miércoles, 15 de noviembre de 2017

Ahora resulta que los que están en la cárcel o huidos se pueden presentar a las elecciones. Será legal pero es inmoral. Gente que se ha saltado la Constitución que nos hemos dado todos los españoles, que han roto la convivencia y la libertad de los catalanes y los españoles no merecen capitanear ningún partido democrático.
Hay pocas matriculaciones de coches en Cataluña, poca venta de pisos, poco negocio: se lo han cargado esos brincapesebres rascanalgas ablandabrevas.
Tengo ganas de acabar pero no sé cómo así que lo haré en forma de adagios:
Se fuerte, pero con el fuerte.
Échate al camino y empezarás a ver.
Que el mundo no te asombre: siempre ha sido así.
Come fruta, come carne y piensa en la suerte que tienes de comerlas.
Si te invitan, accede, pero piensa tú en cómo agradecer.
La violencia escandaliza. No seas violento.
Hoy he ido a la asociación para enfermos mentales de la que soy un miembro. Unos de los amigos de allí están haciendo un libro juego para que se sepa mejor qué es la enfermedad mental y se nos tenga más en cuenta. Yo he escrito un fragmento sobre un trabajo que tuve, muy efímero, en una heladería.
Por otro lado, las cosas parece que se esclarecen o por lo menos no son tan obsesivas. La calma vuelve a su lugar y espero que la rutina vuelva a surgir en mi mente para que esté tranquila.
Estudio Psicología para aprender, no para aprobar nada ni sacarme un título. Procuro leer de los libros y darme cuenta de cosas que desconocía, nada más.
Italia no se clasifica para el mundial. Es una pena pues la selección azzurra daba mucho juego en los mundiales. Esto puede servir de lección para que se espabilen y vuelvan a resurgir como campeones que son.
En Roma hay muchos gatos y gatas que se pasean por el Coliseo. Y muchas lindas italianas que da gusto verlas.
Las pizzas napolitanas son muy ricas y Alberto Moravia veía un enorme coño en la pizza de queso que se funde y da gustito como un gatita en celo.

martes, 14 de noviembre de 2017

Cuando me hice novio de una chica que ahora es mi amiga, la invité a pasar un fin de semana en Toledo en un hotel bastante lujoso (no sé cuánto de lujoso). Llevaba yo unas canciones en mi mp3 que estuve oyendo allí, en esa ciudad tan antigua. Oí "Change the World" de Eric Clapton mientras contemplaba a esa chica sentada al borde del río Tajo. Oí "Me llaman calle", en la habitación del hotel, mientras contemplaba a esa chica que no me conocía apenas ni yo a ella. Por eso era tan idílico todo. Luego llegó el conocimiento y las envidias y las traiciones y las confianzas asquerosas. Y yo, el lunes siguiente a ese fin de semana, oía en el cercanías "La piragua de Guillermo Cubillos". Yo era otra piragua que iba y venía. Ahora todo es más sucio.
Todo se ha ensuciado de celos, manías, pequeñitas cosas que lo han inundado todo.
Ahora no soy profesor, no sé si soy escritor y esa novia es amiga. Y no encuentro la manera de encontrar un amor.
Hace ya veinte años que mis profesores me advertían que España se está desertificando. Yo no entiendo de trasvases de agua de los ríos pero me da que se abusa de esas cuencas para regadíos, que se pierde mucha agua por codicias particulares. No llueve. Desde hace diez años suele llover una vez al mes y en trombas. Los suelos pierden nutrientes, los bosques se calcinan por el calor intenso de los veranos o se los quema por intereses urbanísticos. Habrá un año en que empiece a llover de veras.
Por lo demás, estos días de sol dan para beber cerveza, charlar en las terrazas, pues no hace excesivo frío, y estar en la calle. Los inviernos son cálidos cuando me contó una profesora que los inviernos de la meseta suelen ser duros.
Esto influye mucho en la gente, que se cabrea por este sol inmisericorde que luce todos los días del año.
Este azul del cielo que no se quita de la vista trae al alma demasiado ansia de plenitud que luego no se cumple.
Estos días secos y soleados traen pena a la mente del ciudadano, que no ve más que el polvo de los árboles, el polvo que se pega a las plantas, la luz que hiere sus ojos sin compasión.

Me estoy leyendo "Chavales del arroyo" de Pier Paolo Pasolini. Lo que me gusta de esta novela es que todo ocurre muy deprisa, va al ritmo de unos adolescentes que se buscan la vida. No sé mucho de Pasolini. No he leído mucho del neorrealismo italiano porque no está en las bibliotecas que yo frecuento. Pratolini, Pavese, etc no están o yo no los veo. Sí me leí unas novelitas de Italo Calvino sobre una edad media idealizada. Eso fue la Navidad pasada. Me gustaron mucho. El aristócrata que se sube a los árboles. El guerrero demediado. El guerrero invisible. Estuvieron muy bien. También leí "El tedio" de Alberto Moravia, que me pareció un ejemplo de estilo. La literatura italiana es muy buena. Los escritores se comprometen con la realidad y la cuentan.
Por lo demás, hoy va siendo un día para olvidar aunque sea mi cumpleaños. Además, yo no doy importancia al día que cumplo años. Nunca lo he dado. Lo veo una estupidez celebrar nada. Mis padres me acostumbraron a que este día pasase tranquilo y sin alharacas. La vida pasa, es lo único cierto en todo este pandemónium absurdo en que vivimos en que nada es lo que parece.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Esta mañana, antes de despertarme,
he sentido frío.
Era el anuncio de la soledad 
que vino conmigo todo el día.
Anduve por caminos, me senté en un banco.
La derrota era grande.
Llegué a casa y no había calor.
Mi corazón latía como las cabinas de teléfonos, como los condenados tristes, como la fealdad del mundo.
Hice algo de cena y empezó a darme miedo mi cama.
Vi la televisión y me horrorizó el delirio de los hombres.
Cuando ya estaba envuelto en mi manta, sentí de nuevo frío.
Mi corazón estalló en una locura atrasada.
No dormí. Mis dientes roían mi miseria.
Llegó la luz del día y yo no estaba.
Todo el que sufre una mala dosis de soledad y le intoxican el corazón con desprecio lo pasa mal. Pero está el sentido común para llevar ese desprecio y ese aislamiento hasta que sabes aguantarlo. Entonces te comportas como un hombre o mujer solitaria que sabe que no existen los amigos y los que has conocido solo estaban contigo por un interés o te querían mucho menos de lo que pensabas. Y sacas una lección dura de aprender porque pertenece a la asignatura de la vida que es la que nos pasa a todos desde que dejamos el colegio.
Y aprendes. Y una vez que aprendes solo dejas acercarte a tu corazón a aquellos que dan algo, no que piden. A aquellos que quieren escucharte, no darte gritos y confundirte. A aquellos que no son como los que has conocido sino otros, los que algún día, o una tarde de invierno puedan hacerte feliz de alguna manera sin pedir nada a cambio.
Y distinguiendo así entre la morralla de la vida y lo que merece la pena que es lo que está al lado del corazón, no rondándolo como un lobo que es lo que es un hombre para otro hombre.
Y sabes ya defenderte de los que vienen con mentiras y codicias y con palabras halagadoras que no valen nada.
Y es como si hubieras nacido de nuevo.
Siempre que llega la fecha de mi cumpleaños, los astros se conjuran para que mi hermano gemelo y yo regañemos y yo esté tenso por una serie de circunstancias adversas. Este año no podía ser menos: con mis amigos los mendigos me he rebotado de modo que ya no pienso pagarles ni una cerveza más ni darles ni un cigarrillo más. Resulta que explotan su condición de pobres para sacar a los demás todo tipo de cosas. Su situación no es preocupante pues uno vive en un  local cedido por la amante lesbiana y rica de su hija. El otro vive con un hijo único aburrido y corto de luces, pensionista. El otro día se bebieron cinco cervezas cada uno de varios que vamos al parque y les invitamos. Ellos no pagan nunca. No invitan nunca. Yo los llamo los chupópteros pero además son malhablados, mentirosos y manipuladores y se aprovechan de toda persona que pueden. Antes pedían dinero con descaro, ahora van a supermercados a pedir limosna pero no invitan. Nunca. Yo he pensado dejarlos de ver porque es mucha la miseria moral que arrastran. Mi cumpleaños es el martes y el jueves mi hermano gemelo va a invitar a esa gente a comer. Yo no iré. Ya no me gasto ni un duro en ellos después de invitarles todo el verano a cervezas y cigarrillos. Otra cosa que me pasa es que he hecho amistad con uno que me pide cigarros y si no se los doy dice: "Arrieritos somos". Me jode porque es otro chupóptero. Me da asco que haya tanta gente así por el mundo: que se arrastran por un cigarro o una cerveza ajena. En fin, me veo abocado a una soledad por no aguantar gorrones y chupópteros de estos asquerosos que hay en todos los sitios donde uno vaya. Pero lo que me jode más es que no hay otra cosa por la vida.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Los hay que tienen que estudiar una oposición y no tienen tiempo de nada. Los hay que se refugian en su pobreza para pedir constantemente y beberse cinco latas de cerveza por la cara. Los hay que en vez de charlar amigablemente se enzarzan en un debate delirante y se les pone los ojos en blanco solo porque tienen que llevar la razón. Los hay que siempre están ahí y me comprenden pero solo los veo los sábados por la tarde. Hay gente que se cree que uno es de usar y tirar y llama solo para quejarse. Me toca la soledad por no tener que sufrir una compañía enojosa y aprovechada. Me quedaré con la soledad de mi piso de paredes aburridas antes que tener que pagar una cerveza a chupópteros profesionales. Menuda gentuza encubre este cielo. Menuda pléyade de menesterosos pedigüeños que no hacen más que sacar los cuartos a los demás y de lo suyo no gastan nada para los demás.
La vida está compuesta de personas indeseables la más de las veces y hay que hacer un llamamiento a la soledad amena o aburrida antes de aguantar a esos indeseables. Que se queden solos es mi deseo aunque yo también me tenga que quedar solo.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Hay gente que para llevar la razón, pone los ojos en blanco y da muchas voces porque están locos. Se agitan como rabos de lagartija o como látigos torpes mientras dicen que la monarquía es asquerosa, que eso no es así, que la ONU es opresiva, que las derechas son opresivas, que Franco es opresivo, que yo, que estoy hablando con estos pizpiretos aguafiestas, soy opresivo. En fin, hay gente que no sabe convivir ni disfrutar de la compañía.
Hay gente que merecería no salir de casa para ir al bar y montar la gresca que montan porque uno ha dicho no sé qué de la II Guerra Mundial u otro ha mentado la figura de un político que a ellos no les gusta. No les suele gustar casi nada a esta gente y de todo arman gresca y dan voces para hacerse oír y llevar la razón y se les pone la yugular tensa y dan patadas y golpes a la pared con la mano extendida. Hay gente que da pena y no se da ni cuenta. Hay gente con muchos complejos no resueltos que tiene que votar a un partido chavista para que les arregle las injusticias que se creen que deben denunciar en la barra de un bar. Esta gente es miserable y ruin y no debería salir de casa para ir al bar a montar la bronca que montan.
Son las 11:30 de un sábado demencial. No hay gente por las calles desde las diez. Me acabo de dar una vuelta por Majadahonda, que tiene 70.000 habitantes. La Gran Vía está más desierta que el corazón de un mendigo. Da pena presenciarlo. Me he tomado una cerveza en un bar que ya anunciaba el cierre. Casi me he tenido que largar de allí porque me ha dicho el camarero que es hora de dormir. Madrid está a quince kilómetros pero no sé si en Madrid habrá algo de ver. No me entran ganas de ir porque tengo que hacerlo en autobús. La vida no se extiende más allá del felpudo de mi casa. La vida se está portando mal con los españoles de bien. La vida es un sinfín de irregularidades cometidas por estúpidos alucinados. La vida solo da la razón a los que dan gritos. La vida es ruido y furia en la boca de un demente. Y mucho miedo. Y mucha incertidumbre que da miedo. España puede caer en el caos más profundo si una serie de aprendices de mago pretenden jugar en el laboratorio de unas ideas asquerosas en boca de unos charlatanes chavistas o en boca de un ofuscado rabanero. Dios nos asista si queremos seguir viviendo en este país lleno de preguntas sin respuesta.
La ciudad más exótica de España es Barcelona gracias a los acontecimientos que hemos vivido estos días de atrás. Como si se tratase de una ciudad de las colonias de un supuesto tercer mundo, ha intentado emanciparse de los dominios opresores de la metrópoli. Pobrecilla Barcelona. Qué mal lo estaba pasando. Sus habitantes comían tres veces al día pero se sentían tristes y reprimidos por un poder sofocante. Querían una república independiente. Querían ser más que nadie. Querían satisfacer sus ansias políticas. Querían olvidar su pasado monárquico y español.
Ahora Barcelona detenta la exclusividad en Europa de ser una región que quería ser un país pero le salió mal la jugada. Por eso se ha vuelto exótica y la historia de su república se verá narrada por guías de su historia por las plazas de la ciudad. Los barceloneses dirán: lo intentamos. Y los españoles diremos: son raros estos catalanes. Y soberbios. Y maleducados. Y atrevidos. Y exóticos.
De todo hay en la viña del Señor.
No nos asombremos de los que a diario vemos. Es que tiene que pasar. Es que los hay muy atravesados. Y ladinos. Y sinvergüenzas. Y aprovechados. Y mentirosos.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Voy a mirar en internet la manera de guisar un caldito gallego. Hoy he visto a un amigo que me ha dicho que el caldo gallego lleva nabo. Prescindiré de esa hortaliza. Otra cosa es que al caldo gallego s ele echan grelos, que son los brotes del repollo. Yo echaré repollo, hojas de repollo. Sigo estudiando la genética mendeliana para la carrera de Psicología. Quiero empezar mi nueva novela con la historia de dos hermanas y dos gemelos. No escribo nada últimamente, la literatura para mí ha perdido mucho atractivo. Espero que cuando me meta en harina, volverá a resurgir la adicción a la tecla.
Por lo demás, los españoles debemos estar vistos en Europa como bichos raros. Tenemos a un presidente de una comunidad autónoma huido. Tenemos a cargos de esa comunidad autónoma que pretendió ser república independiente en la cárcel. Y tenemos unas elecciones de esa comunidad autónoma pronto. Como decía una mujer del barrio de Puigdemont: "¿Y toda esta payasada para qué?".
La vida nos sorprende como sorprendió a esa pareja de guardias civiles que iban por los caminos. El camino los fue sorprendiendo. Veremos cosas que nos asombrarán todos los días para después olvidarlas a la semana de pasadas.

