domingo, 29 de septiembre de 2013

Si este mundo fuera como tenía que ser
quizás toda la humanidad
sobraría en él.
It´s a wonderfull world, decía el trompetista.
Y flores y nubes y moscas volaban en el cielo.
Mientras enormes matanzas de gente 
surgían en el horizonte gris de las guerras.
¿Y por qué pasaba eso? se preguntaba el profesor.
Claro. Las condiciones económicas y sociales, se respondía.
Mientras los estómagos vacíos hacían gárgaras humillantes.
Y no todo era bonito.
Y el mundo maravilloso sólo lo veían los corazones privilegiados.
Y el hombre seguía aplastando la virginidad de los brotes primaverales
que surgían en el mundo.
Tristeza de amor,
lloviendo en la calle,
metido en mi casa, 
me quedo sin ti.
la lluvia desciende por los cristales
la calle mojada
la gente no sale
me quedo sin ti
metido en mi casa
tristeza de amor.
Quizás haya fútbol
y gane el Madrid
lloviendo en las calles
me quedo sin ti
tristeza de amor
llorando mis males
me quedo sin ti
metido en mi casa
lloviendo en las calles.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Hoy he pasado la tarde con una familia muy tranquila. No ha habido gritos entre ellos ni malas palabras; al revés, he estado muy a gusto con ellos por la mesura de sus gestos, por la prudencia de adultos que tenían los tres niños de esta familia que iban y venían mirándolo todo y respetándolo a la vez, pudiendo sus padres estar tranquilos con ellos porque saben de esa prudencia.
Son mis primos y son muy majos. Son mis lectores de la novela que he publicado "de una monja que se mete puta".
La niña pequeña es muy maja, siempre riendo y atendiendo a sus mayores, siempre deseando que alguien se dirija a ella con una broma que le haga reír. Sus hermanos mayores la protegen, juegan con ella, la van advirtiendo.
Mis primos se ríen también, son muy guasones entre ellos dos, nos hacen gracia todos. Me lo he pasado muy bien comiendo con ellos y viendo que son un grupo unido, tranquilo, respetuoso y feliz.

viernes, 27 de septiembre de 2013

¿Está dando la historia la razón a Carlos Marx, ese hombre de la barba blanca que se tiró media vida en la Biblioteca Británica estudiando política e historia y que la final de su vida dijo: "proletarios del mundo uníos"?
Él dijo que la historia se mueve gracias a una lucha de clases. En la Antigüedad, el sistema era esclavista. Los esclavos producían lo que los demás consumían. Por una serie de circunstancias se pasó al feudalismo: la iglesia y la nobleza sometieron al resto de población. Andando el tiempo, los que se pusieron encima fueron los burgueses, la aristocracia industrial, mediante unas circunstancias a las que Marx llama superestructura. Abajo estaban los obreros. Marx hizo una cosa novedosa en filosofía: dijo que la filosofía debe tener una praxis; esto es, una práctica. Se puso en marcha el leninismo y el stalinismo. Una burocracia ahogó la revolución soviética mucho más tarde. La segunda guerra mundial puso en batalla estas concepciones además del fascismo y el nazismo. Marx creía que era cosa matemática el que los obreros se pondrían a mandar el mundo.  Al final, el paraíso comunista no llegó. Vino el capitalismo y la democracia para casi todo el mundo pero, ¿desapareció la lucha de clases? Marx analizó su realidad contemporánea como nadie en el mundo y escribió una teoría económica, política y social explicándola. Obvió tantas cosas que no pudo tener razón en todo. Hay una afirmación de Marx muy elocuente: "la historia se puede resumir en la lucha por un plato de patatas", lo que él llamó el materialismo histórico: la gente, históricamente, lucha por cosas materiales, creo interpretar. Redujo al individuo a pertenecer a una clase u otra. Su filosofía era eminentemente colectiva, de grandes clases. Evidentemente, el individuo, si no come, no vive, pero hace más cosas, además de comer.
El capitalismo ha triunfado creando millones de mendigos pero, ¿sigue existiendo la lucha de clases? Si existe, la lucha se ha dado entre unos todopoderosos banqueros unidos a políticos que han explotado financieramente a aquel que vive de un sueldo. Los políticos del mundo se han erigido en ejecutores de unos planes de la banca para explotar y engañar al resto. Esa es la lucha de clases actual. Han jugado con el dinero de todos para enriquecerse tanto banqueros como políticos. La clase explotadora hoy en día son los propios políticos y banqueros.  La gente ha acabado harta de pagar y pagar para ellos.
¿Habrá revolución? Si la gente hace como dice Marx y se une y lucha por derrotar a esa clase explotadora, sí. 
Si todo se soluciona con parches y enmiendas y reformas que nunca acaban, no.
De todos modos, la última revolución, que engendró otras muchas, digo la soviética, se produjo de forma mortífera. Yo desearía que una revolución tranquila, reflexiva, si esa revolución cabe en el ser humano, se produjera para que el reparto de riquezas fuera más normal. El ser humano debería olvidar su ancestral codicia y ser más comprensivo con los de abajo pero esto que propugno es tan ideal que tendrían que pasar siglos, nuevas conciencias, purificaciones de mierda humana en las mentes y, sobre todo, la eliminación de la codicia, tan difícil de eliminar en el ser humano.

compra

Los placeres y los objetos y los deseos que nos ofrecen por la televisión no van de acuerdo con lo que cobramos: viajes, vida sabática, vida fácil, relajación, sexo, ocio en fin.
No podemos esperar que con la austeridad que mide nuestras vidas podamos ir a El Corte Inglés y pedir como mendigos. Pero nos llaman al móvil, vemos la tele y todo es ofrecer: compre, compre y compre.
En este sistema todo se basa en que usted compre.
Los niños aprenden muy pronto que tienen que pedir, no que pueden jugar con otros amigos o estudiar o leer. Los niños son un inmenso mercado. Los niños también compran.
Si no compramos, el sistema se viene abajo.
Moda. La moda impone. La modelo que sale reluciente en internet impone también un cuerpo. ¿Es que ya no hay en este mundo alguien con criterio que diga: quiero esto porque me gusta no porque lo he visto en no sé dónde o no quiero absolutamente nada?
La borrachera de las cosas trae la ineptitud de la mente.

