jueves, 30 de mayo de 2013

Para que todo fuera del todo arrabalero y literario, el tipo entraría en un supermercado y compraría unas sardinas y una sepia y se iría a casa a preparar la sepia y luego se enfundaría el chándal y se iría a correr por la ciudad ensayando golpes con los puños apretados tipo Rocky Balboa y haría flexiones en un parque ausente y triste como son los parques de las ciudades y los tipos así de ciudad pero desclasados y pobres y olvidados de la gente.


Pero no era el caso.

Este tipo era querido

le quería su madre que no falleció

le quería una novia que tenía los ojos verdes

y aunque no trabajaba por una dolencia mental

no le hacía falta levantarse a las cinco de la mañana para demostrar que 

era fuerte

y la gente se le quedaba mirando
cuando daba esas potentes zancadas 
de atleta de arrabal.

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