lunes, 6 de noviembre de 2017

A mí todo el que quiere cambiar las cosas que funcionan bien me pone de los nervios. Y el que está todo el rato quejándose e inventando conspiraciones para que los pobres sigan siendo pobres y los ricos se enriquezcan más me ponen de los nervios. Yo no sé por qué los ricos son cada vez más ricos pero no me invento ninguna conspiración. Si los ricos se enriquecen más es por unas causas económicas, morales, políticas que las sabes o no las sabes pero no hace falta recurrir a que unos señores se reúnen en no sé qué sitio y hacen no sé que cosas para joder al prójimo. Los estúpidos que pensaron que las empresas catalanas iban a soportar una república se equivocaron y la gente que vio peligro de perder su trabajo se dejó de quimeras de independencia. Por eso digo que los que se quejan y los que quieren cosas nuevas me ponen de los nervios. Los que están ahora en la cárcel es porque han violentado la ley de forma tremenda, la ley de todos los españoles. Por eso digo que los que están todo el rato oprimidos pero comen tres veces al día me ponen enfermo, muy enfermo porque no hacen más que pensar en romper lo establecido para cambiarlo por algo que ni ellos saben lo que es. Suelen ser gente inestable, tonta, gilipollas, que da muchas voces porque no tienen razón y no dejan en paz al resto de la gente que disfruta de lo que tiene alrededor y no quiere novedades absurdas y locas. Conozco gente de esta que es populista, demagoga y mentirosa que no la quiero ni ver. Me gustaría que se fueran de mi lado para siempre y no me amargara el café.
En la asignatura de Psicobiología, nos han mandado dos prácticas: una consiste en pasar un cuestionario a una madre, a su hija y a una amiga de la hija. Se supone que la conclusión que se saque iría sobre la variable genética (la madre) si el cuestionario se parece entre madre e hija o ambiental si la hija se parece a la amiga en el cuestionario. Resulta que yo dejé mi email en clase pero no me ha llegado el cuestionario para poder hacer la práctica. Mañana martes tengo clase y le diré al profesor qué pasa con el cuestionario. Quizás di mal mi email.
La segunda práctica consiste en tomar café para ver si la cafeína actúa sobre la memoria. Se trata de que todos los de la clase bebamos café o descafeinado y luego vemos los resultados al tratar de recordar unas palabras. La práctica se llevará a cabo en clase. El que no pueda beber café se convertirá en el experimentador y debe ir a clase con unos termos. Yo no tengo termos.
Todo esto de la carrera de Psicología lo veo un poco raro, como si no me estuviera pasando a mí, o como si yo no debiera estar haciéndola. Mi matrícula está en tramitación. No sé si tengo derecho a asistir a las clases. Encima, este rollo de las prácticas no me gusta, me está resultando una lata.
El profesor de Psicobiología dijo que, una vez cumplidos los cuarenta, somos prescindibles pues ya hemos dejado nuestros genes a la generación siguiente. Viendo el caso desde una perspectiva biológica, tiene su razón de ser pero no creo que todo el mundo opine como ese profesor que a mí me parece un poco prepotente y ensimismado en su labor como docente. A lo mejor él no ha pasado los genes a la generación posterior porque tiene pinta de solterón.
Después de todo, no creo que estemos en el mundo exclusivamente para pasar la carga genética a nadie sino que estamos aquí rodando unos de una manera y otros de otra y no siempre se consigue una mujer o un hombre con el que procrear hijos que lleven tu impronta cromosómica. Pero ese comentario inadecuado de ese profesor me ha hecho pensar en mi carácter prescindible. Eso me pasa cuando encuentro gente que está segura de todo cuando yo no hago más que dudar en la vida. Dudo hasta de mi existencia y de mi yo. Así que hago caso de aquellos que lo tienen todo claro aunque pienso que ese tipo de personas que se explican el mundo con una teoría, ya sea científica, política o de otra índole son los que menos saben porque no dudan, porque creen fielmente que el mundo rueda del modo que le han contado desde siempre o ellos piensan. Hay comunistas en este mundo que sueñan con una revolución obrera y desde ese punto de vista lo explican todo, como hizo Marx con la historia y el mundo que vio, que lo redujo a una lucha de clases. Pues bien, hay gente que cree que somos simplemente biología, sustancias moleculares que se reproducen, una masa que piensa, siente y ama solo porque tenemos un cerebro que nos lo indica en cada ocasión. Y el alma no lo ven por ningún lado. Ven cromosomas, neuronas y tejidos. Lo peor de todo es que no dudan de que el mundo funciona como lo han estudiado y en eso creen.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Recuerdo el mar rompiendo en mi piel allá en la Playa de San Lorenzo de Gijón. Recuerdo los paseos que me di con mi hermano por la ciudad, viendo el acuario, viendo las estatuas, viendo las calles, viendo el mar. Echo el mar de menos, esa presencia mayúscula en los ojos, ese olor, ese rumor.
Me leí un libro que compré en Gijón, de Luis Landero, pero no me gustó mucho. Pasamos muchos días en el pueblo, alternando con los vecinos de allí, pasando las mañanas y las tardes tranquilas en la plaza, en los bares, en Babia.
Luego vine a Majadahonda. Las fiestas. Me apunté a Psicología. Ahora voy a Pozuelo, a las clases que dan en un edificio que se llama "Reyes Católicos". No encontraba la manera de escribir algo interesante aunque tenía una idea de lo que quería escribir pero no me convencía.
Di muchos paseos a Las Rozas, a matar el tiempo, a pensar mientras andaba, a olvidar que no tengo problemas.
Cuando llega la noche descanso tranquilo.