materialismo

Hoy en día hay muchas cosas que favorecen las tensiones a nivel mundial y a nivel personal. Hay guerras, terrorismo, corrupción, malas prácticas políticas. La administración no funciona como debe, las personas no se comunican abiertamente porque existe una desconfianza grande entre ellas. Se recela o se teme del que se tiene enfrente, no nos la vaya a jugar. Se ha creado un clima de desconfianza.
El dinero es el único valor fiable; con él, se puede conseguir todo. Todo, e incluyo los valores morales, se supeditan al puto materialismo que ha creado como cosa a creer sin analizar el capitalismo salvaje en el que estamos instalados. O todo es una pérdida, y por lo tanto un fracaso o todo es un éxito y por lo tanto una ganancia.
Casi todo en esta vida se mide en ganancias. Estudio para ganar, juego para ganar, "se disfruta" de los niños. El placer también es una constante: hay que conseguirlo como sea. El placer esta dentro de ese materialismo ramplón en el que la gente cree. No hay transcendencia en esta vida: todo está aquí, todo es vil metal con que conseguir cosas, cosas, cosas. Una llave de oro abre todas las puertas menos la del cielo.

martes, 24 de septiembre de 2013

Acababa el verano y Ron estaba nervioso e irritado. Veía una mujer con perrito y para sí les deseaba lo peor y echa pestes de cuanto veía: niños gritones, viejos lentos y achacosos, mujeres mal vestidas, inmigrantes con su teje maneje idiomático extraño y sus costumbres raras, la que le atendía en la consulta; su cabeza no paraba de decir: puta guarra, niño asqueroso, perrito del demonio, moro mierda, chulito de playa, etc
Hasta que se encontró un lugar donde reposar sus malas pulgas. No pasaba ni un coche, no había ruidos ni gente. Era el cementerio. ¿Cómo lo habéis adivinado?
Y empezó a decir: tú, Antonio Porras Heredia, al que tus hijos no olvidarán jamás, eres el mejor porque no das ni un ruido aquí metidito. Y se fumaba unos cigarritos allí sentado y cuando había visita, disimulaba una llantina frente a un panteón y esperaba a que se fueran esos malditos. Un día lloraba frente a una tumba y resulta que era esa la que estaba siendo visitada.
-No le conocemos.
-Soy un primo lejano, de cuando (miró el nombre en la tumba) el pobre Luisito anduvo por León.
-¿Sí?
- Es una historia muy larga, el pobre Luisito tuvo unas aventuras en León... 
Y se marchaba escondiendo la cara a su asiento y seguía un poquito con la llantina y luego se marchaba a esperar otra ocasión en que no hubiera incordios en ese tranquilo cortijo de los callaos.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Partamos de la base de que nada funciona como tiene que funcionar porque si lo hacemos al revés seguro que se trata de una película de Walt Disney y no de la vida real.
Últimamente, en el mundo actual, te quiere engañar hasta una monjita, la inocencia es patrimonio del siglo pasado y cuanto más cabrón se es, más se triunfa. Porque se acabó la legalidad, las personas legales. Estamos en un nido de buitres y pisamos nidos de serpientes.
Cristo dijo que los seres mundanos saben más que los que los que están pendientes del Cielo, a los que llamó seres de luz. Ahora la gente es de submundo, moralmente hablando. Hay que tener cuidado porque el dinosaurio de Monterrosso nos puede dar una dentellada mientras estamos dormidos y otra cuando despertemos. Qué mundo más cruel al que asistimos. La rapidez en el engaño se mide en dinero; el más duro no es el más bueno como en las películas sino que el más duro es un hijo de puta como un camión. El ojo nunca ve lo que le hiere

domingo, 22 de septiembre de 2013

La polla tiesa y el bolsillo lleno, 
allá iba a la corte nuestro caballero.
Cuando llegó a la plaza de no sé qué siglo
vio a una mujer de muy buen ver
que se daba por dinero.
La llevó a una pensión que hacía esquina
y allí los dos hicieron lo que hicieron.
La mujer era guapa y este caballero
quiso hacer de ella una comedianta
pues tenía un cuerpo 
excelente, extraordinario, de muy buena factura.
En el Teatro Real de la capital
esta mujer debutó desnuda y excitante
y muchos dandis galantes
la pretendieron y se la follaron.
Este caballero alcanzó muy buena suma
de esta actriz barata que vendió su cuerpo.
Esta mujer se llamaba Naná
y fue famosa en su tiempo, era bella de verdad.
Si uno lo pasa bien, en buena compañía y con buenos consejos y se siente halagado por el trato de una persona querida, olvida a todos los petardos que tiene alrededor y coge fuerzas para mandarlos a paseo.
Una persona que nos dé moral para seguir de pie en la vida es fundamental.
El que no la tenga, que se la vaya buscando para cuando le surja un problema y se lo cuente para que esa persona reaccione y te haga ver cómo conducirte con esas otras personas que te están jodiendo.
Psicólogos hay muchos y andan por la calle y te los puedes encontrar ya que la mitad del mundo hace sufrir a la otra mitad de modo inexorable y de eso vamos aprendiendo cómo es la mente humana de sucia y asquerosa.
Y cuando el puto dinosaurio de Monterrosso despierte, puedes estar alerta y decirle: vete a tomar por culo, hijo de puta y quedarte tan ancho porque los pequeños santos también hacen milagros. 
La gente que se escandaliza por lo más mínimo de la conducta de los demás pero no analiza su cutre manera de conducirse por la vida, es demente. Y no hace falta que sean católicos ni beatos: son gente corriente aparentemente que no suele tener amigos porque nadie los soportaría pero que se regocijan en coartar cuanto pueden la vida de los demás porque se la coartan a sí mismos al máximo.
Son de lo que no hay. Son peligrosos.
Te dirán que vestir así está mal, que no se debe hacer esto o lo otro, que lo suyo es lo  mejor y a lo que debe aspirar cualquier persona y viven en un mundo cutre y pequeñito como si acabaran de ver al dinosaurio de Monterrosso.
Estas gentes se limitan a un horario autoimpuesto y no dan ni un minuto a la imaginación porque carecen de ella. Su opinión es muy pobre pero la quieren imponer a los demás como artículo de fe. Si los haces caso mal y si no les haces caso, peor porque siempre están como ofendidos. Quien no tiene contento, no haya buen asiento.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Aristóteles habló de que el ser humano es un ser teleológico; o sea, que vive para un fin y ese fin, dijo también este antiguo filósofo, era ser feliz. Pero ser feliz es un término muy absoluto, tan absoluto que casi resulta incomprensible.
¿Cómo se es feliz? De muchas maneras y en muchísimas circunstancias muy distintas. Tantas como seres  y circunstancias hay en el mundo.
¿Cómo se es infeliz? Es la misma respuesta que para ser feliz.
El caso, yo creo, es saber ser feliz y saber ser infeliz en la vida venga esta como venga.
Parece paradójico pero hay gente que no sabe ser feliz y lo tiene todo para serlo.
Y hay gente que siendo infeliz a ojos de los demás, por dentro se está relamiendo de gusto y de felicidad.
¿Por qué? porque ser uno feliz o no depende mucho de la voluntad de cada uno y de la circunstancia o de ese maldito dinosaurio de Monterrosso que siempre está ahí cuando nos despertamos de la siesta. Pero hay una excepción: un esclavo no puede ser feliz ni en sueños. No nos esclavicemos pues o no dejemos que nos esclavicen.

