sábado, 19 de diciembre de 2015

El batiburrillo generacional que se monta en casa de mis padres los domingos podría hacer difícil la comunicación entre los integrantes de esas generaciones que han vivido cosas sociológicas e históricas diferentes. De hecho, ese malentendido existe.
Mis sobrinos, por pertenecer a la generación más joven, más laxa en las costumbres, más democrática, más egoísta, comen el domingo y se van. Aparecen para comer, precisamente lo que quiere su abuelo, muy preocupado toda su vida por la cobertura alimenticia de su prole. Si vienen o no vienen los nietos más allá de los domingos con la intención de llenar la andorga, eso es asunto de ellos. Yo no juzgo. Yo visito a mis padres asiduamente aparte del domingo.
Podría parecer egoísta aparecer en casa de los abuelos cuando hay algo de comer. Y lo es. Pero ya digo que eso es asunto del que lo hace, no del que lo ve.
Mis sobrinos son materialistas, ya lo he dicho más de una vez y eso se manifiesta en todos sus actos. Pero ya digo que es cosa de ellos, no mía. Que pongan ellos el interés donde les dé la gana.

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