He empezado las clases de Psicología en el centro Reyes Católicos de Pozuelo. Hay que hacer unas prácticas (pasar un test y averiguar si el café afecta a la memoria). Pero bueno, las clases pasan bien, no se me hacen largas. Hoy voy a ir a una clase de Psicología social.
No me pongo con la escritura, no escribo nada aún. Me pone nervioso este hecho. Yo debería escribir un poco, lanzarme a escribir.
No tengo historia todavía. La que tengo no me la creo del todo, no me acaba de gustar.
Me estoy leyendo "Taxi" de Carlos Zenón y el modo de expresarse este autor me gusta, es bastante curioso.
La vida va pasando a pesar de todo, a pesar de nosotros mismos, a pesar del odio que la tengamos, a pesar de los minutos horribles de la decepción.
Poco a poco, yo me iré sacando la carrera de Psicología pero esa historia está por escribirse, está en el aire aún.

martes, 31 de octubre de 2017

Debería ponerme a escribir algo, lo que fuera, para estar entretenido por las tardes. Tengo que ir por un taco de jamón al supermercado para hacer unas sopas de ajo. Mi historia empezaría con dos gemelos que se separan al nacer. Y que luego, andando el tiempo, se vuelven a juntar. Me estoy leyendo "Taxi" de Carlos Zenón. Va de un taxista al que su mujer da un ultimátum.
Podría escribir algunos cuentos breves para coger músculo literario.
Podría ir a dar una vuelta en cercanías por algún barrio de Madrid.
Podría.
La vida ejerce una influencia grande en los espíritus inquietos. Los hace moverse, actuar, proferir exabruptos contra la injusticia.
La vida debe ser un acicate, nunca una invitación a la depresión y al dejarse llevar por una corriente pesimista.
La vida es alegría por definición, es ganas de respirar y de hacer cosas antes de morir. La vida es ese espectáculo que se abre ante nosotros cada vez que nos levantamos de la cama.
Lo malo es que yo noto una pereza o un desinterés por las cosas algo preocupante, algo morboso. No noto la vida como debería.

viernes, 27 de octubre de 2017

Voy a escribir este artículo para entender lo que está pasando en mi país: hoy se ha aprobado en un parlamento autonómico fuera de la ley y de la constitución que esa autonomía a la que representa ese parlamento autonómico es ya una república independiente. Pero es que anteriormente, ese parlamento autonómico se saltó las normas que rigen España y su constitución al aprobar algo llamado, creo, desconexión. La oposición a ese gobierno autonómico salió del parlamento porque no estaba de acuerdo con esa desconexión. Luego vino un referéndum ilegal en los colegios electorales reprimido por la policía española, ya que la policía autonómica no intervino esos colegios electorales, como era su misión. Ni la ley, ni la constitución española ni el estatuto de esa comunidad autónoma tenían ya ningún valor cuando se produjo ese referéndum. Los políticos independentistas se habían cargado la ley que emana de la constitución y del estatuto.
Después vino un tiempo en el que el presidente de esa autonomía no se definía ni proclamaba la independencia de esa comunidad autónoma. El juego de ese presidente era simplemente su salida personal del asunto, como llegó a sugerir: si me salvan (dirigiéndose al gobierno central) convoco elecciones autonómicas. El gobierno central, por su parte, puso en marcha el viernes pasado el artículo 155 de la constitución que más o menos dice que si una autonomía va contra el interés general de la nación, será intervenida. Hoy a las cinco se ha aprobado la independencia de la autonomía sin la oposición en el parlamento autonómico. Hoy a las 7, se ha cesado al gobierno de la comunidad autónoma que ha conseguido relegar políticamente a la mayoría de la ciudadanía de esa comunidad autónoma que no desea la independencia. El presidente de esa comunidad autónoma ha actuado de forma cobarde, estéril y estúpida. Quizás los delitos que ha cometido de secesión y desobediencia a las leyes le lleven a la cárcel. Por fin la legalidad se va a instalar en Cataluña, comunidad autónoma de la que hablo y ya no habrá más mentiras ni presiones a aquellos catalanes que son mayoría que no quieren una Cataluña fuera de España. Por lo demás, creo que los independentistas han actuado reprimiendo a los que se sentían españoles en Cataluña sin dejarles hablar ni expresarse. Han manipulado la televisión autonómica, han gastado dinero de toda España en sus fines independentistas y han colado la idea de que España robaba a los catalanes, que es mentira. Y otra idea de que en una Cataluña independiente se viviría mejor. Han seguido en la falacia de que conseguirían independizarse y este presidente tan ineficaz ha hecho que todas esas ideas se fueran por el retrete de su cobardía y su falta de coherencia. Espero que alguien pague cinco años de mentiras, de presiones políticas falsas, de tropelías a la razón y al sentido común llevado a cabo por el gobierno de Cataluña.

domingo, 22 de octubre de 2017

Si la ilusión ya se ha ido, queda el ir viviendo una realidad que no gusta. Pero bueno, no todo va a ser malo. Hay aspectos de mi vida de la que disfrutar. Tengo que escribir otra novela. Tengo que estudiar Psicología. Tengo que aprovechar el tiempo para hacer algo bello.
Pero por ahora estoy inserto en el caos de la vida, en lo que no nace todavía, en el desorden vital. No me centro. No he construido un sistema de vida que me valga para decir: mi vida tiene un sentido concreto. Solo hay cuadernos vacíos, horas sin llenar.
Ha llovido durante dos días pero nada más. El tiempo está muy seco y es otoño. El otro día atribuyeron las riadas de Andalucía al clima mediterráneo en el informativo meteorológico. El clima mediterráneo no da esas riadas. Esas riadas son culpa del cambio climático.
Ocultan la verdad a los televidentes o la cambian por otra más light. Pero todos sabemos que el clima anda mal.
Bueno. Espero ponerme en onda pronto e ir haciendo lo que debo pronto.

lunes, 16 de octubre de 2017

He intentado matricularme en la Uned de Psicología. No entiendo los procesos. Me dicen que está en tramitación. Parece ser que últimamente, todo está en tramitación. La vida está en trámite de convertirse en un absurdo. La gente está en trámite de convertirse en cuerpos articulados que no dicen nada. En fin, el trámite lo es todo para que nunca pase nada.
Mi hermano dice que vivimos en compartimentos estancos. Yo vivo con él en un compartimento estanco del que es muy difícil salir.
Dicen que las personas solitarias empujan a la soledad a otras. La soledad viene de un concepto equivocado que se tiene de las personas y un concepto equivocado que tiene la propia persona de sí misma.
Yo no sé si es mejor la soledad que estar rodeado de gente que no aporta nada. No me decido. Prefiero una compañía insana que la soledad amena de mi habitación.
Lo más parecido a lo bucólico que hay en la ciudad es una habitación donde estás tú solo creando algo o contemplando el mundo a través del ordenador.
La vida es así. Se queda uno solo alguna vez y ya no se recupera de esa soledad. Los amigos se cuentan con los dedos de una mano.


martes, 10 de octubre de 2017

Parece que la vida me sonríe a pesar de algún inconveniente. Ya sé pasar las mañanas con cierto ímpetu vital, aunque solo sea leyendo la prensa ante un café con leche. Debería visitar los sitios donde di clases. A lo mejor me llevo alguna sorpresa. Recuerdo aquel barrio donde las alumnas guapas roneaban en el andén de la estación. Y recuerdo aquellos inviernos fríos que ya no vienen en los que yo estaba al amparo del aula. Recuerdo también los interminables raíles de cercanías que me llevaban a Parla, a Alcalá, a El Escorial. Todo se ha ido. Pero puede volver si me acerco un día a ver aquellos edificios, todos iguales, en los que había pizarras para aburrir.
Se oye el graznido de la corneja. Se oyen las ambulancias y se oye muy débilmente una brisa que trae octubre como el aroma del otoño.
Yo sigo aquí, en mis breves coordenadas espaciales, en mi breve tiempo. Ojalá, como decía Machado, un brote de una rama traiga alguna esperanza cierta.
Ojalá empiece a llover con frecuencia, ojalá los bolsillos de la gente se llenen, ojalá la navidad que llegue huela a concordia.
No soy ni de unos ni de otros. No soy revolucionario ni conservador. No soy apenas nada. Quizás sea un ciudadano de estos que inundan las aceras.

lunes, 9 de octubre de 2017

Una semana después del 1-O, ya está triunfando el no a la independencia. Mas, el mayor inventor de todo esto, ya ha dicho "que Cataluña no está preparada para la independencia". Lo ha dicho cuando los dos grandes bancos de Cataluña se han esfumado del terreno. Nos han dado la brasa durante tres o cuatro años para convencernos de una independencia ilegal que hasta gente que se supone con luces decía que estaba bien, que votaran, que era su derecho, etc. Cuando no tenían derecho a votar ni a independizarse unilateralmente. Han camelado a mucha gente, los buenistas, que, infantiles ellos, creen que todo está bien. Han engañado a muchísima gente catalana con el deseo de la independencia, que no era real, como ellos decían. Y a mí lo que me jode es que, después de tanto jolgorio y tanta brasa que han dado, se vayan de rositas. Me gustaría que los dirigentes de Cataluña, los aprendices de magos del procés vayan a la cárcel por engañar a la gente tanto tiempo y pretender una aventura que era pura mentira.
Y por haber roto con la Constitución, los parlamentos y las leyes que nos hemos dado todos los españoles.

sábado, 7 de octubre de 2017

Me han cambiado una medicación que me ponía mensual a trimestral. En concreto, una inyección. Me ha sentado fatal. Me levanto después de tener un sueño inquieto a las tres o cuatro de la madrugada. Luego, me es difícil ponerme otra vez a dormir. El día 17 voy a ver a la médica y le diré que me cambie otra vez a la mensual. Creo que a los psiquiatras les regalan un viaje o dinerito por recetar medicamentos nuevos pero espero que triunfe la sensatez en mi médica porque si no, la dejo.
Como hoy me he levantado a las cinco, me he puesto a leer teletipos de la tele y en uno de ellos sale que Mas dice ahora que Cataluña no está preparada para la independencia. Menudo rascanalgas, menudo brincapesebres, menudo mangas de humo está hecho el dirigente catalán. Qué listo. Así, a lo mejor, haciéndose el bueno, consigue librarse de la quema, dando marcha atrás, ahora que lo ve claro.
Bueno, sinvergüenzas hay de todo tipo por el mundo. No nos alarmemos ahora de ver gente como esta por estos pagos de Dios. Lo que pasa es que a mí me encantaría verle entre rejas una temporada por lo que ha hecho. 