Da gusto pasar de una situación de nervios, de no saber muy bien que pasa contigo mismo, a una situación tranquila en la que se está más relajado, no importándote lo que pasa a tu alrededor, dándole la importancia justa.
Así me ha pasado a mí estos días.
En estos días no sabía muy bien qué hacía ni qué decía, no era dueño de mi persona y menos de mis palabras con lo que he llegado a malentendidos y riñas pero nunca sin salirme de las normas sociales más básicas. Lo que pasa es que lo he pasado mal.
La vida, a veces, nos saca de nuestras casillas y no sabemos muy bien por qué. Yo lo que hacía era tumbarme en la cama un rato y trataba de descansar, de relajarme antes que cabrearme con cualquiera. Cada uno debe saber con qué medios se relaja, está tranquilo y olvida obsesiones, malentendidos, malos gestos, etc.
Cuando estás más tranquilo, las palabras también lo son y todo ayuda a tranquilizarte una vez que tú has dado el paso de sosegarte.
Quien se encoleriza con los mosquitos, morirá de los manotazos que se dará.
Hace unas cuatro horas escribía de mi estado anímico y de un pequeño conflicto que doy por olvidado ya que el error no fue mío. Ahora quiero hablar de una forma de pensar que abunda en España. Hay gente en España que tiene muchos derechos, todos los del mundo. Incluso, en un alarde de indignación supina, extienden estos derechos a los animales, a los niños, a los delincuentes incluso pensando que todo el mundo y todos los animales y todo ser en el mundo tiene libertad para hacer lo que le sale de los cojones sin ninguna traba.
Pero cuando alguien les dice que no ve así las cosas, a ese, precisamente a ese le niegan cualquier derecho, empezando por el de expresarse porque nunca lleva razón, su razón, la razón de los de los derechos. Yo los llamo los derechistas. Son gente que reniega de toda obligación, sea esta laboral, moral, política o afectuosa y defiende a muerte sus derechos, derechos por los que hemos de velar todos. Ellos no se suelen preocupar de nadie. Porque en el fondo no son derechistas, son una puta forma de egoísmo. En la vida hay muchas obligaciones y la Declaración de los derechos huamanos, aunque hay que tender a ella, se hace mediante el esfuerzo, no mediante la mera petición jeta y egoísta. Aceita siempre tu rueda.
Voy analizar mi estado anímico y mental en los días que van del día 13 de septiembre, día en que fui al pueblo y lo pasé bien cogiendo peras de un peral de la huerta y luego estuve muy a gusto con los del pueblo. Me sentí muy bien. Yo me acababa de comprar un móvil nuevo y Rosa me ayudó a meterle el whatsapp.  También me dio una tarjeta de memoria. Nos vinimos a Majadahonda y todo bien. Pero luego empecé a sentirme nervioso porque me tenía que matricular de Estudios Ingleses en la complutense. Bueno, la verdad es que me sentía nervioso y no sé por qué y empecé a hablar demasiado y sin razón y yo ya lo iba notando. Creo que sería un estado eufórico o algo así. No descansaba bien por la noche porque tardaba mucho en dormirme quizás por el asunto de la fiesta de Majadahonda. Esta semana me obsesioné con un asunto: resulta que un voluntario de la asociación me insistió este verano con que dónde íbamos a veranear este año Paco, Eva y yo. Yo, después de verlo en internet, se lo dije con pelos y señales. Íbamos nosotros  y ese voluntario al Puerto de Santa María, una coincidencia aunque él es de allí, creo. Cuando yo le pregunté que dónde iba a ir él, me saltó: "a ti te lo voy a decir" en un tono resolutivo, que no supe cómo interpretar pero me pareció, después de pensarlo, una grosería y una estupidez, después que me estuvo preguntando a mí dónde íbamos. Bueno, yo pasé por el sitio donde veraneó el voluntario y me hago una idea. Fuimos allí en autobús desde el centro del Puerto y está al lado de una playa. Yo quería hacerle ver a ese voluntario la estupidez que cometió pero el chico no quería reconocerla. Encima va Paco y me dice que por qué tuve que hablar. Claro, a él no le dijo este menda "a ti te lo voy a decir" después de insistir a ver dónde iba yo. Daba la sensación de que este chico se asustaba de mí o algo así, pero no lo aclaró. Fue una ridiculez por su parte. Y una grosería y una falta de respeto pero no lo quiso reconocer. Peor para él. Después de esto, hablamos del sida en la asociación y de por qué nuestra enfermedad no se soluciona bien y no me quisieron reconocer ni el voluntario ni otro miembro de la asociación que el sida tiene que ver con la promiscuidad. Yo puse el ejemplo de Fredy Mercury y ellos no dejaron de decirme que si la libertad sexual, que si los seropositivos no tienen culpa de nada y el voluntario me dijo: "yo creía que tú eres culto" cuando en un debate no se debe calificar a nadie, sino dar tu opinión como buenamente puedas. Toda la razón yo no la tenía, pero expuse bien mis argumentos, creo que mejor que ellos. Por otra parte yo estoy nervioso estos días y creo que el voluntario debe de pensar que si le pasan estas cosas (discusiones y demás) es por pertenecer precisamente a este tipo de asociación y quizás por meter la pata un poquito en mi modesta opinión. Yo no le iba a acusar de nada sino a exponer una conducta pero él lo negó todo. Hoy sigo nervioso y me da por enfrentarme y por discutir. Espero que pase pronto esta racha aunque me doy cuenta de que no todo es culpa mía, de mi nerviosismo, sino de las cosas que hacen otros que son incomprensibles e irrespetuosas. Trataré de calmarme porque si se persigue mucho la verdad, acabas en la picota porque nadie quiere oír la verdad sino cositas bonitas en el oído y eso es imposible todas las veces. A veces cometes torpezas y alguien te dice que las has cometido. Es así.

