domingo, 11 de agosto de 2013

Tengo una teoría que afirma que es feliz el que no se da cuenta de nada. Conozco gente feliz que son unos completos inconscientes. Porque, si miramos un poquito a nuestro alrededor, ¿que vemos? Niños que se mueren de hambre, guerras que no acaban, vecinos que van al comedor social y bares que se cierran.
En agosto, en mi ciudad, se produce una desbandada general de gente que deja las aceras huérfanas, la gran vía inhóspita y los pisos cerrados a cal y canto. Y yo me quedo en medio de este desierto de esquinas y parques.
¿Y eso es bonito?¿Cómo quiere el fiel lector de mi blog que yo esté contento y feliz?
El lector de mi blog es precisamente un sobrino mío que ha tenido la paciencia de leérselo entero. Si yo destilo tristeza por algo será. A mí la vida no me ofrece nada bonito.
Yo, ahora mismo, me conformo con un baño en el mar. Pero las malditas circunstancias me tienen atado a esta puta meseta manchega de mierda.
Dice un refrán: los pensamientos no pagan impuestos. Pensemos gratis pues.

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