miércoles, 4 de octubre de 2017

Yo veo gente por la calle y los veo todos un poco igual. Como dice una canción de Serrat, "aburridos, desconocidos y poco atrevidos donde los hubiera". E intentan ser felices como yo, cada uno con sus argucias y sus maneras de conducirse por la vida. Hitler era uno de estos señores que iban por la calle. Había escrito teatro o no sé qué y luego escribió "Mein Kampf" y era activista y le metieron en la cárcel. Hasta ahí todo normal. Luego llegó la anormalidad de que siguieran sus pasos, sus ideas y sus actos verbales que iban desde la amenaza hasta la provocación pasando por actos más brutales como el asesinato y el holocausto. Y todo fue en nombre del nacionalismo alemán.
Y ahora vienen otros nacionalismos como el catalán, que también se hacen la víctima como hizo Hitler hasta que consiguió que masas le siguieran por un camino de destrucción, de crímenes y de ataque global al mundo entero. El nacionalismo catalán dice que los actos violentos que tuvieron lugar el domingo "no tienen precedentes". Sí los tienen y muchísimo más graves: a Companys y a su intento de secesión me parece que le siguieron 45 muertos y 3000 presos. ¿Por qué mienten? Porque les interesa el papel de víctimas como le interesó a Hitler hasta que le llegó el papel de verdugo.
Lo que haría Cataluña si se independizase, sería conseguir un ejército (ya han hablado de la necesidad de ello), anexionarse Valencia y todos los "países catalanes". Así funciona el nacionalismo en el siglo XX y supongo que en el XXI. Por eso es importante pararles los pies antes de que este nacionalismo siga la senda de nacionalismos que ya vimos lo que dieron de sí. No hay persona que no vea en Puigdemont, Junqueras y la CUP más que unos fanáticos nacionalistas que están engañando a la gente en nombre de no sé qué país catalán que nunca ha existido ni creo que existirá. Ya se han cargado la Constitución, ya han celebrado el referéndum del sí, ya han tenido su rato de mártires que tan bien les venía y ahora quieren seguir en la senda que les da el poder para crear un país catalán lo más grande posible donde solo se hable catalán, donde ellos puedan escribir la historia de Cataluña que les dé la gana y para eso tienen algo que ya tuvo Hitler: las masas ciegas.
Yo veo todo esto muy mal. No hay políticos de altura. Mas actuó como un filibustero cuando vio las Ramblas llenas de esteladas y dijo para sí: "esta es la mía". Habría que haberle encarcelado después del 9N. No se hizo. Ahora la bulla es más grande, con un partido de psiquiátrico en el poder, con las masas engañadas, con gente asustada en casa que no desea la ruptura con España pero no les han dejado ni abrir la boca. En fin, un desastre. Cataluña ya dio problemas en 1917, la Semana Trágica. Intentó la secesión en un par o tres de ocasiones en las que sí hubo mucha violencia y además muchas muertes pero esta vez han pretendido comer el coco a mucha población que creían que un referéndum unilateral era legal en España. El referéndum es ilegal, no vale, no cabe en la Constitución por la que nos regimos todos los españoles y la declaración de independencia tampoco valdrá porque el Estado siempre sabe defenderse como sea.

lunes, 2 de octubre de 2017

Por fin se ha acabado el rollo este independentista con un referéndum con palos. Se ha echado de menos una explicación por parte del gobierno de qué se iba a hacer o de qué se había hecho. Pero lo bueno es que creo que por un tiempo no ocuparán la televisión esos políticos que lo venían haciendo. Ojalá vengan otros que quieran otra cosa para Cataluña que no sea la independencia. La independencia no, por favor, con eso no se juega. Y tampoco se juega con la ruina que venía después de la independencia.
Pero no todo va a resultar tan fácil porque me parece que llega la hora de los mártires. Si antes eran víctimas, ahora van a ser mártires asquerosos que berrearán su martirio desde la cárcel o desde cualquier sitio. Qué asco. Otro rollo. La novela no tiene fin.
Yo me voy a dar a la soledad. A mi soledad querida pues las compañías que tengo no me convencen nada de nada. Dejaré atrás la compañía de unos señores indigentes y viejos que ya no me hacen gracia.
Dejaré de verles y de invitarles a cervezas porque ya no me hacen ni puta gracia.
La vida es así, va a empujones; unas veces estás con unos y otras veces estás solo. Mejor solo que mal acompañado.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Me levanto por la mañana y el monstruo sigue ahí. Repaso los conocimientos que tengo para pasar otro día que se duerme según avanza. Hay conocidos que trabajan a esta hora, que tienen ocupado su tiempo en una labor valiosa. Yo empezaré otra novela en cuanto termine la que escribí este verano, la historia de mi vida. Pero mientras, la vida me atrapa en un sinfín de laberintos infames que anidan todos en mi cabeza. Y no sé la salida, no la veo por ninguna parte.
Tendré que sufrir mi forma de ser ya que la vida es una historia contada por un niño o un idiota, llena de ruido y de furia y sin significado. Eso es lo que significa la vida: su falta de significado. Por más que nos esforcemos los seres humanos no vamos a encontrar la satisfacción del sentido de la vida aunque algunos digan que les espera un dios al acabarla.
Venimos al mundo sin saber por qué y nos vamos de él también sin saber por qué y mientras, nos debatimos en luchar por ver qué es esto que nos rodea y nos esculpe, que nos devana y nos acerca a algo que nunca sabemos lo que es. Es el signo del ser humano: no saber nada, como dijo Sócrates, no saber lo que hacemos ni por qué lo hacemos. Sabemos que hay leyes pero no sabemos la raíz última de las mismas. Sabemos que hay maldad y nos asombra su existencia sin saber qué la otorga ese misterio. La maldad, la bondad, el bien y el mal son arcanos a los que no llegamos con nuestra pobre alma ni con nuestra pobre inteligencia.
Todo lo dejamos al albur de los dioses o de otras inteligencias que han estado en este mundo quizás a arrojar un poco de luz a lo que llamamos vida e historia del hombre pero tampoco nos fiamos de esos seres privilegiados que sí parecían saber en qué consistía la vida.
Lo nuestro es pasar, pasar. Van a venir días y días y nosotros pasaremos. Unos, pendientes de su belleza; otros, dando vueltas a los conceptos que nos aterran y nos superan. Y todos, todos, ricos y pobres; guapos y feos; desgraciados y afortunados, lo único que habremos hecho será pasar. Pasar como el agua o como el viento por el mundo porque somos motas de polvo, somos la nada hecha representación en forma de seres humanos fugaces e intranscendentes.
Así, todos, alguna vez, con éxito o sin él en la vida, nos preguntaremos: ¿qué hago yo aquí? Y un silencio asombroso, un silencio sobrecogedor nos hará helar el corazón cada vez que preguntemos algo así. Cualquier ser humano quiere saber qué hace aquí, qué juego es este, qué dolor se acumula en el costado producido por la vida pero nunca lo sabrá. Es el misterio de la vida, ese que anda por las cabezas de la gente de cuando en cuando para quedarse sin resolver y crea una angustia atroz por unos segundos.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Me siento en un banco de la calle y oigo el rumor de la mañana. Conversaciones que se elevan y llegan a mis oídos en un incomprensible run run. Faltan cuatro días para que una región de España, una autonomía, rete al país entero a independizarse del mismo. Y la gente está tan tranquila. No veo manifestaciones a favor de la unidad de España, en contra de ese intento de romperla. Y creo que es muy grave lo que está pasando y más lo que va  a pasar pues he oído que los catalanes tienen un sentido de "desapego" de España muy grande. Aunque dicen que solo la mitad de la población de esa autonomía defiende la separación. No sé si acabará todo en un intento o este intento tendrá una continuidad en el tiempo futuro en el que Cataluña persistirá con la idea del sí, del sí a la independencia. Hay mucha gente que apoya esa idea, la llaman romántica pero es muy real, de que Cataluña se separe de España. Pero eso no puede ser. España es una nación que incluye a Cataluña y el gobierno no puede dejar que parte de España se separe. Hay mucha gente ilusa o/y atraída por este movimiento revolucionario separatista que sí cree posible y deseable la separación de Cataluña pero eso no debe ser óbice para que pensemos los españoles de todos los sitios y clases sociales que Cataluña es parte de España y nada más. No hay diálogo ni pacto ni nada que haga que España prescinda de una región que la conforma. Y no hay más que hablar. De hecho, los sediciosos que han amparado esta acción de independencia de Cataluña de España; o sea, Puigdemont, Junqueras y Mas han de responder ante la justicia española de sus delitos de sedición.
Yo,  por otro lado, estoy haciéndome a la idea de que estoy solo o la compañía que tengo no es la adecuada. Me hago viejo, lo noto y no encuentro a mi lado nadie con quién hablar de mis cosas. Veo que hay gente que me hace compañía y tal pero esa gente es muy deficitaria en cuanto a posibilidad de contrastar mis ideas con ellos.
Tengo la compañía de mi hermano que a veces es muy beneficiosa y equilibradora pero tampoco puedo consultar con él mis inquietudes. Me hago viejo. Las modas nuevas me hacen viejo. No veo más que gente rara por la calle, que no entiendo. Este mundo de hoy en día ya no lo entiendo. Las cosas van demasiado deprisa para mí ya. En la población que me rodea no veo ningún signo de la educación humanística que yo recibí en su día. No veo más que materialistas-consumistas preocupados por el modelo de móvil más moderno. No veo más que números que engrosan todos los días los supermercados de ropa y calzado y salen cargados de bolsas. Cervantes es un recuerdo que no significa nada para esta gente. Ni Cervantes ni ninguno que escribió algo memorable. En las mentes que veo todos los días no hay más que una actualidad rabiosa que solo se preocupa de un presente que se agota con rapidez. Consumir, ganar dinero como sea, ese es su lema. El pasado y el futuro no existe. Pasa la gente con la prisa del ahora. No hay nadie que sepa ya quién fue Azaña, Lope de Vega o Galdós. Todo es salir del trabajo y pasar las horas con la mente tan hueca como una caverna, la caverna de las sombras.

jueves, 21 de septiembre de 2017

La gente no se entera de la gravedad del intento de independencia por parte de unos facinerosos que gobiernan Cataluña. Todo lo inició Mas a modo de filibusterismo político cuando vio a las masas de la Diada. Mas vio un filón político en esas gentes y empezó el rodillo que no se ha sabido parar. Incluso se realizó una intentona de referéndum a la que no se dio importancia. Pero la idiotez política en España cunde como la espuma y así se han ido juntando elementos a este intento de independencia como un partido de psiquiátrico como es la CUP. Mas debería estar hoy día en la cárcel, de la que se va a librar por la flojedad del gobierno de la nación. ¿No impulsó Mas un referéndum ilegal ya en su día? Pues por ello debe pagar. Lo que pasa es que este otro referéndum querían los facinerosos que tuviera cobertura legal. Y se cargaron la Constitución como facinerosos que son. Lo más sensato que he oído decir en estos días ha sido al actor Arturo Fernández: " que el gobierno dialogue con gente seria, no con estos que quieren arruinar Cataluña". Desde luego, la independencia sería una ruina para la región de Cataluña y para España y por eso hay que parar el intento como sea.
Me he dado cuenta de que "El país", periódico nacional, no informa convenientemente de lo que pasa y encima, a veces confunde a la gente que lo lee. Sus titulares son engañosos y no me gustan las fotos que pone. Además, hay una especie de buenismo en ese periódico que hace que parezca que todo el mundo es mejor. Pues vaya mierda. En estos momentos de incertidumbre política, incertidumbre informativa. Deberían plantearse en ese periódico de qué lado están y ser más rigurosos en lo que dicen a sus lectores. Lo digo porque leo los tres periódicos de tirada nacional y en los que una cosa es clara como el agua, en "El país" se trata como con miedo a decir la verdad. Me parece que este periódico apoya a los socialistas. Pues vaya futuro le espera, con dirigentes que dicen una cosa en Bilbao y otra en Madrid, que no saben defender España y que en concepto de economía no saben más que regalar dinero a mansalva como hizo ya el malhadado ZP. Si "El país" anda con medias tintas en lo que cuenta, habrá lectores que no se darán cuenta de la dura realidad y vivirán el cuento de hadas de que todo va a ir bien y que los de derechas son todos muy malos y los de izquierdas son como hermanitas de la caridad. Pues vaya plan.