martes, 17 de septiembre de 2013

La tranquilidad en la vida debe ser un bien a conservar. Para ello hace falta un orden. Para que exista ese orden, debe haber un mínimo de obediencia a leyes, mayores, etc. Para que haya tranquilidad, orden y obediencia debe haber un mínimo de respeto.
En España, vamos perdiendo todo esto que enumero y que yo tanto valoro y que cualquiera valoraría si está en su sano juicio.
No se puede ni andar por la acera.
Siempre hay ruidos; no digo sólo sonoros sino de todo tipo.
Los niños gritan a sus padres y parece que estos sólo les enseñan a pedir o a conformarse con cosas.
Las imágenes y ruidos de la televisión incitan a las peores cosas.
Los coches van demasiado deprisa y los conductores a veces son peores que muchos peligros que creemos habituales.
Los padres pegan a los hijos por pura desesperación o porque no saben cómo tratarlos. Los hijos pegan a los padres; no sé las causas. Es algo que no entiendo.
No hay respeto a los mayores.
Yo veo todo este espectáculo y veo que no puede durar mucho tiempo pues terminaremos a ostias. No entiendo que se valore en algunos círculos ser un perfecto hijo puta. No creo que se tarde en cometer aberraciones en masa, no como ahora, que son más puntuales. La educación no se valora, se valora más ser un cabrón y entre cabrones...
El único movimiento que se mantiene compacto en España puede ser el madridismo. El madridismo es una masa compacta como la nocilla. El comunismo bien entendido es otra masa compacta. Y el capitalismo se basa en un sistema que se repite hasta la saciedad aunque por el camino deje desolación y pobreza porque el capitalismo está pensado para eso, para el capital.
Cuando una persona piensa tranquilamente sobre cualquier ismo que ha dirigido el mundo, es cuando ese ismo deja de ser una masa y pasa a dejar ver sus contornos asquerosos. La gente debe estar informada y no pertenecer a una masa informe. La gente no debe ser nocilla. La gente ha de procurar ser Paco, Antonio o Teresa independientemente de la masa, la nocilla, el ismo en el que nos quieran meter.
Yo hablo con un comunista: si su conversación está totalmente mediatizada por el comunismo, le declaro totalmente loco. Si hay una persona a la que obliga su doctrina a llevar siempre la razón, será desechada por la comunidad por una cuestión de salud pública y mental. Todos los locos que no estén diagnosticados no hacen más que daño a los demás. Quizás por estos ismos de que hablo. 
Voy a intentar definirme como profesor aunque ello es difícil. La verdad es que de mis 15 años de profesor, yo estuve prácticamente todos ellos de interino por lo que no repetí en ningún instituto. Estuve meses haciendo sustituciones hasta que ya pude estar un año entero en un instituto y luego me iba.
Quiero decir que yo no dejé poso ni pude afianzarme en un instituto durante años, así que tengo muchas caras de alumnos en mi memoria pero ellos no me vieron mucho.
A los que vi luego de casualidad, me saludaron con efusión y eso era muy gratificante.
Mi método era seguir el libro cuando este planteaba cuestiones planas, sencillas. Cuando algo era complejo, preparaba mis propios modos de dar clase buscando en diccionarios, tratados, gramáticas y cualquier libro que me sacara a mí de dudas pedagógicas; esto es, modo de explicar las cosas, para sacar de dudas a los alumnos. Dejaba que se expresaran, quizás demasiado, porque ha habido clases mías que han sido un alboroto por esa libertad concedida y me avergüenzo de reconocerlo. Mi persona no emana autoridad ninguna. Mi personalidad no es autoritaria ni regañona y eso me hacía luchar a brazo partido con los alumnos díscolos en vez de tenerlos apabullados desde el primer día. Eso fue para mí un gran problema que resolví de muchas maneras distintas o no las resolví bien nunca. Confieso que me daban envidia los profesores autoritarios pero no "borreguistas".
Yo creo que mi autoridad, la que pude imponer aquellos años, venía de mis ganas de que aprendiesen y de las ganas de hacer amenas mis clases del modo que fuera. Y ya está. Así era yo de profesor. Se me respetaba (los que me respetaban) por lo que yo sabía, no por la mala leche que yo tuviera.
Yo, en mis tiempos de profesor, he observado lo siguiente: un profesor que trabajaba en el mismo instituto que yo, imponía, por su mera presencia imponente o por una serie de órdenes o normas duras que cumplir en cuanto a lo disciplinario, un orden en ellos, en los alumnos. O quizás un temor hacia su persona, a la persona de ese profesor.
Después de esto, les ponía a copiar a los alumnos. No les dejaba expresarse, no había preguntas ni opiniones. Los alumnos sólo copiaban. Esto es bueno porque los alumnos díscolos se suman gregariamente al grupo y no dan guerra. Pero para los alumnos inquietos intelectualmente o inteligentes es malo porque lo único que harán es copiar como imbéciles. O como mucho seguir unas plantillas prefabricadas.
Y esto es muy bueno para el profesor que no se esfuerza lo más mínimo a la hora de dar la clase. Todo está preparado desde el principio hasta el final del curso.
Evidentemente, este tipo de profesores, como yo lo observé, son raras excepciones y en las reuniones que teníamos los profesores sabíamos de sobra cómo eran los métodos de cada profesor o los intuíamos por el propio carácter del profesor o por lo que oíamos de él. Ahora voy a hacer una comparación terrorífica,  muy injusta pero la voy a hacer.
Así hacen los dictadores y el terrorismo: imponen el terror en el país en cuestión y dejan el camino llano al borreguismo y a la mediocridad y a no decir nada en contra y a no expresar opiniones por temor a salirse del grupo y que te den una colleja o te metan en la cárcel o te amenacen de muerte. Un aula no es un país, a un aula vas a aprender. Yo me refiero al método, al método autoritario.
Sé que la analogía que he hecho es brutal pero igual que se engaña a un grupo de alumnos se engaña a un millón de crédulos.
La tecnología la hace el hombre para el hombre. El arco y las flechas resultarían difíciles de usar para algunos de nuestros antepasados que siguieron tirando piedras a los animales que querían cazar.
¿La tecnología hace grandes a las personas? Quizás las hace más eficientes pero no más grandes y el que posee la tecnología se cree superior.
Pero la tecnología por definición es sofisticada y difícil de usar por lo que el que tirara piedras, si lo hacía bien, mataba más caza que el del arco y las flechas.
