viernes, 16 de mayo de 2014

Hoy por el periódico, en las necrológicas, me he enterado que se ha muerto un poeta aragonés que fue albañil hasta los sesenta años. Me lo imagina subido en el andamio pensando métricas y rimas, temas para sus poesías. Iba al bar niké, que quiere decir victoria, a la tertulia que se formaba allí. Una vida bonita, un recuerdo bonito de ese poeta que fue albañil.
Entre tanta muerte, me da por pensar si habrá algo después de ella. ¿Irá mi madre a un cielo donde yo, después de muerto, la pueda ver? ¿Irán todos los que he querido a un cielo donde poder reunirme con ellos? Me es difícil creer en Dios, creo a menudo que es un invento que se forja de la vida de un iluminado que dijo cosas buenas, revolucionarias pero al fin al cabo un iluminado: Jesucristo, Mahoma, ¿quienes fueron?, ¿tuvieron ese contacto con Dios? Yo no veo más que la carne y el cerebro se paran, mueren y sólo queda el recuerdo que dejan de ellos. El alma existe, sí, pero mientras se está vivo; después, ¿qué es del alma? Eso que nos hacía personas, ¿dónde va? La vida es un misterio y la muerte otro mayor. Respeto pues por ambos.

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