aguarde entre diciembre y enero de un año de esos.

domingo, 11 de junio de 2017

Tengo una exnovia a la que no sé si olvidar para siempre o seguir siendo su amigo. Pensar en ella no me permite quizás pensar con claridad en otras mujeres. Por otro lado, la vida social que llevo no me da para conocer a otras mujeres. Estoy hecho un lío porque me siento viejo, no sé si conoceré a otra mujer, no sé si me volveré a enamorar. El caso es que pienso que mi exnovia se ha portado demasiado mal para volver con ella. No debo volver con ella. Pero tampoco sé si debo seguir siendo su amigo. Ahora, gracias al ejemplo de mi exnovia, pienso en las mujeres con desconfianza, como depositarias de celos, rabias, malquereres que se pueden volver a reproducir si yo conozco a otra. El escepticismo que me ha procurado estar siete años con mi exnovia, hace que piense que todas las mujeres son iguales de malas. Confío en el tiempo, a ver si el paso del tiempo reposan un poco las cosas.
La vida sigue, sigue como un caramelo que se chupa en la boca, sigue como una carretera por la que pasan coches y más coches. La vida sigue y va cambiando las cosas.

sábado, 10 de junio de 2017

Ya es protagonista el calor, el inmenso calor que cae del cielo. Y la corrupción. Oh, la lá, la corrupción. Esa forma de robar que tienen algunos que nos incomoda tanto. Hoy he oído hablar de la corrupción. Se habló de un gobierno anterior que gastó lo indecible y ahora se habla de otro que es corrupto. Pero el paro, la mayor preocupación de los españoles, baja. Gran milagro. Aunque haya corrupción. De todas formas prefiero un gobierno corrupto en el que el paro se corrige que otro que no es corrupto (todavía no sabemos) pero que generó 5 millones de parados.
Ayer vi la película que lleva por título "días de felicidad" y me olvidé de todo viéndola. Me gustó bastante. Ahora mismo están echando la que lleva por título "Le week end".
Todo en esta vida es relativo: la corrupción, el calor, el paro, los políticos y la política, el gasto, el líder de un nación. En fin, que nada hay que podamos decir: esto es malo o esto es bueno porque los de un color político lo verán de una manera o de otra, según sean sus gustos por un partido político o una manera de hacer las cosas. Yo tengo una vecina que cuando su hijito se tira un pedo se ríe con muchas ganas.

jueves, 8 de junio de 2017

¿Estoy bien así o necesitaría un amigo o una amiga? O un nuevo amor. O un viaje, aunque sea breve. Lo del amor, como dice Bonnie Tyler es un juego de tontos que se mojan en la lluvia fría, es un dolor de corazón y de cabeza. Ya lo he comprobado. Yo creo que si estás con alguien al que quieres, ese alguien para ti debe ser un dechado de virtudes y una persona leal; si no, no merece la pena estar con nadie. El viaje lo voy a hacer a Gijón el día 7 de julio, cuando mi hermano y yo salgamos rumbo al norte, con la ilusión de pasarlo bien y ver cosas nuevas y saldremos huyendo del calor.
Hoy tengo que hacer unas lentejas y comprar pan y ver a mi madre pero tengo una pereza enorme. No sé cómo saldrán esas cosas que tengo que hacer.
La vida es como una playa en la que unos estamos tumbados, otros construyendo castillos y el agua es lo que cambia, la arena, no.
La arena es más compacta que el agua del mar; el agua de mar tiene otra condición más maleable y traicionera y hay que tener ganas de entrar en ella.
El dolor de no ser se cura con unas palabras de aliento y un hacer algo.

miércoles, 7 de junio de 2017

Ayer tuve un episodio de orquitis. Tenía un dolor en la ingle y los testículos me pesaban y se inflamaron un poco. Tomé ibuprofeno y perece que hoy se me ha pasado bastante. Me pasa casi todos los veranos. Un verano, en Cádiz, lo pasé especialmente mal, los testículos se me inflamaron un montón. Debe de ser una bacteria, una infección.
Ayer no me dormía y tuve un acceso de insomnio. Pensé en una persona de mi entorno que desbarra mucho en el aspecto afectivo, sentimental. La vida que ha llevado ha sido de muchas impresiones malas y de soportar situaciones extrañas en su entorno afectivo y por eso ahora no sabe convivir con los demás, distorsiona toda relación que tiene con los demás.
Esta persona desconfía hasta del que más quiere, ya sea por ataques de celos que le dan o ya porque no entiende la relaciones cariñosas que se dan entre las personas.
Bueno, la vida pasa como pasa la gente por la calle. Unas veces esas personas van trajeadas y felices porque a lo mejor van a un bautizo y otras veces, esas mismas personas van desaliñadas y torpes en su alma porque ni van a un bautizo ni van a ninguna parte, están más perdidas que Tarzán en Nueva York.
En fin, el caso es seguir andando perdidos o felices, sabiendo o sin saber a dónde se va.