Una persona no es grande por sus grandes habilidades sino por lo que hay dentro de su corazón: bondad, amor y paciencia hacia los demás, entrega, etc.
¿La tecnología crea egoísmo? No tiene por qué pero sí establece diferencias entre quien tiene un móvil moderno y quien no lo tiene. El que no lo tiene, pertenece a otro modo de comunicarse con el exterior que no tiene que ser peor que el electrónico o digital o lo que sea. Los amigos no se obtienen por compartir tecnología precisamente. Se obtienen por ser una persona de una pieza. Y esa cualidad difícilmente lo conseguirá un móvil o un ordenador por muy modernos que sean estos.
En el autobús un joven cede el asiento a una viejecita. La gente mira, asiente con una mirada. Eso es lo que hay que hacer. Palabras de agradecimiento de la viejecita. En ese autobús, un hombre sin darse cuenta pisa a la viejecita en un pie. Muchos creerán que ha sido a posta, que ese hombre está loco. Se arma un escándalo porque la viejecita se lamenta ostentosamente aunque no hubo intención.
Un político o un administrativo o un arquitecto lleva toda la vida trabajando para la comunidad. No recibe más que el agradecimiento callado de su propia obra y de los que la disfrutan pero nunca supieron quién hizo esos pisos tan bonitos, quién hizo tal ley que beneficia a tal grupo o quién solucionó un problema que fastidiaba a tanta gente. 
De esas personas las hay a millones en el mundo, quizás a miles de millones. Y nadie sabe qué bien hicieron. Sólo nos fijamos en ese futbolista absurdo que gana mucho y su cara repele ya a la vista de tanto que sale en la tele. El dueño de un pueblo es aquel que se pone a su servicio.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Entre que viene y no viene el otoño, se nos van pasando las horas como las hojas que pronto empezarán a caer. Los árboles se quedarán calvos de tanto pensar en el invierno.
Y cada cual se ajustará al horario previsto y pronto se hará de noche y a la cama que mañana hay cole.
Y el cielo se quedará ciego y no podremos ver su inmenso ojo azul porque lo taparán unas nubes negras que descargarán un llanto oscuro que nos dejará asomados a la ventana viendo el tiempo cómo pasa.
Y llevaremos libros, bolsas de la compra, paraguas, dolores, viejos artefactos, amoríos, paletas, monederos, lapiceros y demás impedimenta entre las manos para que las manos no paren quietas y la cabeza tampoco.
Y la noche perseguirá a la madrugada tan deprisa que las horas de sueño nos parecerán pequeñitas, pequeñitas como las estrellas que relucen en el cielo. Y luego vendrá otro verano.
Hace tiempo que oí de boca de un profesor que hay dos libros que nunca se dejan de editar y de leer: uno es la Biblia y otro es el Quijote. Pero no me cabe duda de que el teatro de Shakespeare, obras de Víctor Hugo como "Los miserables", obras como "Moby Dick" de Melville o muchas de Dickens o incluso de Hemingway no dejan de leerse.
¿Por qué? Mi respuesta es que los seres humanos buscan enseñanza tras el entretenimiento. No sólo eso, sino que buscan lo que los griegos llamaban catarsis: identificarse en la tragedia del personaje, vivir con él lo que le pasa y llorar si hace falta.
Todos salimos transformados un poco la ver una obra representada, nos quedamos con el poso de lo que nuestro espíritu ha visto porque no sólo han visto los ojos. Así pasa con la lectura de un libro.
Dicen que en EEUU, entre los adolescentes, triunfa, o triunfaba, una historia que se llama "El guardián entre el centeno". Holden Caudfield, el protagonista, nos lleva con él al escaparse de su instituto y sentimos tanta pena por él que nos parece todo más real que si fuera real. Wherter, de Goethe impuso una moda en Europa. Y Caperucita Roja nunca morirá.
Al repasar y repasar el tiempo
en que un hombre fue haciéndose cuerdo
tanto insistió en recordar horas pasadas
que poco a poco,
viendo el triste presente al que estaba atado,
se fue volviendo loco.
Decía que los tiempos buenos ya se fueron
y se olvidaba de llenar la olla
de cosas buenas para su sustento.
Tanto pensó y tanta memoria hizo 
de lo que no tenía porque ya pasó
que se quedó sin nada, aunque poco era lo que él tenía.
Se quedó con sus recuerdos 
en medio de la calle
a ver si alguien le prestaba atención
pero nadie escucha lamentos
de lo que pudo haber sido y nunca ocurrió.
El lunes pasado, después de comer, tomar un café prolongado por una conversación amena, me dediqué a mis tareas: novela, blog, lectura, reflexiones... y serían ya las 7 de la tarde, cuando me entraron unas enormes ganas de cambiar de lugar mediante un vehículo a motor si fuera posible.
Pensé en el coche de mi novia pero no sé conducir, pensé en mi bicicleta. Mis piernas no eran suficientes para trasladarme lejos, quería oír en mis oídos, mientras me alejaba, el ronroneo que hace una máquina tragando kilómetros. No podía ser.
Pero las ganas de trasladarme, moverme de un sitio a otro, huir, al fin al cabo, persistían. Pensé en un taxi y en un autobús. Pensé en un pueblo de la sierra cercana. Pensé en la carretera de La Coruña, pensé en descuartizar cien euros en kilómetros pero no hice nada de eso.
Me quedé en casa muriéndome de ganas de distanciarme de mi ciudad por unas horas y escribí una historia que no me consoló de tenerme que quedar quieto como un Tancredo. Echar a andar es lo más duro del caminar.
Amanece y los pájaros empiezan a cantar; los ríos sucios de España van siempre al mar mientras el sol sube que sube al cielo como a un altar. Las gentes esperan al autobús, andan deprisa hasta el trabajo y el cielo ya es azul; el cafelito de la mañana despide su olor amargo y el azúcar que lo acompaña anima a tomarlo.
En el trabajo hay compañeros que nos ayudan y otros que deseamos ver siempre lejos.
La tarea es dura, nunca se sabe que va a ocurrir aunque se está envuelto en el rutina del día día y ya todo parece igual a ayer.
Madrugan las gentes, el pan ya caliente y el jubilado da su paseo; todo es diferente pero el lunes manda obediencia y acaba el deseo de no hacer nada. El domingo es historia y esperamos que la semana pase tranquila, sin incidentes. La abuela está pachucha, el niño da guerra, papá fuma mucho y cualquier día nos dará un susto la abuela, el niño o el papá porque nadie está exento de un accidente cardiovascular o de otro tipo. Al que cuece y amasa de todo le pasa. 