martes, 19 de septiembre de 2017

Son las ocho y diez del día 20 de septiembre de 2017. Ya va clareando. Acabo de desayunar y de leer la prensa. La mañana que me espera ya la conozco y no creo que me depare sorpresas. Ansío ir a algún sitio desconocido o especial, donde haya música o la música me acompañe pero mientras me voy a ir a Las Rozas a eso de las nueve, después de escribir un poco. Tengo que acabar la novela de mi vida que ocupa unas cien páginas. Ojalá pudiera yo escribir la historia de mi vida con mi propia vida, firmando una vuelta al globo o tirándome en paracaídas.
La vida va dando vueltas, como hace el mundo todos los días sobre sí mismo; la vida es una noria puede que un poco absurda, puede que un poco tiránica, puede que un poco insistente.
La novia que no tengo se desnuda para entrar a la ducha y mojarse el cuerpo con deleite antes de coger el metro y llenarse de la suciedad del ambiente. Luego trabaja hasta las tres.
Los perros son esos animales que viven tristemente con el hombre en las ciudades exhalando melancolía, sudando la pobre hiel que sudan los humanos.
Yo me retiro al camino, camino que me espera hoy. De su mano, llegaré al pueblo de al lado y luego volveré a casa. Haré un camino incesante y terco como la lluvia que no cae.
Yo debo ser un alma inquieta pues sueño con sitios lejanos, imagino historias con palabras, deseo conocer gente nueva. Deseo también la mezcla de estas tres cosas: escribir sobre sitios lejanos, conocerlos y charlar con gente nueva de esos sitios y esas historias que he creado o crearé con palabras. Todo bulle en mi interior y no he conocido a nadie con el que hablar de semejantes cosas. Me siento solo con mis inquietudes. Internet no me ofrece la oportunidad de conocer gente nueva pues esa gente solo desea el amor o el sexo y yo lo que deseo es el compartir historias o ideas del mundo frente a una taza de café. Yo soy quizás un intelectual sin intelectuales al lado. Por lo tanto mis ideas se diluyen en mi propia cabeza una vez pensadas. Yo me monto un mundo de ideas, palabras, historias creadas, deseos que no tienen fin pues la imaginación es fértil en la soledad pero no tengo con quién contrastar tales deseos o ideas o historias. La gente solo piensa en compartir la vida pero no los pensamientos. La gente quiere estar al lado de otra persona pero solo por el hecho de estar al lado de otra persona. La soledad es muy mala pero hay que gestionarla. Me daré un paseo hoy para ahuyentar la soledad porque el camino en el que se pierden los pasos reblandece la soledad y la transporta a algún lado.
Me está pasando lo que creo que pasa a los que llegan a la cuarentena y no se han casado o se han divorciado: su horizonte vital se ve reducido porque no tienen amigos, añoran una realidad del pasado en la que podían contar sus inquietudes y sus logros ante una audiencia que les hacía caso. Ya no hay nada de eso. Hemos perdido todos los amigos porque estos sí se han casado y tienen un proyecto futuro alejado de nosotros y además, es muy difícil hacer amigos llegada una edad. Entonces, hay que lidiar con la soledad impuesta, con la soledad que se ha ido almacenando con los años de perder amigos que forman parte de un pasado o un presente en el que no se puede contar con ellos. Hay que vivir solo porque quizás ya hemos perdido a nuestros padres, nuestros hermanos ya no están en nuestra órbita vital y los posibles amigos están en un limbo llamado internet al que no acudimos por desconfianza o por miedo. Repito: toca ser robinsones de la ciudad o el pueblo donde vivamos. Algunas conversaciones casuales nos hacen aterrizar en el mundo por unos momentos. Conversaciones con vecinos, con familiares etc. pero no nos ofrecen esas conversaciones la alegría que nos ofrecían aquellas del instituto, la universidad, el trabajo aquel que desempeñamos hace tiempo.
¿Qué hacer? Creo que debemos adueñarnos de nuestra soledad, hacerla nuestra y exprimir lo que tenga de bueno. El buey suelto, bien se lame, dice el refrán. Hagamos lo que nos dé la gana pues nadie va a pedirnos explicaciones de nuestra conducta. Pasémoslo bien aunque no tengamos un público que nos halague y nos diga que buenos somos. Practiquemos cosas sencillas como dar un paseo, hacer fotos, escribir, ir a Madrid... Sorprendámonos a nosotros mismos haciendo cosas valiosas como una novela. Organicemos nuestro tiempo como queramos y saquemos provecho de él. La soledad favorece el pensamiento y cuanto más pienses, más ideas vas a sacar para hacer y divertirte. Y, que no se me olvide, si no puedes reír, al menos sonríe.
Yo, a lo largo de mi vida como profesor, me he tenido que adaptar a, al menos, 17 institutos diferentes en veinte años. Yo era interino y seguí siéndolo hasta casi el final. Leo en un periódico que en la educación, uno de cada cuatro profesores son interinos. ¿Cómo va a funcionar bien la educación con esta variable tan mala en la que muchos están de paso en los institutos? Así no puede funcionar bien la educación. Porque el interino no está centrado, no tiene historia, solo sustituye. Ya es hora de que la administración educativa haga un esfuerzo para que no haya tanta interinidad. La interinidad crea injusticia en los institutos en los que el interino carga con lo peor y el profesor antiguo se deshace de carga lectiva. ¿Cuándo va a llegar el interino a la situación de un profesor antiguo? Cuando esté a punto de jubilarse, a los sesenta pues se ha tirado hasta los cuarenta y pico de interino y opositando. Una injusticia. Mientras, el profesor antiguo se va quitando tarea que endosa al nuevo, al interino, el interino sufre por sacarse una plaza que obtiene a los cuarenta, cuando ya se ha recorrido toda la comunidad de Madrid sustituyendo. Qué pena. Y luego echan la culpa a los chavales, a los padres, a los profesores. La administración debería mirar qué está haciendo.
"El sí de las niñas" es una obra de Moratín hijo que tuvo mucho éxito en las tablas. Es una obra sencilla que trata de una sobrina que van a casar con su tío viejo. Es horrendo pensar en tal casamiento, como le pareció a Moratín. Pero lo bueno de esta obra es el equilibrio que hay en ella. Transcurre en un día, en un solo escenario y también tiene unidad de acción. La acción es muy clara. Es una joya de la literatura neoclásica que quiso romper con el teatro fantástico y absurdo que había en aquel entonces. Sería un trabajo ingente cultivar el gusto de la gente actual con obras que llevaran mesura, enjundia y realismo al cine, a la televisión y a la literatura. No hay más que zombis, enajenados que ponen bombas, crímenes horrendos y sofisticados en la escena actual. No hay quien vea una película como Dios manda en la televisión, que tenga la medida del hombre: todos son exageraciones a cada cual más brutal. El buen gusto se perdió hace ya mucho tiempo y los monstruos abundan en todos los lados. El hombre no quiere al hombre en el arte: quiere violencia sofisticada y mucha acción que sonroja la inteligencia. Hemos llegado a la estupidez por la estupidez en la creación de historias. Es hora de contar la realidad del modo más claro, sin asesinatos, sin zombis, sin estúpidas persecuciones de coches. Nadie hay que escriba el guion de una película que llegue al corazón del ser humano. Yo, si pudiera, acabaría con estas películas pero no estamos en 1806, año del estreno de "El sí de las niñas".
El Escorial es muy bonito porque parece que te habla la piedra. En Toledo, cuando vas por las callejuelas, también te hablan los siglos. En Alcalá de Henares y en la Salamanca del Tormes te hablan las leyendas, las universidades, el Lazarillo, Cervantes que estudió en la ciudad madrileña y tantos otros escritores renacentistas que blandieron su pluma para quejarse o para crear otro mundo porque este no les gustaba. Me gusta el Renacimiento: se dieron en esa época el descubrimiento de los clásicos y su renovación y también un modo optimista de ver el mundo, un modo culto de ver las cosas. La primera parte del Quijote obedece a ese ideal de que las cosas tienen arreglo, de que la vida es bonita. Luego llegaría el barroco y la vida se sumió en un caos que Dios creaba para su desentrañamiento, su sutil análisis inteligente. Así son "Los sueños" de Quevedo y otras obras en prosa del autor, en las que todo está enmarañado, todo el mundo engaña. Me parece que vivimos un barroco en el que todo está mezclado y nada es lo que parece. La sinceridad y la verdad se han aparcado en un parking subterráneo y no salen a la luz nunca. Qué falta nos hacía un renacimiento de las ideas, de los cargos, de los que gobiernan, de la literatura, del amor y del hombre y la mujer que hoy en día están sumidos en un caos de confusión, de engaño, de divorcio continuo, de las pocas ganas de mostrarse tal cual uno es.





