miércoles, 15 de noviembre de 2017

Ahora resulta que los que están en la cárcel o huidos se pueden presentar a las elecciones. Será legal pero es inmoral. Gente que se ha saltado la Constitución que nos hemos dado todos los españoles, que han roto la convivencia y la libertad de los catalanes y los españoles no merecen capitanear ningún partido democrático.
Hay pocas matriculaciones de coches en Cataluña, poca venta de pisos, poco negocio: se lo han cargado esos brincapesebres rascanalgas ablandabrevas.
Tengo ganas de acabar pero no sé cómo así que lo haré en forma de adagios:
Se fuerte, pero con el fuerte.
Échate al camino y empezarás a ver.
Que el mundo no te asombre: siempre ha sido así.
Come fruta, come carne y piensa en la suerte que tienes de comerlas.
Si te invitan, accede, pero piensa tú en cómo agradecer.
La violencia escandaliza. No seas violento.
Hoy he ido a la asociación para enfermos mentales de la que soy un miembro. Unos de los amigos de allí están haciendo un libro juego para que se sepa mejor qué es la enfermedad mental y se nos tenga más en cuenta. Yo he escrito un fragmento sobre un trabajo que tuve, muy efímero, en una heladería.
Por otro lado, las cosas parece que se esclarecen o por lo menos no son tan obsesivas. La calma vuelve a su lugar y espero que la rutina vuelva a surgir en mi mente para que esté tranquila.
Estudio Psicología para aprender, no para aprobar nada ni sacarme un título. Procuro leer de los libros y darme cuenta de cosas que desconocía, nada más.
Italia no se clasifica para el mundial. Es una pena pues la selección azzurra daba mucho juego en los mundiales. Esto puede servir de lección para que se espabilen y vuelvan a resurgir como campeones que son.
En Roma hay muchos gatos y gatas que se pasean por el Coliseo. Y muchas lindas italianas que da gusto verlas.
Las pizzas napolitanas son muy ricas y Alberto Moravia veía un enorme coño en la pizza de queso que se funde y da gustito como un gatita en celo.

martes, 14 de noviembre de 2017

Cuando me hice novio de una chica que ahora es mi amiga, la invité a pasar un fin de semana en Toledo en un hotel bastante lujoso (no sé cuánto de lujoso). Llevaba yo unas canciones en mi mp3 que estuve oyendo allí, en esa ciudad tan antigua. Oí "Change the World" de Eric Clapton mientras contemplaba a esa chica sentada al borde del río Tajo. Oí "Me llaman calle", en la habitación del hotel, mientras contemplaba a esa chica que no me conocía apenas ni yo a ella. Por eso era tan idílico todo. Luego llegó el conocimiento y las envidias y las traiciones y las confianzas asquerosas. Y yo, el lunes siguiente a ese fin de semana, oía en el cercanías "La piragua de Guillermo Cubillos". Yo era otra piragua que iba y venía. Ahora todo es más sucio.
Todo se ha ensuciado de celos, manías, pequeñitas cosas que lo han inundado todo.
Ahora no soy profesor, no sé si soy escritor y esa novia es amiga. Y no encuentro la manera de encontrar un amor.
Hace ya veinte años que mis profesores me advertían que España se está desertificando. Yo no entiendo de trasvases de agua de los ríos pero me da que se abusa de esas cuencas para regadíos, que se pierde mucha agua por codicias particulares. No llueve. Desde hace diez años suele llover una vez al mes y en trombas. Los suelos pierden nutrientes, los bosques se calcinan por el calor intenso de los veranos o se los quema por intereses urbanísticos. Habrá un año en que empiece a llover de veras.
Por lo demás, estos días de sol dan para beber cerveza, charlar en las terrazas, pues no hace excesivo frío, y estar en la calle. Los inviernos son cálidos cuando me contó una profesora que los inviernos de la meseta suelen ser duros.
Esto influye mucho en la gente, que se cabrea por este sol inmisericorde que luce todos los días del año.
Este azul del cielo que no se quita de la vista trae al alma demasiado ansia de plenitud que luego no se cumple.
Estos días secos y soleados traen pena a la mente del ciudadano, que no ve más que el polvo de los árboles, el polvo que se pega a las plantas, la luz que hiere sus ojos sin compasión.

Me estoy leyendo "Chavales del arroyo" de Pier Paolo Pasolini. Lo que me gusta de esta novela es que todo ocurre muy deprisa, va al ritmo de unos adolescentes que se buscan la vida. No sé mucho de Pasolini. No he leído mucho del neorrealismo italiano porque no está en las bibliotecas que yo frecuento. Pratolini, Pavese, etc no están o yo no los veo. Sí me leí unas novelitas de Italo Calvino sobre una edad media idealizada. Eso fue la Navidad pasada. Me gustaron mucho. El aristócrata que se sube a los árboles. El guerrero demediado. El guerrero invisible. Estuvieron muy bien. También leí "El tedio" de Alberto Moravia, que me pareció un ejemplo de estilo. La literatura italiana es muy buena. Los escritores se comprometen con la realidad y la cuentan.
Por lo demás, hoy va siendo un día para olvidar aunque sea mi cumpleaños. Además, yo no doy importancia al día que cumplo años. Nunca lo he dado. Lo veo una estupidez celebrar nada. Mis padres me acostumbraron a que este día pasase tranquilo y sin alharacas. La vida pasa, es lo único cierto en todo este pandemónium absurdo en que vivimos en que nada es lo que parece.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Esta mañana, antes de despertarme,
he sentido frío.
Era el anuncio de la soledad 
que vino conmigo todo el día.
Anduve por caminos, me senté en un banco.
La derrota era grande.
Llegué a casa y no había calor.
Mi corazón latía como las cabinas de teléfonos, como los condenados tristes, como la fealdad del mundo.
Hice algo de cena y empezó a darme miedo mi cama.
Vi la televisión y me horrorizó el delirio de los hombres.
Cuando ya estaba envuelto en mi manta, sentí de nuevo frío.
Mi corazón estalló en una locura atrasada.
No dormí. Mis dientes roían mi miseria.
Llegó la luz del día y yo no estaba.
Todo el que sufre una mala dosis de soledad y le intoxican el corazón con desprecio lo pasa mal. Pero está el sentido común para llevar ese desprecio y ese aislamiento hasta que sabes aguantarlo. Entonces te comportas como un hombre o mujer solitaria que sabe que no existen los amigos y los que has conocido solo estaban contigo por un interés o te querían mucho menos de lo que pensabas. Y sacas una lección dura de aprender porque pertenece a la asignatura de la vida que es la que nos pasa a todos desde que dejamos el colegio.
Y aprendes. Y una vez que aprendes solo dejas acercarte a tu corazón a aquellos que dan algo, no que piden. A aquellos que quieren escucharte, no darte gritos y confundirte. A aquellos que no son como los que has conocido sino otros, los que algún día, o una tarde de invierno puedan hacerte feliz de alguna manera sin pedir nada a cambio.
Y distinguiendo así entre la morralla de la vida y lo que merece la pena que es lo que está al lado del corazón, no rondándolo como un lobo que es lo que es un hombre para otro hombre.
Y sabes ya defenderte de los que vienen con mentiras y codicias y con palabras halagadoras que no valen nada.
Y es como si hubieras nacido de nuevo.