lunes, 22 de enero de 2018

De nada sirve pensar que llevamos una vida insulsa si no hacemos nada. He estudiado en Psicología que si tenemos unas actitudes diferentes de nuestra conducta, se produce un hecho que se llama disidencia y crea malestar psicológico. A mí me gusta conocer gente, tengo una actitud positiva a la gente pero no conozco mucha. Si mi conducta no va en ese sentido, conocer gente, tendré malestar psicológico por disidencia. Mi disidencia provendría por omisión ya que no hago cosas tendentes a conocer gente. Puedo disminuir esa disidencia justificándola, diciendo que la única vía de conocer gente es internet, cosa que a mí no me gusta. Pero puedo incidir en mi incoherencia actitud/conducta si pienso que los viernes y los sábados no salgo. Y eso es culpa mía.
La conducta parte de una necesidad o motivación y la disidencia se plantea como una motivación como puede ser el hambre, el sexo y otras necesidades más palpables.
El malestar psicológico que produce la disidencia hace que cambiemos la conducta para aplacar ese malestar.
Creo que un viernes me decidiré a ir a Madrid si ese es el medio de conocer gente, hecho para mí fundamental en esta vida que llevo.

viernes, 19 de enero de 2018

Habría que definir en qué consiste una "encrucijada vital". Yo creo que es cuando estás en la vida que no vas ni para arriba ni para abajo, que estás siempre en un sitio de una existencia pobre. Así que el que está en medio de dos caminos y no tira para ninguno de los dos, está quieto, está en potencia siempre y no gana ni pierde.
Pero la monotonía que supone estar siempre lo mismo incomoda la vida.
Y se buscan soluciones en la mente y el deseo que pasan por pensar si el conocimiento de otra persona, de otro lugar o de un acontecimiento vaya a cambiar ese estado de cosas.
Es como en las novelas en las que ya se ha hecho la introducción del personaje y el lector quiere que pase algo, el conflicto.
Yo no tengo conflicto en mi pasar de los días.
¿Quién o qué procurará en mi vida un conflicto del que se siga una acción determinada? No lo sé. Quizás, hasta que me muera, estaré en esta encrucijada vital en la que nada pasa, en la que nada trasciende.
Si me quejara, haría mal, pues hay otra gente que vive peor vida que yo. Pero todo en esta vida es subjetivo y sujeto a juicio y si yo no me siento feliz, por algo será.

La vida es eso que pasa o que nos pasa.


jueves, 18 de enero de 2018

He creado un personaje que es igual que yo. Y ya he contado su malestar existencial y su rutina. Me falta buscarle una novia antigua con la que ha cortado pero sigue viendo y es como una rémora sentimental. Y después, ya no sé qué contar de él, como no sé contar más de mí en este blog, solo que me siento incompleto y cosas así. Pero mi personaje no puede estar incompleto existencialmente hablando y necesita un conflicto que le haga salir de esa situación rutinaria que también es la mía. Si yo no puedo sustraerme a la vida que llevo, mi personaje sí que podrá. ¿Y cómo lo haré? Pues por medio de un viaje o una mujer.
O quizás la solución sea metafísica, o sea que mi personaje cambie de actitud y vea la vida de otro modo. Pero para eso se necesita un cambio. ¿Qué cambio va a operarse en mi personaje? Pues no lo sé, pero deberá vivir la vida que él merezca, no una de tres al cuarto como vivo yo.
Mi personaje es bueno, es sencillo pero está atribulado por una sociedad que no entiende y una vida que no le satisface. ¿podría una mujer cambiar este estado de cosas? No sé. Probaré a inventar otro personaje hembra a ver qué tal.

La literatura es invención pero se sujeta en la realidad.

miércoles, 17 de enero de 2018

Si hubiera ligado con aquella chica, si hubiera ido a París a vivir, si me hubiera hecho pintor, si hubiera aprobado aquel examen, si me hubiera tocado la lotería. Tantos hubiera hay en la vida que no merece la pena enumerarlos. Lo importante es que si estamos vivos podemos disfrutar de un futuro sin hubiera si nuestra voluntad nos asiste. Y la suerte. Y la casualidad. Todo se junta en el horizonte para que nos levantemos siempre con la idea de que tras ese horizonte hay algo más bonito que el presente que vivimos si ese presente no es todo lo bonito que nos merecemos.
Por otro lado, cada uno de nosotros somos buenos en algo, se nos da bien algo con lo que disfrutamos. Al Don Juan, se le dan bien las mujeres, y habrá mujeres a las que se les dé bien los hombres. A los poetas, se les da bien los versos. Y a los que pasamos por allí, se nos da bien la vida, si es que la sabemos vivir. Yo espero algo del futuro y no sé qué es que me haga pensar que la vida que llevo cambiará para bien. Cifro todo bien en el futuro quizás en una mujer, no sé muy bien. Quizás el descubrimiento de algo, el hombre no hace más que descubrir desde que nace, me haga ver algo más que este camino que llevo todos los días. Quizás en esta rutina que llevo salga algo que ignoro, que está por debajo, latente y salga a la luz y me dé una sorpresa.