Me fastidia levantarme tarde. Pero así fumo menos y estoy descansado. Pero la mañana se me va. Este ritmo de sueño se debe a la relajación del verano. Pero dejémonos de particularidades sobre el sueño y analicemos un libro sobre Jung que ha caído en mis manos: es un libro de kiosco que pretende la divulgación clara del pensamiento del psiquiatra. Me ha gustado mucho porque habla del símbolo, de los tipos de personalidad que hay entre los seres humanos, sobre el análisis, no la interpretación, de los sueños y se compara a Jung con Freud. Freud era más ortodoxo, más frío que Jung en el análisis de la mente humana. Jung se interesó por un montón de disciplinas incluida la parapsicología. Todavía es verano. Mañana o pasado entrará el otoño y dicen que va a venir una racha buena para los escorpios. Yo no es que crea en el horóscopo pero es una forma de predicción del futuro como cualquier otra. En la predicción católica te dicen que te portes bien y así irás al cielo. ¿No es difícil creerse eso? O la bolsa, con sus acciones que suben y bajan. O la ciencia que crea hipótesis que no son nada fácil de demostrar. El horóscopo dice que tendrás buen día. Si no lo tienes, falla tanto como la religión, la ciencia o la bolsa.

viernes, 15 de septiembre de 2017

En las guerras hay reductos de paz y deseos enormes de que acaben. También hay en las guerras gente pacifista que trabaja para que acaben. En la guerra se desea la paz. Cuando hay desórdenes en un país, los dictadores afilan los dientes viendo una oportunidad de actuar. En las dictaduras, hay reductos de libertad y gente que lucha para que la dictadura caiga. En la paz parece que también hay un camino que se abre paso a la guerra por falta de entendimiento o deseos encontrados. Si el país es débil, ese camino de guerra llevará a ella. Si el país está consolidado, actuará el Estado y despejará esas ideas de ruptura o de deseos erróneos. En el género humano, si se está en un estado, se desea otro.
Quiero decir con esto que los países y los seres humanos estamos siempre en lucha contra nosotros mismos, deseando lo que no tenemos. Cataluña quiere ser una nación, aspiración sana si no perteneciera a España. ¿Habrá naciones que quieran ser provincias de otra nación? No sé si se habrá dado el caso. Argelia me parece que pudo ser provincia francesa. En fin, ya digo: soy esto pero pretendo ser aquello otro: el pan nuestro de cada día.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Estoy a punto de hacer una ensalada de dos lechugas que he adquirido hace poco en el pueblo de al lado. Comer siempre relaja, no solo el hambre sino también el ánimo y se recobra cierta alegría perdida después de saciar el apetito. Esto es lo que importa a un mortal como yo, no esas sandeces de repúblicas nuevas.
Los periódicos traen muchas noticias que agrían el carácter del que las lee por lo común. Las noticias que hacemos los mortales con cuatro cosas que nos valen cuatro duros valen más que todas las noticias del periódico. Mi ensalada es una buena noticia que voy a manufacturar yo mismo, sazonándola adecuadamente y trasegándola en mi interior. No es que haya que ser uno ignorante de las cosas pero sí saber dar a las cosas su importancia.
Y la importancia que tienen las cosas de mi alrededor es radical con respecto a tanto aparato que da vueltas por Cataluña o por Corea del Norte. Ojalá un día el mundo fuera perfecto pero eso nunca sucederá. Mi ensalada sí es perfecta a esta necesidad que siento ahora y como tal la voy a tratar.
En una democracia, hay que confiar en el ciudadano. Pero al ciudadano le da por montar repúblicas o por romper farolas o por poner bombas. En una democracia, el ciudadano debe ser instruido, así respetará mejor las leyes. Cicerón dijo que para ser libres, debemos ser esclavos de las leyes. Yo desconfío de los ciudadanos que no llegan al bachillerato y tienen una inmensa oferta de consumo que no llegarán a satisfacer porque tendrán bajos sueldos. Desconfío del presidente que diga que España es un hecho discutido y discutible. Es el mayor de los hijos de puta que puede encontrar una nación, el que la discute. Estos engendros políticos que nos hemos tragado, como los gobiernos imbéciles, han hecho posible, tiempo después, estos otros desvaríos de repúblicas.
Estos gobiernos de la ocurrencia han formado una excusa en la ciudadanía para hacer las cosas mal y decir que todo es válido. Una excusa ambiental para decir: todo el mundo es tonto y malo. ¿Por qué no puedo serlo yo?
Hijos de puta han gobernado pendientes de una fotografía y ahora tenemos esto y una posible repetición de otro gobierno imbécil.
Según está el mundo, uno no sabe qué pensar ya. Pero seguro que ya les sucedió a los romanos, que veían cómo su imperio decaía de día en día. Veían signos. A mí, lo que me molesta de la política y de la degradación que hay en la vida pública es que llega a la ciudadanía ese malestar de no saber quién tenemos al lado. Nadie se fía de nadie ya, o esa es mi impresión. Como nos han enseñado las llamadas élites a hacer toda clase de tropelías, las ensayamos también nosotros con el vecino y la convivencia se agría de modo irremisible.
Hace mucho que no amplío mi agenda de amistades y yo creo que también es por eso, por la cerrazón que tiene la gente ante los demás. Nadie quiere ofrecer una mínima confianza al otro porque ya ha oído demasiados casos de maldades que abriga el otro. El estar conectado continuamente a noticias malas pervierte sin duda la percepción que tenemos del mundo y ponemos una mueca de asco no solo ante las noticias sino ante aquel que nos brinda el saludo. Somos muy correctos con el otro, no sea que vaya a pasar algo pero no queremos saber nada del otro, no sea que vaya a pasar algo. De modo que el otro nunca sabrá nada de nosotros y nosotros no nos mezclaremos con el otro. Para eso se realizan seminarios y clubes donde conoceremos estrictamente al que tiene una afición como la nuestra o le guste la misma música que a nosotros. Pero jamás vamos a dar la mano a alguien que sienta o piense diferente que nosotros. No vaya a pasar algo como pasa todos los días en internet y otros medios de comunicación que lo ponen todo negro para que estemos asustados continuamente y no nos fiemos ni de nuestro cuñado.
Hay un intento de vivir mejor que no sé si pasa por conocer gente nueva que ayude a relativizar mi absoluto vital y mi rutina de días iguales. Hay un deseo de viajar aunque sea aquí al lado para ver cosas nuevas que relativicen el absoluto local. Hay un deseo de cambio. De todas formas, para agobiarme más y poner tasa a mi vida de alguna manera, he calculado que me quedan veintidós años de vida operativa. Lo demás, a partir de mis setenta años, casi sobra. La vida es breve, sí, y se hace más breve si no se vive.
Pero bueno. Es lo que hay. Podría yo estar peor de lo que estoy si evaluamos la variable de no haber podido tener independencia económica como tengo. En la vida hay muchos yugos que uno debe ajustarse al cuello como uno pueda y tirar para adelante.
El otro día estuve comiendo con un amigo que decía que para los cuatro días que está uno en el mundo más vale tener un montón de dinero para poder disfrutar. Yo no he tenido nunca ese pensamiento. No me han transmitido el deseo de dinero. Con lo que tengo, vivo. A mí, lo que me gustaría quizás, es conocer más gente para pasarlo bien. Y creo que ni eso, que la gente suele dar problemas. Los amigos, según dice la tradición, se cuentan con los dedos de una mano y sobran dedos. En fin, por muchos deseos que tenga yo de pasarlo bien, mi vida es mi vida y he de aceptarla como es, como hace el común de los mortales.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Una música lenta y tranquila se cuela insinuante por el corazón y hace olvidar los problemas del mundo. Estoy en una taberna de Segovia. Es pequeña. La sobriedad manda en ella. El dueño me ha puesto un café con leche y me he sentado en una mesa. El suelo es de losas del color de la sangre. Las botellas me miran desde su anaquel. La música es todo lo que reina en este recinto aparte del silencio de los hombres. Todo lo que pasa en la calle aquí no llega. Las noticias del mundo parecen haber muerto en cuanto crucé el umbral de la taberna. Todo en este recinto quieto es sosiego, reducida vivencia de pocas cosas, estoicismo repartido por cada rincón austero del lugar. Parece que los objetos hablan. Los vasos, la cucharilla, el suelo parece hablar un lenguaje silencioso como el silbido de una boca que prohíbe el rumor.
Hay un rumor, sí, como de cosa acabada para siempre, como de cosa hecha hace mucho tiempo que no va a cambiar. Cuando entré, me dolía un poco la cabeza pero al entrar, viví como nunca el instante ascético en el que no hay nada más que nuestras almas oyéndose. Descansé del ruido, descansé del calor y el sol, me tomé mi café. La oscuridad de la taberna parecía alumbrarme por dentro. La música seguía sonando libre, acogedora. Mis oídos oyeron una luz. Mis ojos se acostumbraron a la cegadora penumbra de la taberna. Pasé unos momentos felices. Entró una mujer joven. Pidió de beber. El encanto se rompió por momentos. Salí a la calle y triste, el mundo me recibió de forma cruel.
No he sabido valorarme: valorar lo que he hecho en mi vida y estar orgulloso de mis hechos. Creía siempre que cualquiera era mejor que yo. Me humillaba demasiado.
La verdad es que tiene mérito hasta dónde he llegado y cómo me mantengo. Otros en mi lugar habrían tenido demasiadas dependencias malas.
Yo y mi hermano vivimos independientes de mis padres y eso es importante tratándose de dos enfermos crónicos como somos.
No me puedo ni imaginar lo que hubiera sido vivir con nuestros padres: eso sí que hubiera sido una locura. Conseguí todo al aprobar la oposición. Ese fue mi gran triunfo, mi gran hecho.
El otro día vi una película en la que el abuelo de la familia, en su lecho de muerte, habla de que en la vida no hay que decir muchas cosas sino que la vida se basa en hechos. Cuánta razón.
La vida te da o te quita pero en la vida tú puedes conseguir cosas si te lo propones, no solo la vida es algo para quedarte mirando a ver cómo pasa.
Yo no me he quedado mirando la vida. He intervenido en ella. He ejecutado hechos que me han valido para mi presente. Soy lo que he hecho de mí.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Mi insignificante biografía no me permite estar orgulloso de mí mismo. Tengo ciertas inquietudes que parece que me hacen cosquillas y otras veces me molestan. Voy tirando, sería el resumen de mi presente. Y el de tantos, claro.
La verdad que mis años de profesor no los valoro y los años de "novelista" tampoco. ¿Qué valoro pues?
Pues valoraría coger la carretera y largarme a recorrer kilómetros.
¿Y por qué no lo hago? Una pereza ancestral me lo impide.
La carretera está ahí, es una extensión de alquitrán que une pueblos y ciudades. Pero yo no la surco. Yo no la abarco.
La vida quizás es un misterio de difícil solución. Lo único que desvela el misterio de la vida es la acción. La acción determinante y loca.
Pero pasaron los días de la acción y vinieron los de estar en una silla frente al ordenador.
Tristeza de amor, Tristeza vital. Un beso que se perdió hace ya mucho tiempo en el interior de un coche antiguo.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Me cuesta escribir porque la vida me ofrece pocas experiencias sobre las que hacerlo pero la pura rutina es motivo también de escritura. Me levanto con el mismo horizonte que ayer en lontananza vital. Haré lo mismo hoy que ayer y que antes de ayer.
Pero bueno, no vamos a dramatizar sobre un hecho normal porque todo el mundo hace las mismas cosas todos los días y no pone el grito en el cielo. A mí me gustaría viajar aunque fuese solo un poquito y lo pudiera hacer solo pero no lo hago. Una pereza inmensa me tiene reducido como la cabeza jibarizada de un explorador, a un territorio conocido y áspero como la piel de una serpiente.
Insisto: si no me muevo es porque no quiero o porque hago pereza, no porque no quiera. Ahí está Madrid con sus encantos o la sierra, con sus aromas de plantas silvestres. Puedo hacerlo todo, puedo pasarlo bien y no lo hago. ¿Por qué? Solo porque soy un pusilánime sin perdón.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Ayer me dijo el horóscopo que tuviera una experiencia nueva, "sea la que sea". Una amiga me mandó un whassap diciéndome que lo importante es disfrutar del día a día, de lo que te ofrecen las horas sencillas. Ahora hay mucha movida sobre interpretar lo que es la vida y lo importante de la vida y se hacen frasecitas más o menos creativas sobre lo que es pasar la vida y tal, del tipo: aprovecha los momentos que no volverán y tal que crean una angustia en el que recibe esos mensajes no lo estará haciendo mal, no entendiendo la vida como Dios manda. Uno se levanta por la mañana y piensa quizás que debe aprovechar el instante, las cosas sencillas de la vida, debe disfrutar del presente, etc. Y eso precisamente es lo que está haciendo pero quizá no disfrute demasiado de su presente porque su presente es muy parecido a un insulso paso de las horas y ahí viene el problema: el paso de las horas, tan soso que no da ni para paladearlo. Pero es así tu presente o el de cualquier otro. Disfrútalo entonces, de tan sencillo que es tu presente, te da la sensación de que no merece la pena vivirlo y de ahí el problema, el eterno problema de un presente aburrido.