domingo, 15 de septiembre de 2013

En cuanto tenemos edad para pensar en esto de la vida nos sentimos y nos hacemos viejos. "Yo hubiera querido ser...", "Si no cometo este error...", "Si hubiera dejado antes ese vicio..." Las personas que no lamentan su pasado son las que triunfan en la vida precisamente porque su pasado les ha aupado a este presente en el que viven tan felices.
Pero todo el mundo se reconcome y piensa en la tumba que les aguarda y el que tenga menos que perder, más a gusto se extenderá sobre ella.
El sufrimiento es común en el ser humano. Y por ello, también la creatividad que alivia ese sufrimiento.
El que se pasa la vida papando moscas, poco puede decir del mundo y de la vida. El que cambia el mundo cuanto puede, sufre y advierte que el mundo es difícil. Un cambio en el pequeño mundo que nos rodea nos produce satisfacción. Un cambio en nuestro propio ser, nos hace percibir ese mundo de manera diferente. Estos dos cambios se interrelacionan. Si no hacemos nada, nada cambia.
La gran prosperidad depende del cielo y la pequeña, de la aplicación.
Estábamos mi amiga y yo hablando de Francia porque ella había estado en París recientemente. El primer comentario que hacen los españoles de París es que es muy caro. Al decir que un café y el tabaco es caro, para un español ya todo es caro en París.
Francia e Inglaterra y Alemania son las creadoras de la modernidad en Europa. Francia expuso al pueblo los derechos humanos que se habían de cumplir, es la portadora de la revolución por antonomasia. Es la patria de Voltaire y de Rousseau, aunque este naciera en Ginebra. Inglaterra es el colonialismo que abrió las puertas de Europa hacia el mundo. Se puede hablar si esa apertura fue de modo cruel y avaricioso pero hubo esa apertura. Contó con hombres como Disraeli. Londres fue la capital del mundo un siglo entero. Alemania sentó las bases de una industrialización muy poderosa y también gobernó el mundo. Primero fue Bismark y su "realpolitik" pero luego vino Hitler. Alemania se reconstruyó con doloroso esfuerzo y hoy es el motor de Europa. Luego quedó el mundo en manos de la URSS y de EEUU.
¿Qué hacía España mientras? Acrecentar desigualdades, no había acuerdo político alguno, perdimos las colonias. El franquismo. Nos quedamos atrás.
Y ya nos quedaremos atrás para siempre. Seamos el turismo de Europa, ea. Aunque sabemos lo que no somos pero no lo que podemos ser.
Hay quien echa la culpa al euro, moneda por lo demás tan maleable como la peseta y abulta menos; otros, a la ineptitud de un presidente como Zapatero que promovió el derroche, la corrupción y los cargos costosos e inútiles; otros dicen que los políticos roban y no "hay para nosotros" (¡tanto roban!); otros dicen que la culpa fue de la burbuja inmobiliaria creada en el gobierno Aznar, pisos de 20 a 80, alcaldías podridas por toda España, especulación del suelo, la guerra inútil de Irak; otros llegan a decir que si no hubiera tantos coches oficiales habría mucho menos gasto; algunos aventuran que el sistema de las autonomías es erróneo porque las autonomías son otro agujero sin fondo. La mayoría advierte sin duda que España ha hecho crack como en 1898. Hay que crear otra España.
España va así, a golpes de timón que casi hunden el barco pero no es de ahora. La pena es la de vidas y futuros que se llevará por delante la ineptitud al gobernarla, la cleptocracia galopante y tanto gasto que ha habido en aeropuertos vacíos, ministerios de Igualdad y otras aventuras onerosas. Ejecuta las cosas difíciles cuando aún son fáciles.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Las prostitutas tienen el coño aventurero
y lo van ofreciendo por dinero
¡Cuantas habrá que de su coño
 hayan hecho virtud de heredero!
Y hayan heredado de la polla
que gusta de ese hueco interesado
todos los bienes que han disfrutado
en esta vida dura y larga
como el palo de la escoba.
Porque hay mujeres que todo lo hacen por amor
y se juntan con el enamorado
pero el enamorado no tiene ni una pela
y cebollas y pan tocan
para el resto de su amor empobrecido.
Mírala por donde va toda vestida de pieles
y detrás el que las paga
porque el que paga bien que se la mete
y ella se aprovecha de la polla y de la pasta
y ya no sabe decir decir basta
mientras su coño y su palmito no decaigan.

En cuanto a mi teoría del acabamiento, decía que la circunstancia misma de probar el sabor de la muerte o saberse uno que acaba y verlo en todas las cosas de la vida (siempre se pone de ejemplo, muy literario, de una flor pero hay miles de cosas en las que fijar esa idea de que todo se acaba y además, cambia antes de acabarse). Digo que esa circunstancia atroz de que todo se acaba hay que salvarla de algún modo. Lo más común es tener hijos que continúen nuestro propio ser.
Pero la forma más importante es que nuestra obra, nuestro pensamiento perdure de algún modo.
Hay una canción que dice: pasa la gloria, pasa la gloria y de nuestra obra ya no queda ni la memoria, a pesar de toda nuestra soberbia.
Somos flores, vivir es caminar breve jornada, según Quevedo. Exprimamos al máximo el tiempo que nos toca vivir, hagamos grandes obras, seamos unos genios, que lo que digamos hoy lo digan nuestros bisnietos mañana. O sufrir largo, o morir joven. Sueña el que a vivir empieza.