En el camino hay paisajes; en el destino, una plaza.


lunes, 15 de enero de 2018

Hoy me he levantado a las 8 y media para estudiar Psicología. Es apasionante estudiar esta disciplina ya que instruye sobre aspectos de la persona y de la sociedad y su evolución. Yo no sabía que la teoría de la evolución tuviera tanta importancia como para explicar la realidad biológica del ser humano y que la genética nos defina tanto en la conducta y en otra serie de cosas.
Estudio Psicobiología y Psicología social. La primera es bastante difícil pues engloba genética, evolución y la estructura del sistema nervioso.
La segunda es más atractiva. Ver cómo el ser humano se incorpora a grupos que le definen su conducta y su valor como persona es interesante. Aunque yo creo que en la sociedad en que vivimos todo está muy atomizado y los grupos no son muy numerosos sino que hay grupos de dos y de tres miembros que están más o menos aislados.
La sociedad a la que vamos es en extremo individualista y, pasado el proceso de socialización, viene la soledad del individuo, cuando han pasado ya los años de haber encontrado o no pareja.
Yo pertenezco a un grupo de personas con mi misma enfermedad pero los lazos que nos unen no son muy profundos.

sábado, 13 de enero de 2018

Hoy ha sido un día bonito porque ha nevado. Los copos transitaban el aire hasta disolverse en el suelo con toda la mierda que hay en él. Los cafés estaban vacíos porque la gente se quedaba en casa mirando por la ventana cómo caían esos trocitos de hielo blanco y dulce como un susurro frío. La gente tenía miedo de caerse en la calle, tenía miedo del frío que se cuela por la piel un día como estos. Yo tenía un acontecimiento con unos amigos (ver una película en el cine) pero ante tanta adversidad atmosférica, he decidido quedarme en casa y así, encantado y calentito, he visto cómo nevaba sobre la tierra negra, asfaltada, de la ciudad.
He mirado en internet temas sobre la guerra civil española, sobre los republicanos, que la perdieron, y sobre la terrible dictadura que masacró a esos vencidos.
No ganaron los que legalmente estaban en el poder sino aquellos que se dejaron llevar por la jauría que azotaba Europa esos años, esos años de extremismos y odios acérrimos. Odios religiosos, odios políticos, de clase, de raza. En fin, asquerosos odios que llevaron al peor desastre de la historia de España y también a Europa.

viernes, 12 de enero de 2018

Había algo en la novela "El tedio" de Moravia que me gustó mucho. La acción avanzaba según avanzaban también las reflexiones del pintor que gozaba del amor de aquella chica. Quizás fuera eso lo que me gustó. Pero he leído otra novela que me ha conmovido literariamente en gran manera. Esa novela ha sido "El idiota" de Dostovieski. ¿Cómo consigue el autor ruso mantener nuestra atención de tal modo que lo único que se cuenta es sobre la forma de ser de un personaje central que no pareciera tener tanta importancia? "El tedio" se titula así quizás por el aburrimiento del protagonista y la falta de sentido de su vida y de su amor por la chica, lo que le hace vivir en un estado de eterna reflexión sobre lo que hace. En "El idiota", lo que hay es una serie muy grande de conversaciones en las que se desarrolla el carácter raro del protagonista y una acción dada en dosis muy pequeñas con respecto a esas conversaciones. La mezcla de poca acción y reflexiones en la primera novela y las conversaciones en la segunda es lo que hace que se mantenga una intriga grande en las dos.
Una vez oí hablar a Gabriel García Márquez de la importancia del estado hipnótico que hay que producir en el lector mientras lee la novela. Ese estado hipnótico se procura mediante la intriga y el lenguaje a la vez. Dostovieski consigue que las páginas pasen sin darse uno cuenta, consigue ese estado hipnótico en el lector y Moravia también lo consigue. Luego leí "El conformista" pero allí no se consigue tal estado hipnótico, esta novela no llama tanto la atención del lector como "El tedio".
Las novelas que son como un hilo invisible que va tirando de ti son muy buenas, consiguen la abstracción lectora de un modo irreal, consiguen que no te apartes del hilo narrativo nunca. La experiencia de leer esos libros es muy gratificante ya que el lector olvida su vida y vive la del libro.
A mí me gustaría escribir una novela con estas dos condiciones: intriga que va avanzando muy lentamente y lenguaje que atrape al lector desde la primera línea. Márquez, en "Cien años de soledad" acaso consiga con su lenguaje este ritmo hipnótico pero el tema que trata (la vida fantasiosa de una familia en la selva) a mí no me acaba de gustar. Me gusta más la novela centrada en un solo personaje sobre el que se atraen más personajes o conversaciones o reflexiones que nos hacen pensar.