martes, 5 de septiembre de 2017

Otro día más. Aquí, frente al ordenador, leyendo las noticias del periódico. Ya quedan lejos los días de hotel, en vacaciones. La playa, me la imagino, estará ahora más vacía quizás que cuando yo estuve pero de todos modos, preciosa, con sus olas que vienen y van, vienen y van. Y esa carretera que nos trajo a la meseta desde el norte, qué maravilla, que corto se me hizo el viaje.
Las vacaciones es lo que tiene, que pronto pasan, que ni nos acordamos ya. Pero allí estuvimos, en la playa de San Lorenzo, yendo y viniendo por el paseo marítimo.
Estos días de septiembre son calcados unos a otros, no se añade nada nuevo a ellos. Ayer hice la compra con mi hermano y luego fui a dar el paseo con él también. Nos lo pasamos bien con cosas sencillas, como el paseo.
Hoy comeremos crema de calabacín y filetes de pavo.
La vida comienza un día y luego se pone a rodar por no sé qué sitios y ya no para. Rodando y rodando se va impregnando de cosas. Cosas asquerosas o maravillosas, depende. Y así es la vida. 

viernes, 1 de septiembre de 2017

El desánimo cunde pues la soledad cada vez es más sonora. Hoy viernes no hay ni un indicio de fiesta ni de pasarlo bien. Simplemente, lo de siempre. Hay perros que ladran a la luna con la ansiedad de los solitarios y siempre acuden a la plaza pública a hacer saber a los humanos su soledad. Hay fiestas en algún rincón de la ciudad, las oigo, veo cómo se forman desde por la mañana pero yo no estoy invitado, yo solo soy un espectador de uñas muy bien pintadas y labios sensuales que se agitan en una terraza de verano de grandes dimensiones.
Yo solo soy como un viejo al que se le mira con pena, un viejo al que ya no invitan  a las fiestas porque no va trajeado ni a la moda. Yo me siento infeliz de no pertenecer ya a un grupo, un gran grupo de amigos con el que todo fuera posible. Solo conozco a unos mendigos y a unas cincuentonas tristes que solo hablan de los bizcochos que compran en el súper y de su orina triste.
Es penoso haber llegado hasta aquí. Pero no me quejo. Voy viviendo, voy viviendo y espero solo un poco de vida, el suficiente, para seguir muriendo.

jueves, 10 de agosto de 2017

A diez de agosto de 2017, las temperaturas han descendido 10 grados hasta parecer agosto una sorprendente primavera. Esto no hay Dios que lo entienda. El viernes pasado me recluía en casa hasta las siete para no sufrir el calor de los cuarenta y pico grados. Bueno, voy a escribir de libros leídos. Yo me he leído "Las aventuras de Huckleberry Finn" pero no me acuerdo de nada. Todos los libros que son aventuras no se me quedan en la memoria. Así me pasó con "Oliver Twist" y "Nuestra Señora de París". Disfruto mucho leyéndolos pero luego no me acuerdo ni del más débil hilo argumental ni de una anécdota graciosa y ni de nada.
Hace mucho tiempo, el primer año de estar yo jubilado fui a Madrid en busca de una edición de "Los miserables" que se leyera bien, que tuviera buena letra y me lo leí de corrido hasta el capítulo que pone "Cosette" y ahora me lo voy a llevar al pueblo a leer todo lo que sigue. También me estoy leyendo "Nadar desnudas" de Clara Guelfenbein, que me da una idea de la narrativa muy sencillita, de la que podría aprender yo algo. La vida la reflejan las novelas de manera esquiva algunas veces y otras en todo su esplendor. Yo, escribiendo, procuro entretenerme y crear situaciones extrañas que cautiven al lector. El final de "Las uvas de la ira" hizo que recordara todas las penalidades anteriores de esa familia, es un final como pocos. No he leído algo igual en mucho tiempo. Hay un chiste de uno que va a una librería y dice "¿qué tienen?" Y el librero dice "El viejo y el mar". "Pues deme el mar". No he visto un cuento más sencillo que me dejara más frío que este cuento o novelilla, aunque digan lo que quieran de él. Sin embargo, "Fiesta", del mismo autor, me conmovió mucho y me gustó. No pude acabarme nunca "Por quién doblan las campanas". Entre los libros que leí el año pasado por agosto, destaco "La vida en sordina" de un autor actual inglés. Es bueno, es curioso pero me gusto más "Alta fidelidad" aunque se hable en él demasiado de autores musicales. El último libro que saqué de la biblioteca es de Grossman, autor ruso que tiene mucha crítica buena. Lo leeré en septiembre. Tendré que volverlo a sacar. Y dicen que "Lolita" es muy transgresora y tal pero no me enteré bien de la historia, no la vi tan espectacular.

lunes, 7 de agosto de 2017

En la España de los cuarenta y pico grados, procuro escribir de recuerdos de novelas para matar el tiempo de calor que va de las tres a las siete de la tarde. Aúlla el viento y dicen que mañana martes van a bajar las temperaturas. Recientemente, me leí "La voluntad" de Azorín. Son una serie de diálogos en los que Azorín y su mentor en Yecla, Yuste, repasan la vida cultural, religiosa, espiritual de España. España estaba atrasada en los pueblos que vivían pendientes de los oficios religiosos. Azorín, luego, va a Madrid a intentar triunfar como periodista y escribe y escribe un montón de artículos. Me gustó cuando Azorín va a Getafe a visitar a un jesuita que llevaba un colegio en Yecla y cómo este hombre está de los nervios allí en Getafe. Y cómo transita la vida en Madrid, tan rápido para un hombre de pueblo y cómo pasa necesidad el autor en Madrid y la amistad que tiene con Pío Baroja y cómo se casa con Iluminada. Y la vida de la monja que al fin muere. Qué tiempos, qué modo de vida. Puedo comparar esta novela con "El árbol de la ciencia" de Baroja. Qué falta de creencia en la vida hay en las dos novelas. Qué via crucis la del médico que quiere seguir una vocación en aquel tiempo de crisis. Pero es que los del 98 fueron muy pesimistas. Yo creo que no reflejaron la vida tal como fue sino su visión del mundo pesimista. La que no me he leído es "Paz en la guerra" de Unamuno y no sé si es también de corte pesimista.
Lucho con mis palabras y mis sensaciones como lector al tratar de expresar lo que me sugirió "Luz de agosto" de Faulkner. Yo creo que es una obra tan extensa en el deseo de comunicar sensaciones que se pierde en las sensaciones mismas. Recuerdo que había una casa habitada por una señora mayor y un negro que la mata e incendia esa casa antes de huir. Hay una persecución. Pero yo me pierdo en lo de las sensaciones: la atmósfera, las palabras, los sentimientos que quiere reproducir el autor. Me gusta más una literatura más directa. Para entregar a tiempo esta novela tuve que saltarme bastantes párrafos para saber el final del que no me acuerdo. Me gustó el perfil del sacerdote que ayuda a una chica negra: está muy bien trazado. Esta obra se escribió en los años treinta. He mirado el argumento en Wikipedia pues yo ya no lo recordaba bien. Por compararlo con otra obra la compararé con "Manhattan Transfer" que me gustó mucho aunque su hilo argumental también se me diluye en el recuerdo. En esta otra obra, las cosas son más concretas y físicas, no tan subjetivas como en la del sureño. Tan denso es Faulkner que a mí me cansa. Procuraré leer otra obra de este escritor al que la crítica valora como a un Dostovieski aunque a mí no me atrae mucho.
Este blog o entrada de blog solo va a servir para justificar que me eche un cigarrillo tras haber consumado un pequeño esfuerzo como es escribirlo. Hoy hace tanta calor como debía hacer en la playa argelina donde el protagonista de "El Extranjero" mata a un árabe de unos disparos. Dice mi hermano que esa novela es absurda. Puede que tenga razón. En qué estaría pensando Camus cuando la escribió. En la novela "El coleccionista", el secuestrador se siente una vez como un gusano por efecto de la mirada de la secuestrada. Hay veces que el ser humano, a nuestro parecer, es peor que un gusano y se lo hacemos saber con nuestro pensamiento que se traduce en una mirada. En la novela "Orígenes" de Malouf, me lo pasé bien con el personaje que es profesor, negociante, poeta y unas cuantas cosas más. Es un hombre completo de la Siria prebélica y admirador de Atartuk, el gigante turco. En "El Lazarillo" todos engañan a todos y se burlan unos de otros, pero en la novela picaresca posterior ya no se cuenta de pobres pícaros sino de delincuentes hechos y derechos.
Yo "El gran Gatsby" no la entendí y me la leí entera, así como no entendí muy bien "Fiesta" de Ernest Hemingway. No se sabe qué hay entre los personajes pero los diálogos son muy buenos.