lunes, 9 de septiembre de 2013

No he leído la novela "El proceso" de Kafka pero me hago una idea de lo que cuenta en ella por el título de la misma y por el carácter atormentado de este escritor.
Cuando el destino de una persona depende de haber escrito o no un papel del que él no tenía conocimiento o de una llamada de unas instancias de las que esa persona no sabe ni su carácter ni su función pero llamada a la que tiene que dar una respuesta por absurda que sea, el destino de esa persona cambia, se agría, se malhumora porque su destino depende de unos papeles.
Así pasa a veces en la vida: un papel la condiciona de tal modo que la neurotiza ese maldito papel porque no sabemos rellenarlo porque no sabemos entenderlo porque no nos damos cuenta tan siquiera de su importancia.
A veces está en juego los estudios, el futuro de la propia existencia, cuando no la propia vida depende de un maldito papel y de un maldito proceso diseñado por la administración, ese monstruo que crean los estados.
La situación es la siguiente: si no consigo matricularme en Filología Inglesa, me tendré que conformar con mi novela por todo entretenimiento y mi novela, hoy por hoy, no hay por dónde cogerla. No hay por dónde cogerla porque he cambiado un montón de cosas en ella y más que quiero cambiar pero no sé cómo hacerlo.
La novela se presenta como una masa informe.
Mi matriculación es otra masa oscura de la que no veo cumplimiento.
He de trazar un plan para las tardes de 4 a 6.
Mi novela no debe ser un impedimento cuanto un entretenimiento con el que crear pero necesito orden.
Quizás la solución primeriza sea escribir las ideas que tenga sobre mi novela antes de llevarlas a cabo.
Crear es difícil porque todo lo que se crea es moldeable, cambiante y sujeto a obligaciones que impone la propia creación para que esta se ajuste a la redondez, a la perfección.
Tanto crea la burocracia que ni la burocracia sabe lo que crea. El 24 de Abril yo escribí una solicitud contando mi caso en el "expone" y pidiendo lo que yo quería en el "solicita" a instancias de la secretaria. Ni el "expone" ni el "solicita" fueron atendidos de ninguna manera. Esa solicitud debía llevarse a un registro, exactamente a registro de filología pero este estaba cerrado. Había un cartel diciendo que en caso de estar cerrado este registro se llevase la solicitud a registro de Historia, que también estaba cerrado (me dijeron los bedeles que el registrador llevaba sin venir la tira). Por fin encuentro un registro, auxiliar, de filosofía y lo entrego. No me contestaron a la solicitud, ni por correo electrónico ni por teléfono. Llamé yo a principios de junio y me dieron unas instrucciones confusas.
Ahora resulta que entregando yo otra solicitud en el registro de filología, me contestan por correo electrónico que yo debí hacer una solicitud de otro tipo y que el plazo de admisión de esas solicitudes expiró el día 15 de Julio. Total, que no me puedo matricular del curso que yo quería.
Si me hubieran contestado a mi solicitud del 24 de Abril, otro gallo me hubiera cantado. Ahora, a ver si hay alguna posibilidad de matricularme.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Voy a exponer mi teoría del acabamiento, teoría, por lo demás, comprobable por cualquier ser mortal en un grado más o menos sentido o vivido o comprendido.
Se trata de lo siguiente: durante nuestra infancia no somos conscientes en plenitud de lo que nos rodea; voy a decir que en esa época de nuestra vida vemos la realidad de forma infinita, no vemos límites por ninguna parte ya que los estamos descubriendo.
Cuando pasa esa época, empezamos a darnos cuenta de los límites de la vida; de que en la vida, todo se acaba de una forma u otra; vemos lo feo, empezamos a aburrirnos de las cosas, somos conscientes de que el tiempo pasa no siempre jugando, como hacíamos de niños, sino que pasa de otro modo ajeno a nuestra voluntad y nos deprimimos. Sabemos que el tiempo se nos acaba y notamos el sabor triste de la muerte por primera vez.
Eso es lo que yo llamo el acabamiento, esa sensación que nos roba la plenitud de niños y nos hace adultos limitados, conscientes de la cortedad de la vida y de la infinitud de la nada tras nuestra muerte. Y eso nos nos deja vivir y a eso hay que darle respuesta.
Hay veces que paseando por la Gran Vía de Majadahonda, ciudad en la que vivo, me encuentro con un amigo que me cuenta cosas de su finca en un pueblo de Cáceres y también me cuenta cosas sobre su modo de vida.
Este amigo es un gran trabajador: un día estuvo repasando conmigo en todos los sitios en que había trabajado y han sido muchos. No sé qué estudios tendrá pero tiene mucha pasión por los libros de historia, de filosofía y de otros temas que le inquietan y que él trata de la manera que puede, leyéndolos y sacando sus conclusiones.
Últimamente trabajaba en la construcción y como eso se ha venido abajo, ahora trabaja en la limpieza de la ciudad.
En su finca, da paseos por la naturaleza y le gusta hacerlo solo para entender la fuerza de la naturaleza y sentirse bien en ella. Da largas caminatas por gargantas y bosques y planta árboles.
Se ha leído últimamente el Bagabad Gita, libro sagrado hindú. Ese libro invita a separarse del materialismo de este mundo y alcanzar la bondad, supremo bien. Nadie diría que este amigo tuviera esas profundas lecturas pero las tiene. Podría tomarse a este amigo por un extravagante, que algo lo es, como todo el mundo, pero es un conocedor de asuntos y cosas dignas.
Será la llegada del otoño, al que nos estamos acercando; serán unos nuevos ojos con que mirar la realidad; será la falta de acción, será lo poco importante que son todas las cosas que hago, el hecho es que siento cierta ansiedad, cierto abatimiento, cierto no saber qué hacer con las horas que llegan un poco intranquilas y desconocidas.
El verano ya pasó.
Las horas en las que daba igual hacer que no hacer, pensar que no pensar se han acabado.
La crisis sigue ahí, como el dinosaurio de Monterrosso, esperando a que nos incorporemos de la siesta y que al abrir los ojos nos dé un buen susto, ese maldito dinosaurio que no cambia nunca.
Quizás el dinosaurio sea producto de nuestra propia torpeza o nuestras propias flaquezas, el caso es que no se va, aguarda pacientemente a que abramos los ojos y nos empiecen a sudar las
manos lenta e inexorablemente. La angustia es el dinosaurio, la poderosa angustia que empecina el vivir.
Ser una bendición para sí mismo no es nada fácil.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Cuando miro a la juventud de ahora, más echo de menos la mía porque la veo más interesante aunque ya haya pasado.
De juventud hablo de los veinte a los treinta y yo era más activo, más divertido y más culto que toda esta gente que se arrastra por las calles y los bares pendiente de un móvil y diciendo estupideces.
Recuerdo los fines de semana en el pueblo cuando me daban las siete de la mañana, exhausto de bailar y reír a mandíbula batiente, los partidos de fútbol, los kilómetros en bicicleta, las horas de estudio y lecturas y sobre todo los amigos, los incontables amigos entre los que no mediaba un telefonito absurdo ni había tanta realidad virtual. La realidad estaba en la plaza donde nos escojonábamos de todo.
Yo fui muy crítico con la realidad que me rodeaba. Todos mis escritos de aquella época empezaban y terminaban mal porque no me gustaba cómo era la sociedad. Era una manera de ver el mundo cuando estaba conmigo mismo. Con la gente, disfrutaba de él. Ahora quizá mucho se basa en culminar caprichitos absurdos y no en disfrutar de las personas. Juventud divino tesoro, que te vas para no volver, cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer.
El sol bruñe espadas en el mar y en el río,
espadas de luz, soles y agua.
Desde el barco se ve una ciudad
envuelta en el viento de los mares.
Cádiz y sus palomas vuelan al aire,
la catedral, las torres y el cielo tan alto
se están llenando del fulgor del mar y el azul
para que mis ojos nuevos se asombren
y diga mi cabeza, reciente y alegre también:
¡Qué bonito es Cádiz! ¡Qué luz la asiste!
En las calles de Cádiz nadie es infeliz
porque el mar, la brisa y la hora
tocan hondo el corazón para que sueñe.
He abandonado el mar hace dos semanas y ya lo añoro otra vez. Esa fuente de riqueza, de salud y de solaz se hace mucho de querer por mí. Lo paso bien al lado del mar. Mi cabeza, como si la llenaran de aire, fluye más imaginativa, más libre en la costa, con esa masa azul fresca y olorosa a resaca cerca de mí.
Mi cuerpo parece más libre también cuando me dejo mecer por el acunamiento que supone estar en una playa, el masaje de la masa marina balanceándome, hamaqueándome, dentro de las aguas como un moisés encantado de haber nacido.
También noto aquí, tierra adentro, el deseo de volver a sentir ese rumor especial y esa brisa que me enfría las sienes cuando se está en un pueblo costero y se pasea dulcemente por la orilla del mar.
Pero hay que esperar otro año quizás, en mi mente la idea de comprarme un pisito al borde del mar, no tan al borde que vaya a saludar por la terraza y me caiga dentro, al reino de los pulpos y el boquerón. Todo se andará. Todos los ríos van al mar,  pero el mar no se desborda.
Mi grupo de amigos ha establecido crear un pequeño club de lectura que ya veremos si prosperará.
Al principio todos pensamos en proponer un libro no muy extenso de páginas y luego opinar sobre él todos juntos en un bar. Pero eso suponía ponernos de acuerdo en qué libro fuese, cómo obtenerlo o si iba a gustar a todos en general. Entonces decidimos que cada miembro del futuro club tenía que escribir una lista de 20 libros leídos y luego hablar sobre los mismos. Es una tarea más fácil y quizás dé más juego. Nos hemos propuesto quedar este domingo y enseñar nuestra lista. Me parece que al final, el club sólo cuenta con cuatro miembros y no sé cuál será el grado de concentración e interés en esta actividad descrita.
Supongo que para que haya un orden de análisis y comentario de las novelas habrá que partir de contar el argumento al miembro o miembros que lo desconozcan; luego se hablará de los personajes y del estilo. Después, los comentarios serán libres. Espero que funcione y tenga éxito la ocurrencia. Nos divertiríamos. Todo lo nuevo place.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