martes, 6 de junio de 2017

Ayer estuve a ver a mi amigo Antonio que estaba de capa caída. Acababa de llegar de Portugal. Se había hecho 2000 kilómetros y había estado con sus amigos portugueses y dado una conferencia sobre el portugués de frontera. Su deseo era irse a un pueblo pequeño, muy pequeño. Yo me alegré de haber ido a Madrid y ver la gente cómo va, como dice Rosendo. La gente va ya más concentrada y contenta, no con la mirada ida y huida de cuando la crisis. Me estoy leyendo "Hijos del mar" de Pedro Feijoo. Es muy buena. No hago más que llegar a casa y asirme a sus páginas como un desesperado a ver qué pasa con Don Simón el arquitecto y la rica familia Llobet.
En mi corazón sigo sin resolver una constante sentimental que  a veces me trae amurriado y siempre confundido.
Es muy triste ver que la vida ha dado un vuelco feo y no ha arrojado más que arena y suciedad a los pies de uno.
De todas formas, yo creo que hay que confiar en el tiempo que todo lo tiene, como decían los griegos: cronos panta ejei. Y que hay que dar al carpe diem lo que es del carpe diem. Y ya se resolverá todo esperemos que para bien.

sábado, 3 de junio de 2017

Ayer por fin llovió en abundancia, como yo quería. Cayó agua desde las seis hasta casi las siete. Hemos de conformarnos con estas cantidades. Una maravilla, sin embargo. La última a la que he asistido. Luego, durante lo que restó de tarde y noche, no tuve conciencia de que era viernes. No sé lo qué es viernes porque no trabajo. No estoy cansado los viernes ni tampoco deseando descansar. Hoy sábado, sin embargo, me he levantado tarde y he comido a las cuatro. Tengo que leerme "Fausto" de Goethe, "La voluntad" de Azorín e "Hijos de la Mar", de un tal Feijoo, licenciado en Filología Gallega y por lo visto, escritor.
A Azorín le gustaba Montaigne y los hermanos Goncourt, que eran narradores de sensaciones.
Azorín se enfada porque le gusta Justina pero el cura del lugar ve esa unión desaconsejable.
"Fausto" me está gustando pero todavía no sé decir por qué.
La vida aglomera momentos todos iguales que van pasando como hermanos gemelos aburridos que estuvieran los dos haciendo lo mismo siempre. Qué lata. Hoy iría a Madrid pero me da mucha pereza. Y además, ¿a qué iría hoy a Madrid?

La lectura te sumerge. No te ahogues.

Me lamento de no llevar una vida medianamente bohemia o al menos nocturna o al menos festiva o al menos un poco desordenada. Mis horas transcurren con una regularidad aburrida que da pena. He leído un artículo de Julio Llamazares sobre el café Comercial, que han abierto de nuevo. Yo no voy ni al café Comercial, ni a casa de ningún punki o menos a una casa ocupada por un punki donde sonara la música a todo trapo y tuviéramos que huir de la policía. Yo me quedo en casa a ver la película del viernes, la española, que suele ser un rollo pero me llama Eva, una amiga y me dice que salga, que salga, que salga y yo salgo para aburrirme frente a ella, que tiene la mirada de siempre, la mirada de lo previsto y de lo aburrido. Terminamos tomando un café y nos vamos a casa y encima, no he visto la película, aunque fuera mala.
Y esto es mi vida de los fines de semana: un rollo, un estar en casa, un no ir a Madrid porque no conozco a nadie en Madrid. En fin, un rollo, como ya he dicho.