domingo, 6 de agosto de 2017

Al igual que Bob Dylan nos canta sobre solitarios vagabundos, la literatura está también llena de desdichados. No sé cómo acaba  Ana Karenina pues aun no la he leído pero supongo que mal, al igual que la Regenta o los personajes de Dostovieski. La vida pasa factura al igual que la literatura se la pasa a sus personajes.
Todos podemos convertirnos en una cucaracha. Todos podemos vivir una noche mala en Nueva York. Todos somos el capitán Ahab. De eso se trata. De que todos tengamos algo de esos personajes a los que dio vida la imaginación de un escritor.
He estado leyendo "El coleccionista". Me parece una buena novela. Cómo lleva el autor una relación de tan solo dos personajes me parece fantástico. Cómo va dosificando el conflicto y el drama que hay allí, entre ellos. Cómo, la solución nos la va a ofrecer después de registrar todos los matices de la relación cruel que se da entre ambos. Y he leído "El hombre de traje gris". Me parece una historia bastante convencional, no muy original en la idea pero no la he acabado. Esperaré a ver qué me ofrece. Y he leído "La vida negociable" de Luis Landero. Que es una mezcla de vida de pícaro y de descripción de un alma humana podrida, que empieza mal ya desde los inicios. Parece una novela construida a golpes de invención pero tiene partes muy buenas.
Y en fin, he leído "El calor de agosto" pero solo, dentro de casa, como si el calor que hacía en la calle fuera audible, físico, corpóreo. Es una novela asfixiante, futurista y amarga, como el destino de los hombres.

sábado, 5 de agosto de 2017

Son las cinco y 35 del sábado día 5 de agosto. Bajo una ola de calor me veo recluido en casa. Para entretenerme, he escrito un blog sobre el calor, el cambio climático, sobre "Los otros", una película de fantasmas y sobre mí mismo. No hay que perder las sanas costumbres. A las ocho, pienso pasear hasta las Rozas. Me he fumado un cigarro y he bebido dos vasos de agua. A las seis, cuando concluya de escribir esto, me iré a ver a mis padres. Hay que matar el tiempo. Hablaré de "El hombre del traje gris", novela que me estoy leyendo. Parece una novela muy normal sobre el progreso económico de una familia un poco desastrosa. El padre vive de los recuerdos de un pasado lujoso, de una intervención como paracaidista en la guerra y de cómo afrontar su presente problemático. Tenemos, pues, el personaje problemático de todas las novelas. Hay un toque de humor con los hijos de este personaje. Todos contraen la viruela. Contratan a una nanny muy graciosa. No sé más. Solo sé que me está gustando esta familia que tiene un interrogante en la pared de su casa. Se parece mucho a la vida esta novela, que queremos que salga bien y luego nos conformamos con que salga únicamente y con pasar el día.
Ahora voy a hablar de Fernando de Rojas, autor de "La Celestina". Tenía una gran biblioteca personal. Fue alcalde de Talavera de la Reina, una buena población española. Pero era converso en un clima de antijudaísmo grande en la época. Fue un hombre pesimista. Por eso se mueren todos en "La Celestina". El humor del escritor establece una línea de creación en lo que escribe: si el escritor es pesimista, su mundo creativo tenderá a una crisis. Si es optimista, tenderá a la luz. Lo más lógico es una tragicomedia: luces y sombras esparcidos en los personajes y en el argumento. Lo que a mí no me gusta es la fantasía gratuita: vampiros y gnomos a gogó. Me gusta "La Celestina": es muy real y muy creativa en el lenguaje y en la creación de personajes que serían inmortales.
Son la 5:50. Me quedan diez minutos para escribir. Mi casa está en silencio. Se adivina el reverbero de la tarde. Escribiré de "El Jarama". Es una novela escrita por Sánchez Ferlosio. Quizás sea un tipo pesimista. En una excursión de chicos de Madrid, una chica se ahoga en el río. El río Jarama es bastante importante en la provincia de Madrid. Pero no sé por dónde pasa. Nunca me lo han explicado. Cosas de la educación española: te sueltan un rollo de la novela del siglo XX y no te dicen nada del río ni de nada. Ni te llevan al río de excursión donde pasó todo. Dicen que Ferlosio fue con un magnetófono grabando las conversaciones de los habitantes de las orillas de ese río. Pero no fue así: el captó el lenguaje de esas gentes. De hecho, esta novela es una enorme conversación. Quizá Ferlosio era de los perdedores de la guerra o de los que no se sentía a gusto con el régimen de Franco: de ahí el pesimismo, de ahí el ahogamiento en el Jarama de la chica. Visto desde el sentido de la vida, el argumento de "El Jarama", no tiene sentido alguno. Todos los excursionistas viven para el instante siguiente. Nada tiene sentido en esta novela. Quizás solo las palabras, el lenguaje que se crea, que crea el escritor. En fin, España ha dado muchos pesimistas a la literatura y los seguirá dando al paso que llevamos. 






Son las cinco de la tarde del sábado día 5 de agosto. El paso del jueves al viernes día 4 ya avisó: una noche muy cálida y sin apenas brisa auguraba otra ola de calor. El viernes hizo un calor inmenso y hoy sábado sudamos todos sin quererlo. Seguro que hace una temperatura de cuarenta grados para arriba. Esta mañana hemos bajado todas las persianas y me he levantado sin ganas de hacer nada. No he ido a comprar nada de comer, solo una barra. En la calle, el agotamiento solamente por andar era la norma.
Ahora, a las cinco, después de haber comido gazpacho y una lata de calamares en su tinta, he intentado dormir pero no he podido. Mi casa está a oscuras. Fuera, se adivina un calor infernal. En Radio Nacional, en su programa "documentos", han hablado del cambio climático. Todos los años se rompen records de calor en el sur de Europa. La gente parece que se conciencia. Ojalá prefiriera no hacer nada, quedarse en casa, que coger el coche para hacer el gilipollas. Y no comprara cosas absurdas llenas de envoltorios de plástico. Ya te digo. Además, he estado viendo en la tele este mediodía un programa que se llama "héroes invisibles" que va de gente que vive en barrios pobres keniatas (slams) o gente que lleva a residencias a niñas embarazadas que mendigan en las calles de Nairobi. Después de ver ese programa, en el que salen niños esnifando plástico para no sentir hambre, llenar la botella de agua del grifo me parece una especie de milagro cotidiano al que no doy la necesaria importancia.
Pero lo que hay que relatar hoy es la ola de calor que nos asola. Ella es la verdadera protagonista de nuestros días de primeros de agosto porque no nos deja hacer una vida normal, sino recluirnos hasta las ocho de la tarde que es cuando ya se puede salir a la calle y con todo y con eso, se suda la mar de bien.
Ojalá se reconvierta el proceso y todo vaya bien porque no se sabe si la humanidad se adaptará a una atmósfera que ya estuvo así hace 2000 años, concentrada de gases en una proporción inusitada.
Son las 5 y 22. La casa está a oscuras. El calor, fuera, nos recuerda que somos mortales y torpes. Yo ayer vi una película de fantasmas, "Los otros" y no estuvo mal. Hoy, el fantasma es el calor, un fantasma grande, cruel y poderoso. Temámoslo.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Este verano nos está respetando el calor. No están haciendo unas temperaturas insufribles. Estos dos primeros días de agosto, además, aunque yo eche de menos un viaje, están siendo muy tranquilos, una pequeña delicia.
Charlamos con las amigas, paseo largo, escribo, hago algo de comer y me tumbo un buen rato la siesta. Solo echo de menos viajar un poco pero esta vez tiene que ser solo. Paco no viene.
Hoy tengo que hacer acelgas con bechamel. No es difícil.
El sol calienta pero no quema. Los días se hacen cortos por lo suaves que son. El verano va pasando tranquilamente. Ayer me senté en un pub y oí cómo unos chicos hablaban de negocios.
Me comí un helado.
La tristeza de vivir ha quedado atrás. Ahora la vida es como ir en una balsa por el medio del cauce del río. Nada más que surcar y surcar las aguas sin ningún problema. Lo único que añoro es coger la carretera y hacer kilómetros hasta llegar a alguna parte distinta.

martes, 1 de agosto de 2017

Al volver a Majadahonda, volví a dormir en mi colchón grande. En el pueblo dormíamos mi hermano y yo en una habitación muy pequeña en unas camas nefastas y los fines de semana teníamos que aguantar la fiesta de los inquilinos de la casa rural que colinda con la nuestra. Unas voces desaforadas de gente drogada y alcoholizada que se prolongaban hasta las cuatro de la madrugada las noches de viernes y de sábado. Paco los quería denunciar pero no lo ha hecho.
En el pueblo, por las mañanas, siempre éramos los mismos y muy pocos así que yo he procurado leer y escribir. Me ha salido una historia más o menos perfilada. Por la tarde, después de tomar café, me tumbaba en la cama mientras la tele daba las dos telenovelas que siguen mis padres. Luego me daba un paseo hasta una huerta lejana y luego me duchaba. Era un manera de matar el tiempo. Dos días hemos ido a Segovia y hemos roto el ritmo impuesto por el pueblo. Otro día he estado comiendo pipas en la plaza toda la tarde.
Otras veces he estado en el bar, aburrido mientras los viejos jugaban a las cartas. El tiempo se espesa en el pueblo y va muy lento, muy lento.
Al ver tanta gente desconocida en Gijón y en tanta abundancia a mí me entró una sensación extraña precisamente sobre la gente: me parecía una especie de epidemia. Tuve un sentimiento sobre la humanidad durante un tiempo en que asimilaba la población de seres humanos a las cucarachas, a una especie de bichos que se reproducen sin cesar. Ninguna persona me decía nada; quiero decir que las personas me parecían de carne solamente, como si no trajeran con ellas ningún tipo de afecto o alma. Luego que llegué al pueblo, este sentimiento menguó y me pareció todo más normal en cuanto al género humano porque ya tuve trato con él, trato concreto. En el pueblo he aprendido a pasar las horas sin hacer absolutamente nada que no sea mirar, descansar de nada, estar sentado o tumbado. A veces me ponía a escribir y la tarde parece que pasaba más rápido. Esto se debía a la despoblación que había en el pueblo. La plaza la habitaban los mismos viejecitos de la mañana a la tarde. He charlado con ellos pero su conversación se repite. He estado solo o con mi hermano y nos lamentábamos de que en el pueblo no había nada. Era verdad. No había ni una persona de nuestra edad con la que intercambiar una conversación. Uno del pueblo me dijo que de cada cinco casas, tres están vacías. Sin embargo, hay niños pero los padres no los he visto. Estarían trabajando. Los fines de semana había algo de movimiento pero a la tarde volvía la monotonía: la población anciana otra vez.