"Hay mil maneras de ver el mundo pero sólo vale la mía". Esta es una afirmación que puede ser válida porque uno solo vive la vida y sólo su criterio tendrá valor a la hora de tomar decisiones sobre la misma, disfrutarla, incluso deprimirse en ella si a ello nos empuja nuestra visión de lo que vivimos.
Pero para eso están los demás, que nos provocan envidias que pueden ser fructíferas en nuestro ánimo o  esos que nos rodean pueden hacer, por sus vivencias o su sabiduría, que recapacitemos sobre nuestro punto de vista sobre el mundo y actuemos de otro modo en él.
Aunque hay cosas que sólo puede hacer uno mismo por ayudarse y nadie nos va a dar más que míseros consejos antes de que demos el paso decisivo para resolver eso que nos está jodiendo, salga el paso mal o bien y nosotros, y quizás otros más, arrostremos la consecuencia de ese paso dado. Si no damos ese paso, ¿de qué vamos a estar orgullosos alguna vez?
Hay gente que se conforma y hay gente que quiere la luna. La visión de la vida de ambos no coincide pero puede ayudar la una a la otra a completar la percepción de las cosas. Lo dulce se encuentra en lo amargo.
Cuando uno tiene tranquilidad de ánimo, le dan igual las cosas que le rodea; no ansía nada, nada le preocupa. Simplemente vive y parece que va como empujado por la vida.
Si tiene algún deseo lo pospone o va intentando hacerlo realidad pero sin prisas ni atropellamientos. Ya vendrá.
La verdad es que cuando se está tranquilo, casi se lo pasa uno sin desear nada, nada más que permanecer así, sosegado y sin prisas, sin brusquedades en su rutina, atento a ella para que ella dé la respuesta a la vida.
Comer, hacer lo de casa, pasear, recordar las vacaciones, ver a los de siempre: solamente eso nos sacia. Estamos a gusto con todo, incluso con nosotros mismos.
Pero esa temporada pasa, como todo lo humano y llegan problemas, ganas de hacer cosas que no se pueden cumplir quizás y otros elementos perturbadores a la puerta de tu casa y ese estado de inacción leve y mansa se vuelve rebelde y oscuro.
La suerte se aleja de quien demasiado aspira. 
El calor furioso de agosto ha dado paso a un fresquito que dura toda la mañana y se prolonga por la tarde. Hace unos días yo vine de vacaciones, de ver otras ciudades, de bañarme en el mar. Pero el deseo que más perdura en mi mente es esa lengua civilizadora de asfalto que comunica Madrid con La Mancha y luego con Andalucía. Me lo pasé muy bien en el camino, en la carretera haciendo kilómetros.
No dudaría en hacer esos kilómetros otra vez aunque fuera simplemente para volverme. Pero no sé conducir.
El relax que me produjo la playa, la sensación de plenitud y bienestar al pasear por Cádiz, con esa brisa que también bañaba mis ropas y mi cuerpo y esa luz tan poderosa que tiene esa ciudad no se iguala con la sensación de ver campos y campos, pueblos, ciudades a lo largo de la carretera.
Parar aquí y allá sabiendo que aún queda más por ver es muy bonito. Una buena huida vale más que una mala espera.
Me estoy leyendo un libro que fue muy famoso en su día y que se llama "Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo". Su autor es Allen Carr, un ex fumador que se fumaba cien cigarrillos al día.
Hay quien afirma que sólo con leerlo, hubo fumadores que dejaron el vicio. A mí, por lo menos, me ha metido el deseo de dejarlo, no sé si al término de la lectura lo dejaré. La primera vez que lo leí, no pasó nada, seguí fumando. Si consiguiera este libro que yo dejara de fumar, no habría leído un libro más útil y más revolucionario en toda mi vida.
Cuando leí "La ceremonia del adiós" de Simone de Beauvoir, también sentí deseos de dejar de fumar y lo intenté pero no pude. Este libro habla de los últimos días de Jean Paul Sartre, cómo su cuerpo se destroza por el tabaco y la bebida, además de por la edad.
Allen Carr habla en el libro citado del "lavado de cerebro" al que estamos sometidos los fumadores. Son ideas equivocadas que nos hacen pensar que no soportaríamos dejar de fumar: el stress, actividades a las que asociamos el cigarrito, etc. Allen Carr dice, sin embargo, que el enganche químico a la nicotina es muy leve y nos sorprenderíamos de lo fácil que es dejar de fumar si no fuera por ese lavado de cerebro.