  Diviértete pues la vida pasa.

viernes, 2 de junio de 2017

No me gusta Trump porque yo sí noto el efecto del cambio climático, por ejemplo, cuando observo que no hay estaciones intermedias como la primavera o el otoño y el invierno es muy cálido o en verano se alcanzan temperaturas record todos los días. Creo que lo notamos todos o por lo menos tenemos todos conciencia de que existe ese cambio climático adverso. Dicho esto también diré que el mes de mayo se ha portado más o menos bien menos la penúltima semana en que han hecho unos calores de casi cuarenta grados, propios de julio. Quedan veinte días de primavera, ya próxima al verano pero espero que nos respete climatológicamente y no nos fría a calor. El sol es Manolo o Lorenzo en términos coloquiales. Cuando Lorenzo aprieta, hay que ponerse bajo techo y, si no se puede, remojarse convenientemente.
No sé si la Luna tiene ese mote cariñoso, seguro que no porque no tiene tanto efecto sobre los hombres este satélite tan romántico siempre.
En mayo ha llovido, siempre poco pero ha llovido, ha hecho fresco (calculo que una media de 24 grados). Ha sido benevolente, pues. No nos ha sacado de nuestras casillas el potente Lorenzo.
Esperemos con un cirio en la mano, que junio sea también un buen mes de lluvias y nubes y brisas divinas.

Ayer estuve nervioso, con la indecisión, la incertidumbre a cuestas. Bastó despertarme a las seis y media y beberme cuatro o cinco cafés para que mis sensaciones mentales fuera de zozobra, de malestar, de inquietud. Creo que yo no podría volver a trabajar en nada porque todo me haría sentir mal mentalmente, desde madrugar a pasar horas haciendo una labor no querida por mí. Con la pensión que cobro me he acostumbrado mal, como se puede decir, pues ya no sería capaz de incorporarme a una vida activa, una vida de trabajo.
Huele por la ventana a las hojas de los árboles que agita el viento. Corre una brisa fresca muy deseada, muy apaciguadora de pasiones malas.
El dolor de vivir está anestesiado por días que transcurren iguales en los que hay que hacer un mínimo esfuerzo para soportarlos. La vida transcurre bañada en cloroformo.
Me gustaría viajar, coger un coche e irme un día al norte y otro al sur o a otro punto cardinal para volver a los cinco días habiendo conocido plazas y palomas.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Hoy me he levantado a las seis y media, he desayunado y estoy bien. He leído las noticias con fruición. Me he levantado porque he tenido un sueño curioso: mi madre estaba embarazada y yo la acompañaba junto con mi padre. Llegábamos a un lugar de gente bien y yo me ponía a jugar a las cartas con un tahúr llamado Isabelsendrín y me hacía trampas y demoraba la partida. Intentaba engañarme pero yo caía simpático a una mujeres que estaban charlando. Cuando parecía que la partida acababa en enfrentamiento, me despertaba. Ha amanecido mientras estaba con el ordenador y tengo tiempo por delante para fregar el piso, limpiar el cuarto de baño, escribir mi novela y bañarme y hacer una paella. También iré por pan y me tomaré un café en una terraza. El otro día oí "documentos" de radio nacional. Hablaban de la leyenda negra española. Hablaban de la Inquisición y del trato que dimos los españoles a los indígenas de América. También de Felipe II y su carácter y la muerte de su hijo. También de Franco. Todo eso hay que olvidarlo si no está ya olvidado. Yo creo que el clima ayuda a estar bien. El año pasado lo recuerdo agobiante por el calor que tuve que soportar. Este año la primavera no ha sido un adelanto del verano. Me siento mejor. Ojalá junio sea como este mayo que ha venido: suave y mecido por una brisita que enmudece la carne y la sujeta como a un niño en el aire.
En el "tú decides" se ha abierto una nueva sección que trata de hacer un debate sobre un tema en particular. El miércoles pasado se habló de Tesla y hoy se va a hablar de Bethoveen. Mi hermano y yo iremos a hablar de ese músico porque no tenemos nada que hacer.
Hablando de músicos, el cantante de Extremoduro ha decidido no cobrar una subvención que le daba el ayuntamiento de Plasencia, su ciudad natal. Yo lo que digo es que los músicos son como una empresa de entretenimiento, vamos a llamarlo así. Lo de cobrar una subvención lo veo algo aumentativo de todo lo que ganan esas personas con su música, aunque tampoco sé si ganan mucho o poco. La verdad es que está bien que un cantante renuncie a subvenciones y se gane el pan con lo suyo. Yo no sé si Bethoveen se ganaba el pan con su música pero supuestamente este músico no hizo otra cosa que música.
La vida es muy misteriosa y a veces se nos escapa la realidad de las cosas simplemente por su desconocimiento. Yo no suelo criticar a nadie a no ser que sea muy evidente el error o la mala leche que lo conducen. De todas formas, todos deberíamos ganarnos el pan de forma lícita, así no habría tantos problemas.

Come, pero come de lo tuyo.